La fiesta de Bolt
Aug. 22 , 2009
Cuando las luces de Berlín comiencen a apagarse, Usain Bolt volverá a encenderse. Quizá más que nunca, aunque esto suene improbable luego de pasar como un relámpago por la pista del estadio Olímpico. El ritual al que se abocará no quedará reducido a 41 zancadas, la estrategia con la que consiguió los 9,58 segundos, obligando a los diarios a tratarlo de extraterrestre o Superman Bolt.
No.
Esta vez sus pies abandonarán el tranco largo para desparramarse al ritmo de Sizzla, Little Wayne o Charlie Black, pequeños dioses del dancehall, el ritmo que pone de cabeza al hombre más rápido del mundo. El mismo se encargará de disponer en el tornamesa la música de su predilección cuando, con motivo de la celebración de su cumpleaños número 23, deje por un par de horas su traje de corredor para ponerse el de DJ.
Bolt no es el atleta que ha sacrificado su juventud para poder alcanzar la gloria. El dramático rictus del esfuerzo pocas veces ha aterrizado en su cara. No se ha privado de nada. Cada vez que puede se arranca al local de comida chatarra para meterse una ración cuádruple de nuggets de pollo. Lo hizo después de ganar los 100 metros hace una semana. A poco de cruzar la meta, ya se había instalado en el McDonald's más cercano.
No ha tenido empacho en reconocer que fumó marihuana. Y ni siquiera ha debido echar mano a la vieja argucia de decir que fumó, pero sin aspirar el humo. "Es que en Jamaica todos la hemos probado. Cuando eres niño ya sabes liar porros".
Y ni hablar de su vocación por la noche, al punto que si alguien creía que su hábitat natural eran los carriles de la pista se ha equivocado medio a medio: Bolt es más Bolt sobre el suelo embaldosado de una discoteque. "Algunos pretenden que esté entrenando todo el día, pero eso no puede ser. Se creen que porque salga un poco voy a correr más despacio, pero eso no es verdad".
Bolt es un sibarita. Un goloso de la existencia. Sabe que la vida está más cerca de un jugoso bife que de una hamburguesa de carne de soya. Un mundano militante. La contracara del asceta. La prueba evidente de que el exceso de disciplina no es el único camino para llegar a la meta. El mentís perfecto para quienes aseguran que sólo después del sacrificio llega la recompensa.
Tess Gallagher, la mujer del escritor Raymond Carver, escribió en la introducción del último libro del norteamericano muerto de cáncer en 1988 la respuesta que él encontró a la pregunta ¿para qué es la vida? "Yo siempre he despilfarrado", dijo Carver. Y para remarcar su desapego al futuro inscribió en su pitillera una suerte de principio imperativo: ¡Ahora!
Me he acordado de esto mientras imagino la fiesta de Bolt; mientras lo veo bailando con la misma alegría que cruza la meta; mientras me parece escuchar lo que le susurra a su acompañante de turno: "La vida es hoy, no mañana".





Posted by Eduardo Munoz on August 22, 2009 at 09:49 PM CLT #
Hay estudios médicos, hechos en Dinamarca, que demuestran que un ser humano que corra 100 metros en menos 9.65, sin medicamentos especiales, tiene un riesgos enormes de caer fulminado, por fallas arteriales, cardíacas o pulmonares.
No es por nada que TODO el equipo de entrenamiento de Bolt fue controlado positivo.
Pero claro, esto es un negocio!
Posted by Azul on August 23, 2009 at 05:38 AM CLT #
Más impresionante aún que lo de Bolt, fue la subida que hizo Contador, durante el tour de France 2009, a Verbier, en Suiza. El rendimiento (consumo de oxígeno) fue lo mejor que haya logrado un ser humano, incluyendo a los astronautas (que son legalmente dopados)!!!
Posted by Azul2 on August 23, 2009 at 05:46 AM CLT #
Maravillémosnos de las habilidades más que de los resultados animalescos... que se logran en los laboratorios y que destruyen a los atletas.
Apuesto a que Bolt y Contador mueren antes de los 45 años... aunque ojalá me equivoque rotundamente!
Posted by Azul3 on August 23, 2009 at 05:51 AM CLT #
Posted by juan vallejos on August 23, 2009 at 07:15 AM CLT #
Posted by ale on August 23, 2009 at 10:42 AM CLT #