Las gemelas Federer
Aug. 08 , 2009
Cuando los ídolos van entrando en años, cuando la genialidad comienza a ser una llama que alumbra sin demasiada fuerza, sus seguidores reclaman el milagro, llegue de donde llegue. Una pócima que lo haga inmortal. Una máquina que detenga el tiempo. La clonación espontánea de otros como él. Cuando no, los fanáticos aspiran a que la naturaleza haga su trabajo, más lento y azaroso, y que la descendencia del ídolo cubra su ausencia o infecte de esperanza el ocaso inevitable.
Los seguidores de Roger Federer han visto en el nacimiento de sus dos gemelas, Myla y Charlene, la posibilidad de eternizar su talento, aunque entre el declive del padre y la gloria de las hijas medie una laguna de varios veranos. La fe es tan grande que algunos fanáticos ya se han acercado a las casas de apuestas para jugarle fichas al éxito de las chicas, que recién cumplen las dos semanas de vida.
La casa Ladbrokes está pagando 25 a 1 la posibilidad de que alguna de ellas haga suyo un Grand Slam, y 50 a 1 la eventualidad de que lleguen a ganarlo jugando dobles. Es más, no ha faltado quien está convencido de que Myla o Charlene se adjudicarán Wimbledon antes de 2035, fecha para la que ya habrán celebrado sus 26 años. El asunto es simple: si las gemelas Federer llegan a tener el 50 por ciento del talento de su padre, estarán condenadas a ser protagonistas de la elite del tenis femenino.
El fenómeno de las gemelas Federer parece no tener parangón. Hasta donde recuerdo, cuando nació el hijo de Agüero y Giannina Maradona, vale decir, el nieto del mejor futbolista del planeta, nadie corrió a la casa de apuestas más cercana para apostar que sería campeón del mundo en algunos lustros más. Ni tampoco sucedió lo mismo el día que nacieron los hijos del grandísimo Pete Sampras.
Después de todo, la genética no parece ser una ciencia demasiado confiable. De otro modo, el hijo de Edson Arantes do Nascimento habría tomado la posta de su padre en vez de intentar atajar con dificultad bajo los tres palos o el vástago de Nikki Lauda habría despuntado en la Fórmula 1, en vez de andar a los tumbos en las categorías intermedias de los monoplazas.
Pero hay algo en las gemelas Federer que las hace particularmente llamativas. Quizá sea lo que simbolizan. Llegan en una instancia en que la máquina suiza parece haberse humanizado. Y aunque sigue siendo el número uno ha mostrado una cara diferente: el llanto luego de perder la final de Australia y este gesto tan pedestre de subir las fotos de sus gemelas a Facebook para que los dos millones 500 mil amigos que tiene en su página puedan conocerlas.
¿Qué pasa en la vida de un tenista de elite cuando a su vida llega no sólo un hijo sino dos? ¿Será capaz de seguir ofreciendo esa concentración inquebrantable en la mayoría de sus partidos? Habría que ver cuántos se atreven a apostar por esto.
Leo el libro de José Roberto Torero, Una historia de fútbol. Es un relato que cuenta las peripecias de un grupo de niños brasileños que quieren ganar el campeonato escolar. Mientras consiguen ese objetivo, Brasil pierde la final de 1950. La noche es triste, tanto como los días que vienen. Entonces, uno de ellos le dice a su padre que no sufra más, porque algún día él ganará una Copa del Mundo para que olvide esa horrible noche.
¿Quién podía haber apostado por ese chico? Nadie. Le decían Dico, le dio tres títulos del mundo a su padre y más de una vez lo sacaron en andas coreando su nuevo nombre: Pelé.




Posted by Samuel on August 10, 2009 at 12:00 AM CLT #
Posted by Huaiqui on August 10, 2009 at 02:27 PM CLT #
Posted by Daniel Ledesma on August 10, 2009 at 07:40 PM CLT #
Posted by Pedro Julián on August 12, 2009 at 03:26 PM CLT #
Posted by Hugo Cisternas on August 13, 2009 at 03:21 PM CLT #