Marcelo Simonetti

El mundo no es tan redondo

 

La tierra nos recuerda donde vivimos

Feb. 28 , 2010

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La tierra tiembla. Mas fuerte que nunca. Bajo uno de los dinteles del segundo piso, mi suegro, en pijamas, intenta mantener el equilibrio abrazando a su madre y a mi hijo Vicente. En el otro, mi suegra me espera con los brazos abiertos y cara de acabo de mundo, mientras yo asciendo por la escalera con postura de intrépido rescatista, como corresponde  a un jefe de hogar, pero sin entender un carajo de lo que pasa. Mi mujer me sigue los pasos, de mal humor porque no ha terminado el capítulo de "Private Practice". Cuando el terremoto alcanza su clímax, ahí estamos los seis, abrazándonos de tres en tres para no caernos, con un Padre Nuestro de fondo que un agnóstico como yo escucha con dudas.

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Sacheri, Sasturain y los otros

Feb. 20 , 2010

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Publicado en La Tercera,  20 de febrero de 2010 

Debo la experiencia de estar leyendo a Eduardo Sacheri a dos amigos. Hace un par de meses, Alejandra me entregó el librito de un argentino que no había hecho demasiado ruido: Te conozco, Mendizábal. Coincidentemente, en esos mismos días, el bueno de Scanone me confesaba haber leído los mejores relatos de fútbol de su vida: "¡Los mejores, lejos!", enfatizaba. Esos relatos son los que integran Esperándolo a Tito y otros cuentos de fútbol, libro que leo en este Sur con olor a leña y lago. 

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El invierno olímpico

Feb. 13 , 2010

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Pocas justas deportivas resultan menos apasionantes y desangeladas para
un habitante de estas latitudes que los Juegos Olímpicos de Invierno.

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De faldas y traiciones

Feb. 06 , 2010

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Por estos días, la prensa inglesa se ha dado un festín. Los diarios han prendido como locos con la historia de faldas y traición que ha estallado en el seno de la selección inglesa de fútbol. El capitán del equipo, John Terry, ídolo del Chelsea, tuvo un affaire con la novia de otro seleccionado, el defensa del Manchester City y gran amigo de Terry en su paso por el Chelsea, Wayne Bridge.


El golpe periodístico ha dejado en jaque no sólo a los involucrados, también a los fanáticos y al seleccionador inglés, Fabio Capello, quien quedó en una difícil posición: ¿cómo mantener en la capitanía a un hombre capaz de traicionar a uno de sus compañeros?


Los líos de faldas en el fútbol no son nuevos. Incluso en Chile hay casos que se han ventilado profusamente por las páginas de los diarios y las pantallas de televisión. El affaire de Mauricio Pinilla con la mujer del "Mago" Jiménez fue tierra fértil para los medios de farándula. Para fortuna del fútbol, ni uno ni otro eran piezas fundamentales del seleccionado (es más, en ese entonces Pinilla estaba más dedicado a jugar entre las sábanas que en el pasto).
¿Qué hubiera pasado si, como ocurre en estos momentos en Inglaterra, Zamorano y Salas se hubieran enfrentado por una mujer antes de llegar a Francia '98?


En Argentina ocurrió algo parecido. Corría 2005 y el equipo de la banda sangre aspiraba a tener una revancha en Copa Libertadores, cuando estalló el escándalo que involucró a sus dos centrales: Eduardo Tuzzio y Horacio Ameli. Tuzzio reunió a todo el plantel y al técnico en el camarín y comenzó diciendo, en alusión a Ameli, también presente: "Quiero que sepan lo que me hizo este hijo de mil putas que decía ser mi amigo…". Claro, ellos habían conformado en San Lorenzo una dupla de centrales de fuste y al tiempo se habían vuelto a reunir en la zaga de River.


Fue ahí donde el Coco tuvo un romance de dos meses con la mujer de Tuzzio. Lo supieron todos, incluida la barra de Boca Juniors que, de ahí en adelante, se cansó de gritarle cornudo a Tuzzio y colgar un lienzo que decía: "Lo mío es Tuzzio y lo Tuzzio es mío". El final era previsible. River quedó eliminado de Copa Libertadores y en el torneo local anduvo a los tumbos. Los dos jugadores terminaron fuera del plantel.


Lo sintomático vino después. Mientras Tuzzio se iba un año a España para regresar luego a River;  Ameli vivió a la deriva. Ningún club lo quiso, salvo Colón, donde fue cedido por un año. Ya nada fue lo mismo. Retornó a River tras un año horrible y nunca más volvió a jugar un partido ni en River ni en ningún otro club. Es que en el fútbol hay códigos que no se rompen. Puedes tener mil amantes, pero nunca acostarte con la mujer de un compañero. Capello tenía la opción de haber hecho oídos sordos a los códigos del fútbol. Pero hizo, finalmente, lo más difícil: sacrificar al capitán y pieza clave de su equipo.  ¿Se arrepentirá una vez que llegue a Sudáfrica? Creo que no.


Periodista y escritor. Autor de El Fotógrafo de Dios y La Traición de Borges.

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