Marcelo Simonetti

El mundo no es tan redondo

 

El masoquista y la gloria

Nov. 28 , 2009

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Para muchos es un bicho raro. Un hombre que vive a contramano. Un masoquista en ciernes, amigo del cadalso y el oprobio. Pocas veces lo felicitan en las victorias. Las palmas, los abrazos, los elogios excesivos suelen ser el bálsamo del goleador, del puntero escurridizo y gambetero. Ay de que la derrota pase por sus manos: al arquero lo crucificarán, lo harán morir en vida y hasta lo sepultarán eternamente. Para su esmirriada fortuna, la eternidad en el fútbol sólo dura una semana (salvo excepciones, como le ocurrió a Barbosa, el arquero brasileño de la final de la Copa del Mundo de 1950; en su caso, el repudio se ha mantenido, incluso luego de su muerte)...

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