Mal portados
Jan. 23 , 2010
Pareciera que algunos hinchas llevan en su sangre el gen de la desmesura. Una cierta tendencia al desborde y el paroxismo. No se hallan en sus trajes cotidianos y así viven, a contramano y desgana. Pero llegado el día, disfrazados de fanáticos, se encuentran a sí mismos y estallan de felicidad. Y es raro, porque de pie en el tablón o agitando la banderita que aman más que a su mujer, se liberan de sus cuitas y se convierten en seres de pura emoción, capaces de llorar como Magdalena o de enrabiarse en la vena de un energúmeno.
En un momento en la historia del fútbol, el hincha dejó de ser espectador. Ya no fue más al estadio simplemente a disfrutar del espectáculo como hacía en las matinés de los cines. Por alguna extraña razón decidió instalar en las gradas una lógica distinta que evocaba la de las guerras tribales y los clanes. El fenómeno creció y en Argentina, en el estadio de La Bombonera, bautizaron a esa masa bulliciosa y mal portada como el jugador número 12. Si entrabas a la cancha sin una barra capaz de intimidar al rival dabas ventaja.
El público pasó a ser clave. Y no sólo en Argentina. De ahí a los excesos hubo sólo un paso.
La sangrienta crónica que han escrito los "hooligans" es bien conocida. Pero en ocasiones, la frustración ha llevado al hincha común y corriente a comportarse como una bestia. ¿O te olvidas cuando apedreamos la embajada de Brasil habiéndonos creído el cuento de Roberto Rojas?
Pero no todo es fútbol. Hace más de 20 años recuerdo una escena patética. Miguel "Foreman" Cea boxeaba, literalmente, al crédito local Rubén "Yoma" Guerrero. Se imponía con cierta facilidad provocando la ira de la parcialidad iquiqueña. Fue tanto que uno saltó al cuadrilátero para poner las cosas en su lugar. A él lo siguieron familiares y amigos que no sólo patearon a Cea en el suelo, también le partieron una silla en la cabeza.
No tengo ningún problema con el fanático apasionado. Pero cuando se transforma en el chovinista, capaz de cualquier barbaridad por la patria, digo ¡basta! Si se da la casualidad que, además, de chovinista tiene diploma de descerebrado, ¡Dios me libre! Algunos de los que apoyan a Fernando González en Australia son de esta laya. Lanzar una bomba de humo en un court es lo mismo que llegar a la final de un torneo de ajedrez con un bombo. A veces, el excesivo entusiasmo no es bueno. González quizá lo lamente; pero la imagen país lo agradecerá infinitamente.





Posted by boss on January 23, 2010 at 11:45 AM CLST #
Posted by Claudio Jara on January 23, 2010 at 01:57 PM CLST #
Posted by mare on January 23, 2010 at 03:51 PM CLST #
Vivo en Sydney desde hace mucho,vi el partido y luego la noticia del incidente en TV,era una noticia mas,ni que los chilenos eran "animals" o "violents",solo que se habian pasado de revoluciones y como en todas partes estan paranoicos con la seguridad,fueron desalojados.
Posted by Lucho Fernandez on January 23, 2010 at 07:25 PM CLST #
Posted by gerardo on January 25, 2010 at 08:28 PM CLST #