La revancha de los gordos
Jan. 30 , 2009
El gordo es una institución al lado de la parrilla, manejando una micro, en el quiosco, desplazando su humanidad a orilla de playa, del otro lado de una hamburguesa en cualquier local de comida chatarra. Gracias a la canción de Tito Fernández sabemos que no son mala gente. Haciendo un poco de historia, no es difícil encontrarse con gordos notables: ¿cuántas risas le debemos a Oliver Hardy?, ¿qué hubiera sido de nuestros oídos sin Pavarotti?, ¿el cine de suspenso hubiera sido lo mismo sin Hitchcock? , o ¿la poesía habría podido privarse de Neruda?
Pero cuando entra a la cancha, los bonos del gordo se derrumban. Nadie quiere un gordo como compañero. En el barrio, al momento de armar los equipos para la pichanga de turno, el gordo es el último en ser elegido y, la mayoría de las veces cuando no siempre, el rechoncho aspirante a crack termina siendo relegado al arco. No tiene opción. Para qué estamos con cosas, el lugar común en el fútbol retrata al gordo como un paria, un error de la genética, un proyecto mal ejecutado.
Por eso, cuando el otro día Luis Núñez le marcó dos golazos a Colo Colo y corrió a celebrar con esos seis kilos de sobrepeso que lo desbordan por los costados, todos los gordos que aman el fútbol celebraron. Después de que Mario Lepe lo ninguneara y lo sacara del equipo, Núñez consumó su revancha y, de seguro, debió celebrar por la noche con un pernil a lo pobre, como todo gordo de bien lo hubiera hecho.
La resurrección de Núñez, espaciosa y abultada, obliga a revisar la discriminación de los gordos en el fútbol. Sobre todo, porque la gente suele tener mala memoria y olvida que más de un crack ha cultivado sus abdominales a la manera de Homero Simpson.
El año pasado, sin ir más lejos, el diario inglés The Sun se dio a la tarea de elegir a los mejores futbolistas gordos de la historia. Como era de prever, el cetro se lo llevó el brasileño Ronaldo, quien en sus mejores tiempos lució un físico que en la balanza marcaba 95 kilos (11 más de los que pesaba cuando llegó al Barcelona, en 1996).
La lista desempolvó algunos militantes de la gordura de los que algunos nunca habíamos sabido, como William Foulke, quien entre 1894 y 1906 defendió los pórticos del Sheffield United, del Chelsea, del Bradford City y de la selección de Inglaterra. Le decían indistintamente Oso, Gordito, Coloso o Culo de Grasa. Medía dos metros y un centímetro y pesaba 150 kilos. La anécdota que más se recuerda de él fue cuando durante un partido y a manera de gracia, se colgó del horizontal unos segundos. El travesaño no resistió, se partió en dos, los verticales se descuadraron y el partido debió ser suspendido para instalar otro arco.
El resto de aquella lista recoge a jugadores como el sueco Tomas Brolin, el danés Jan Molby, emblema del Liverpool; el también jugador del Liverpool y el Tottenham, Neil Ruddock, y hasta el mítico húngaro Ferenc Puskas, quien se dio el lujo de fichar a los 32 años y con 12 kilos de sobrepeso en el Real Madrid.
Salvo Ronaldo, no hay otros sudamericanos en esa nómina. Una clara muestra de miopía de la prensa inglesa, entendiendo que por estos lados más de un barril se ha puesto estoperoles y ha saltado a la cancha a jugar con éxito. En Colombia, el rechoncho Iván René Valenciano llegó a ser el máximo artillero de la historia de su país con 216 anotaciones, en función de una receta simple, regate y zapatazo; en Argentina, hubo dos delanteros gruesos que sacaron partido a sus kilos, el Turco Asad y el Turu Flores; y otros que estaban lejos de ser unas sílfides y que jugaron en suelo chileno, fueron el Negro Cubilla, mundialista uruguayo que estuvo en Santiago Morning en 1975, y el eficiente delantero de Audax Italiano, el paraguayo Salvador Cabañas, una pequeña bola de grasa y músculos que ahora triunfa en México.
Es que la gordura no tiene por qué estar reñida con el buen fútbol. Es cierto que hay algunos casos en los que el sobrepeso es funesto. El Patricio Yáñez que terminó jugando en Colo Colo era un cuadrado perfecto y nada tenía que ver con el que jugó en España. Pero los kilos no siempre son una condena para el futbolista. Como prueba, basta emular el ejercicio del The Sun, pero con materia prima local, una decena de guatones que pudiendo brillar sólo en la parrilla también lo hicieron en el pasto: 1. Francisco Chamaco Valdés. 2. Carlos Caszely. 3. Marcelo Vega. 4. Sergio Messen. 5. Sergio Charola González. 6. Sebastián Rozental. 7. Humberto Suazo. 8. Tanque Araneda. 9. Coke Contreras. 10. Freddy Bahamondes.





Posted by claudio on January 31, 2009 at 11:13 AM CLST #
Posted by claudio on January 31, 2009 at 11:18 AM CLST #
Posted by discipulo on February 01, 2009 at 03:16 PM CLST #
Posted by 77.183.243.76 on February 01, 2009 at 04:32 PM CLST #
como lo es el ogro fabianni
sin duda alguna hace goles y que manera de tener talento ese gordito
Posted by mago on February 03, 2009 at 12:15 AM CLST #
Posted by cristian carrasco pacheco on February 03, 2009 at 04:01 AM CLST #
Posted by Juan Eduardo on February 03, 2009 at 09:14 AM CLST #
Posted by Daniel Claudio on February 03, 2009 at 11:53 AM CLST #
Grande Carlitos Campos. No podemos olvidarte
Posted by claudio on February 14, 2009 at 04:05 PM CLST #