Las elección de Bielsa: De Grunberg y de Graz
Sep. 04 , 2010
Entre la ciudad austríaca de Graz y la pequeña localidad alemana de Grünberg, existen cientos de kilómetros de distancia. Ambas serán recordadas como los lugares escogidos por Marcelo Bielsa para iniciar sus dos procesos al frente de la selección chilena. En Austria, en septiembre de 2007, se forjaron los primeros rasgos del fenómeno futbolístico que terminó con Chile en octavos de final del Mundial de Sudáfrica. Hoy en Grünberg sucede algo parecido en el papel, aunque radicalmente opuesto en su desarrollo.
A diferencia de lo sucedido hace tres años, el entonces recién llegado seleccionador convocó a lo mejor que le ofrecía el fútbol chileno. La tarea no era sencilla, debía partir de cero y una de las urgencias del rosarino era comprender por qué estos jugadores, que él conocía tan bien a través de sus estadísticas y videos, venían de protagonizar una escandalosa Copa América en Venezuela 2007. En la intimidad supo lo que tenía que saber, limpió el camarín y esbozó las directrices de un estilo de trabajo inédito en Chile.
Hoy, con una Copa del Mundo en el cuerpo y más de 70 partidos dirigidos, ya todos se conocen. Y si bien Bielsa se refugió en los bosques germanos, repitiendo el modus operandi de su primera versión, esta vez lo hizo con un objetivo diferente: doblar las municiones de la "Roja". Y no se trata de que ande escarbando en el suelo en busca de superestrellas. El cree firmemente que entre los hombres que citó para enfrentar a Ucrania se encuentra la base de esa segunda línea que luchará por desbancar, de su indiscutible titularidad, a los actuales mundialistas.
En palabras más futboleras, en Graz reunió a quienes veía como los elegidos, mientras que a Grünberg llevó a los picados. Lo planteó en el mejor sentido que la palabra ofrece, es decir, a aquellos jugadores que pudiendo dar más, aún no lo han hecho y ese "delta" es la misión que buscará corregir. Los ejemplos están a la mano: Pedro Morales tiene todas las condiciones que requiere un conductor, pero aún no ha dado ese salto que lo convierta en un serio rival para Matías Fernández y Jorge Valdivia; Emilio Hernández y sus lagunas, que lo transforman en una incógnita permanente, y José Pedro Fuenzalida, quien ha cumplido todo el proceso formativo de selecciones, pero continúa siendo un "casi casi", al igual que Fernando Meneses.
Caso distinto es el de Mauricio Pinilla, el único debutante bajo las órdenes de Bielsa, y quien llega a corregir una de las falencias que quedó al descubierto en el Mundial de Sudáfrica: si no está Suazo, las opciones de gol se reducen al mínimo. El delantero del Palermo promete ser el bonus track de este segundo ciclo. Se esperaba que ante Ucrania pudiera demostrarlo, pero una lesión muscular postergó su entrada en escena. Para el seleccionador, en todo caso, este imprevisto no es problema. Sabe que el camino es largo, tan largo como la distancia que separa a Grünberg de Brasil.
A diferencia de lo sucedido hace tres años, el entonces recién llegado seleccionador convocó a lo mejor que le ofrecía el fútbol chileno. La tarea no era sencilla, debía partir de cero y una de las urgencias del rosarino era comprender por qué estos jugadores, que él conocía tan bien a través de sus estadísticas y videos, venían de protagonizar una escandalosa Copa América en Venezuela 2007. En la intimidad supo lo que tenía que saber, limpió el camarín y esbozó las directrices de un estilo de trabajo inédito en Chile.
Hoy, con una Copa del Mundo en el cuerpo y más de 70 partidos dirigidos, ya todos se conocen. Y si bien Bielsa se refugió en los bosques germanos, repitiendo el modus operandi de su primera versión, esta vez lo hizo con un objetivo diferente: doblar las municiones de la "Roja". Y no se trata de que ande escarbando en el suelo en busca de superestrellas. El cree firmemente que entre los hombres que citó para enfrentar a Ucrania se encuentra la base de esa segunda línea que luchará por desbancar, de su indiscutible titularidad, a los actuales mundialistas.
En palabras más futboleras, en Graz reunió a quienes veía como los elegidos, mientras que a Grünberg llevó a los picados. Lo planteó en el mejor sentido que la palabra ofrece, es decir, a aquellos jugadores que pudiendo dar más, aún no lo han hecho y ese "delta" es la misión que buscará corregir. Los ejemplos están a la mano: Pedro Morales tiene todas las condiciones que requiere un conductor, pero aún no ha dado ese salto que lo convierta en un serio rival para Matías Fernández y Jorge Valdivia; Emilio Hernández y sus lagunas, que lo transforman en una incógnita permanente, y José Pedro Fuenzalida, quien ha cumplido todo el proceso formativo de selecciones, pero continúa siendo un "casi casi", al igual que Fernando Meneses.
Caso distinto es el de Mauricio Pinilla, el único debutante bajo las órdenes de Bielsa, y quien llega a corregir una de las falencias que quedó al descubierto en el Mundial de Sudáfrica: si no está Suazo, las opciones de gol se reducen al mínimo. El delantero del Palermo promete ser el bonus track de este segundo ciclo. Se esperaba que ante Ucrania pudiera demostrarlo, pero una lesión muscular postergó su entrada en escena. Para el seleccionador, en todo caso, este imprevisto no es problema. Sabe que el camino es largo, tan largo como la distancia que separa a Grünberg de Brasil.
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