Sacheri, Sasturain y los otros
Feb. 20 , 2010
Publicado en La Tercera, 20 de febrero de 2010
Debo la experiencia de estar leyendo a Eduardo Sacheri a dos amigos. Hace un par de meses, Alejandra me entregó el librito de un argentino que no había hecho demasiado ruido: Te conozco, Mendizábal. Coincidentemente, en esos mismos días, el bueno de Scanone me confesaba haber leído los mejores relatos de fútbol de su vida: "¡Los mejores, lejos!", enfatizaba. Esos relatos son los que integran Esperándolo a Tito y otros cuentos de fútbol, libro que leo en este Sur con olor a leña y lago.
Si no digo que son los mejores cuentos de fútbol que he leído es porque respeto mucho a Soriano y Fontanarrosa. La virtud de Sacheri es que ve más allá del episodio futbolístico que da pie a la historia. Reinventa el fútbol como el territorio de las lecciones de vida. Ocurre en De Chilena, donde un volante hace frente a una enfermedad terminal; ocurre en Esperándolo a Tito, donde un grupo de amigos de la infancia espera el arribo salvador de un crack para dejar de ser humillados por los rivales de siempre.
Me gusta lo que escribe Sacheri. Me gusta su mirada y cómo se asoma a los misterios humanos a partir de la ventana del fútbol. Me gusta tanto como Juan Sasturain, otra pluma insigne que ha derramado tinta en favor del balompié repasando, por ejemplo, la historia de Argentina en los mundiales, páginas que dan vida a La patria transpirada. Me gusta también el estilo de Arel Scher y sus columnas en Clarín.
Digo esto para aclarar que no me anima ninguna odiosidad hacia nuestros vecinos. Muy por el contrario, los admiro profundamente. Pero con Fernando Niembro, uno de los dos comentaristas que FOX acaba de relevar de su señal para Chile, me pasa algo raro desde que hace unos años me llamaron para hacer un enlace radial con una emisora argentina. Ahí, Niembro postulaba, creo que a partir de un incidente por Copa Davis, que todo se debía a que no había chileno que no sintiera envidia de los argentinos.
No recuerdo con exactitud qué fue lo que dije. De seguro una frase que echaba por la borda la tesis de Niembro. Aunque íntimamente pensaba que sí, que los envidiábamos profundamente: a sus escritores, sus librerías, los cafetines, las avenidas, sus ñoquis, el dulce de leche, la cerveza Quilmes, sus bares, el cine de Aristarain y Campanella. Pero a diferencia de lo que sostenía Niembro, lo que nacía de ahí no era el odio ni el resentimiento, sino admiración pura.
Yo no sé qué le habrá pasado a él, o a Mariano Closs (el otro desafectado), con Chile. No sé si se habrá indigestado con mariscos sureños o le incomodará que el jugo de la empanada le corra por el brazo. Tal vez, para la mirada del fútbol que ellos tienen, les acomoda mucho más el Chile de antaño, el que jugaba arropadito bajo el lema de que no hay mejor ataque que una buena defensa. No sé, de verdad que no sé.
Lo cierto es que me alegro de no volver a verlo (aunque siempre existía la libertad de cambiar de canal o ponerlo en silencio). Quizá lo único que sigo echando en falta es que a la pantalla lleguen los Sacheri, los Sasturain, los Scher, capaces de contarte el fútbol como si fuera un cuento.





Posted by f.campos12 on February 20, 2010 at 02:54 PM CLST #
Pero, no nos equivocabamos cuando por talla te llamavamos Cabezon...ja ja ja.Grande Marcelo.
Saludos
Posted by rafael on February 20, 2010 at 06:22 PM CLST #
No he leìdo los autores que tú señalas, sino que solo a Benedetti que trae entre otros cuentos uno del pesado e inconsecuente de Valdano. Como ves no todos sentimos admiración, tampoco es envidia. Si Santos Dischepelo escribiò el tango Cambalache, por algo será. En todas partes se cuecen habas... Hoy estuvieron hablando una hora sobre las bondades de Palermo junto a sus panelistas y el mismìsimo "Bambino" Viera, otro que tambièn se las trae (o trajo). Atte., un talquino
Posted by carlos collado lizama on February 22, 2010 at 10:44 PM CLST #
Posted by Christian on February 23, 2010 at 03:30 PM CLST #
Posted by Christian on February 23, 2010 at 03:33 PM CLST #