Marcelo Simonetti

El mundo no es tan redondo

 

La luna de miel y el enfermo

Oct. 31 , 2009

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Los imponderables suelen echarnos a perder la fiesta. Lo saben los brasileños, quienes en julio de 1950 se encontraron con un imponderable llamado Ghiggia, autor del gol más triste de la historia del fútbol. Lo sabemos nosotros, los que soñamos una noche de 1982 que Cobreloa se iba a convertir en el primer campeón chileno de la Copa Libertadores. Aquella jornada de antorchas equívocas el imponderable se llamó Fernando Morena. Ocurre en el fútbol, ocurre en la vida. Y es probable que cuando Manuel Pellegrini estampó su firma para asumir la dirección técnica del Real Madrid imaginara, en medio del optimismo lógico, que en algún momento un imponderable habría de cruzarse en su camino. El imponderable en su caso tuvo nombre de árbol: Alcorcón.

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