La luna de miel y el enfermo
Oct. 31 , 2009
Los imponderables suelen echarnos a perder la fiesta. Lo saben los brasileños, quienes en julio de 1950 se encontraron con un imponderable llamado Ghiggia, autor del gol más triste de la historia del fútbol. Lo sabemos nosotros, los que soñamos una noche de 1982 que Cobreloa se iba a convertir en el primer campeón chileno de la Copa Libertadores. Aquella jornada de antorchas equívocas el imponderable se llamó Fernando Morena. Ocurre en el fútbol, ocurre en la vida. Y es probable que cuando Manuel Pellegrini estampó su firma para asumir la dirección técnica del Real Madrid imaginara, en medio del optimismo lógico, que en algún momento un imponderable habría de cruzarse en su camino. El imponderable en su caso tuvo nombre de árbol: Alcorcón.
La luna de miel entre la prensa española y Pellegrini terminó por romperse tras ese 4-0. Le han dicho que se vaya, ¡ya!, e incluso lo trataron de marciano. El río está revuelto para el ingeniero, al punto que, como consecuencia del factor Guti, ni siquiera el camarín pareciera ser un refugio. Si fuera un técnico mediocre, uno apostaría por escribir la crónica de una muerte anunciada. Y luego afilaría el hacha para hacer leña del árbol caído. Pero Pellegrini sabe demasiado bien esta historia. Y aunque la exigencia sea mayor, el personaje de técnico en conflicto, con la vida cuesta arriba y su cabeza pedida en titulares de un rojo color sangre, él ya lo conoce de memoria.
Podríamos decir, incluso, que el guión que se está ejecutando en el Real Madrid es idéntico al que, en un momento, le tocó protagonizar en el Villarreal. Si hasta el papel que cumple ahora Guti hace un par de temporadas lo interpretó Juan Román Riquelme (con mayor vehemencia y exposición pública, habría que decir). Sin ir más lejos, ¿acaso en River no quisieron también colgarlo del Obelisco? Y ni hablar de lo que vivió en la 'U' y en Católica.
Quizá lo que más llama la atención, de este lado del mundo, sea la histeria de la prensa española que hasta hace poco pontificaba en su favor. Al parecer, se han acostumbrado a desenvainar el sable y hacer rodar cabezas, convencidos de que ahí, en el banquillo "merengue", o triunfas antes de que cante el gallo o te mueres.
Me he acordado (y perdonen la digresión) de un cuento de Raymond Carver: No son tu marido. En él, una mujer excedida de peso decide, a instancias de su esposo, someterse a una dieta. Durante todo el cuento, el foco está puesto en ella y su proceso de adelgazamiento. El narrador busca hacer creer al lector que es ella la que está mal. Pero sobre el final, gracias a un recurso "audiovisual", advertimos que el único enfermo de esa historia es el marido obsesionado con que su mujer baje de peso. Se me hace que en el episodio Pellegrini ocurre algo parecido. Ojalá que no sea demasiado tarde cuando nos demos cuenta de que el enfermo no es él, sino quienes piden su cabeza.




Posted by Sebastian Villalobos on October 31, 2009 at 05:10 PM CLST #
Posted by Victor Karadajian on November 01, 2009 at 10:17 AM CLST #
Posted by Sebastian Villalobos on November 01, 2009 at 09:59 PM CLST #
Posted by Juan Eduardo on November 12, 2009 at 04:56 PM CLST #