Días de radio
Feb. 13 , 2009
Alguien pregunta, desde un rincón de la mesa, dónde se juega el mejor fútbol. En Inglaterra, afirma el señor ortodoxo. El señor intenso rebate esa idea y asegura que en Argentina, porque ahí el fútbol es pasión dentro y fuera de la cancha. La señorita coqueta entra a terciar en la discusión para afirmar que en Italia, porque sólo ahí se dan los Maldini, los Totti, los Baggio. Entonces, mientras los tres creen tener la razón, quien ha preguntado sentencia que están profundamente equivocados, porque el mejor fútbol se juega en la radio, y todos, sorprendidos, no tienen más remedio que darle la razón.
He vuelto a pegar la oreja a una radio para oír un partido de fútbol durante la truncada transmisión de Canal 13 del partido Chile-Sudáfrica. Y ha sido inevitable no acordarme de esa conversación de bar, que luego derivó a recuerdos que vienen a cuento, porque el señor intenso ha recordado esos momentos que sólo la radio podía ofrecer. Ha regresado al año de 1988 cuando la 'U' se jugaba su permanencia en Primera ante Cobresal, y él seguía su suerte por radio, rogando para que Mañico Román anunciara por Minería el tanto que les daría a los azules la esperada salvación. "Alarma de gol, escuchamos dónde…", era la frase milagrosa que nunca llegaría a favor de la 'U', pero sí en beneficio de O'Higgins y la Unión Española, que ese año consiguieron mantener la categoría.
Yo he ido más atrás en los recuerdos. A mediados de los '70 había un relator que era capaz de oler los goles, En la antesala de un tiro libre, en un borbollón en el área o cuando un delantero habilidoso se iba en demanda del arco, él sentenciaba "¡perfume de gol…!". No podía imaginar cómo se las arreglaba para oler el perfume de los goles ni mucho menos podía hacerme a la idea de cómo olía un gol. Dentro de mi ingenuidad infantil, trataba de dilucidar si un gol de Julio Crisosto habría de tener el mismo aroma que uno del 'Pelusa' Pizarro. O si los autogoles destilaban un perfume demasiado diferente.
La radio inventó un deporte distinto al que se ve en el estadio. Un juego que pareciera tener otros códigos. En él los jugadores "trepan, trepan y trepan". Y no se esfuerzan solamente, sino que tiran "toda la carne a la parrilla", en palabras del "Gordo" Campusano. Un gol no es simplemente un gol, sino que tiene un perfil casi criminal: "¡Pelota en la red, pelota en la red: mató, mató, mató!", como diría el gran Ernesto Díaz Correa. Una jugada combinada adquiere también una poesía impensada con eso de "para ti, para mí, tuya, mía, tac-tac", el crédito aquí es de Vladimiro Mimica. E incluso una pelota puede cobrar vida y hacer sus reclamos: "¡Esa pelota quería red!", como bien lo ha dicho Carlos Alberto Bravo.
El fútbol es más que el fútbol cuando se oye por radio. Alguna vez, el señor oportunista que nunca falta en televisión, conmovido por esos relatos épicos que salían de la transistor correspondiente, pensó que la receta era fácil. Sumó uno más uno y mandó al frente de la cámara a algunos hombres de radio. No sabía que aquello era un imposible. El pascuense puede bailar sau-sau en el patio central de un mall, pero por más empeño que ponga, nunca será lo mismo que una danza en pleno corazón de Rapa Nui. La radio es el mundo del relator, su hábitat, y él nunca podrá olvidarse de sus circunstancias.
Yo me acuerdo haber escuchado relatos inolvidables. La vibrante locución de los goles que le hizo Caszely al Emelec durante la Copa Libertadores del '73. Un gol del "Negro" Ahumada, cerca del término del primer tiempo, para el Everton, en la final con Unión Española en 1976. El triste cabezazo del "Cholo" Sotil, que saltó entre Figueroa y Quintano para dejarnos fuera de la Copa del Mundo de Argentina '78.
Recuerdos que no voy a olvidar, como diría Fito Páez.
Quizá por lo mismo, cuando oigo decir que el fútbol de antes era mucho mejor que el de ahora, no me queda más que asentir. En los tiempos en que la televisión ha relegado a la radio a un segundo plano, los jugadores ya no son tractores que se comen la cancha ni las defensas se convierten en una barrera inexpugnable ni los arqueros vuelan como cóndores. Los esfuerzos han dejado de ser sobrehumanos y ya no se ven mediocampistas venidos de otro planeta. Los centrodelanteros tampoco instalan parques de diversiones en el área ni los goles son de antología ni se ponen en un marco.
Con la mano en el corazón, y entendiendo que hay excepciones, prefiero el fútbol de la radio a ese otro deporte, tan lejos de la épica, que se ve los domingos en la banca de un estadio.




Posted by Eduardo on February 14, 2009 at 09:55 AM CLST #
Posted by Marttelo Sarmiento on February 14, 2009 at 10:10 AM CLST #
Me encantó esta columna, de hecho algunas veces he hecho el ejercicio de poner mute la tele con la radio al lado, pareciera que estuvieran hablando de otro partido.
Posted by Cristobal on February 14, 2009 at 10:13 AM CLST #
Posted by Francisco on February 14, 2009 at 05:04 PM CLST #
Posted by Oscar E. Herreros Rojas on February 15, 2009 at 03:42 AM CLST #
Gracias por la columna...como siempre divertida y talentosa, sin dejar de ser informaiva y documentada. Lo bonito es que tus textos superan la simple anécdota efectista....Son cosas del fútbol!
Posted by daniel claudio on February 15, 2009 at 03:52 AM CLST #
Posted by Braian Quezada Jara on February 15, 2009 at 08:35 PM CLST #
Posted by cristian on February 16, 2009 at 12:36 AM CLST #
Además de los antiguos próceres radiales que nombras Marcelo, y de leyendas vivientes como el Chico Díaz, yo agrego a uno actual. Tatán Luchsinger con su "lo pintóooo" su "se estiira, se estiiiiira!, "corre la bola! corre la bola! y "un titirito!! UN GRANDE
Posted by Luis C. on February 17, 2009 at 09:46 AM CLST #
Posted by PABLO on February 22, 2009 at 11:59 AM CLST #