El masoquista y la gloria
Nov. 28 , 2009
Publicado en La Tercera, 28 de noviembre de 2009
Para muchos es un bicho raro. Un hombre que vive a contramano. Un masoquista en ciernes, amigo del cadalso y el oprobio. Pocas veces lo felicitan en las victorias. Las palmas, los abrazos, los elogios excesivos suelen ser el bálsamo del goleador, del puntero escurridizo y gambetero. Ay de que la derrota pase por sus manos: al arquero lo crucificarán, lo harán morir en vida y hasta lo sepultarán eternamente. Para su esmirriada fortuna, la eternidad en el fútbol sólo dura una semana (salvo excepciones, como le ocurrió a Barbosa, el arquero brasileño de la final de la Copa del Mundo de 1950; en su caso, el repudio se ha mantenido, incluso luego de su muerte).
Muy de tarde en tarde le toca una jornada de gloria. En una noche de esas le adivina el lado al bombardero y saca al córner ese Exocet lanzado desde los 12 pasos. O en el mano a mano con el veloz delantero hace la de Dios, como Gatti, rodillas al suelo, los brazos abiertos en cruz, y el remate, casi una descarga asesina, le da en el pecho librando a los suyos de un gol seguro.
Entonces, sale en andas.
Pero en la suma y resta, las tardes épicas, donde le cuelgan la etiqueta de héroe, suelen ocurrir con menor frecuencia que las otras. Mucho más insólito es lo que le tocó vivir a Víctor Loyola, el arquero suplente de Santiago Morning, el jueves pasado. Cuántos delanteros sueñan con hacer suyo el papel que le tocó interpretar. Cuántos se juegan la vida por una tarde como esa. Cuántos se matan entrenando para que el día de mañana, cuando seamos viejos, alguien desoville el recuerdo y diga: ¿te acuerdas de ese día, cuando se jugaban los descuentos, y zutano metió la punta del zapato o la rodilla o lo que haya sido y no paramos de celebrar hasta el alba?
En los tiempos de Chilavert, la escena no era tan extraña. Cómo le pegaba ese diablo. Una vez el ex arquero de Colo Colo Eduardo Lobos (hoy en el fútbol ruso) también se puso el traje de héroe jugando por Chile en el Sub 20 de Ecuador (2001). Entró a reforzar el ataque en los últimos 10 minutos y marcó el 3-1 definitivo contra Bolivia.
Hoy, esas escenas están en extinción.
Loyola se tuvo fe. Le pidió entrar a Pizzi en los últimos minutos. No bajo los tres palos. Sino arriba, donde mueren los valientes. Estaban eliminados, a manos de Audax, cuando ingresó a la cancha. Y aunque nadie me crea lo que voy a decir, yo le tenía fe al cabro. Debo haber sido uno de los pocos que, cuando empezó a elevarse en el área, supo que Loyola iba a hacer historia…
Ni pitoniso ni sabio del fútbol. Hace un par de años me tocó enfrentar a Loyola en una liga amateur. Rápido, fornido y un poco tronco, el arquero del Chago las oficiaba en ese entonces de delantero. El nuestro era un equipo con pretensiones. Pero se derrumbaron con tres goles de Víctor Loyola. A punta de cabezazos salió celebrando tres veces, como el jueves…




