Marcelo Mena

Clima de cambio

 

Dogmas y Calidad de Aire

Nov. 23 , 2009

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Esto apareció en la versión impresa de La Tercera, en Ideas y Debates 23 de noviembre, 2009. Espero que les guste

a nueva norma de calidad de aire que regula el material particulado fino (PM 2,5) ha terminado su proceso de participación ciudadana. Hubo apoyo por parte de ONG y ciudadanos, pero algunos grupos gremiales han manifestado su preocupación.
Esta regulación tiene como aspiración que, para el 2032, alcancemos una media anual de 10 ug/m3 (valor recomendado por la Organización Mundial de la Salud). El nivel propuesto implica reducir el riesgo de muerte asociado a la contaminación del aire a niveles equivalentes a los de morir en un accidente de tránsito en Chile (actualmente el riesgo asociado a la contaminación es entre dos a cuatro veces superior).
Los detractores han declarado este nivel como "demasiado exigente", sin destacar su diseño gradual en el que se estipula que la norma, inicialmente, considera un límite de 25 ug/m3 para el año 2012. Es el menos restrictivo entre los países con regulaciones vigentes (incluyendo a Perú y Ecuador). También  parecieran pasar por alto que si no se norma el PM 2,5 será exigible una norma diaria de PM10 más dura que la actual (de 150 a 120ug/m3) lo que generaría muchísimas más obligaciones para los emisores.
Pero no es para extrañarse la postura de estos sectores. Hace ya cerca de una década que la Sofofa ha presionado para que no se regule esta fracción de la contaminación, la más nociva que se conoce. Sin embargo detrás del rechazo está el dogma. El dogma de que un país como Chile no puede optar a normativas ambientales que tengan países desarrollados.
La Sofofa y el Instituto Libertad y Desarrollo, basándose en proyecciones del ingreso per cápita en Chile versus el de países como Estados Unidos o la Unión Europea, han declarado que esta norma es demasiado estricta para un país en vías de desarrollo. Este argumento pasa por alto que el nivel de conciencia ambiental, de preocupación por la salud de nuestros pares más vulnerables y la aversión al riesgo por eventos de mortalidad prematura, no depende solamente del nivel de ingreso de cada hogar, sino, también, de los principios y valores de los individuos que componen nuestra sociedad.
Países como Australia, que presenta actualmente un ingreso per cápita similar al de la Unión Europea y al que dispondría Chile en 20 años más (si mantiene su tasa de crecimiento actual) posee actualmente una norma PM 2,5 más exigente que la vigente en la UE o Estados Unidos y similar a la propuesta como objetivo para nuestro país al 2032.
Estas diferencias se deben, principalmente, a la distinta valoración que asignan los ciudadanos de los países a una reducción marginal en el riesgo de muerte, factor que no depende exclusivamente del nivel de ingreso de cada hogar. Evidencia de esto es que la evaluación social y económica de la norma, que considera la disposición marginal estimada a pagar por reducir eventos de este tipo, muestra que regular el PM 2,5 es una excelente inversión social, evitando muertes del orden de miles por año y pérdidas de día de trabajo del orden de cientos de miles de días por año. Esto demuestra que regular el material particulado fino de ninguna manera nos hace menos competitivos, sino que más.
Entonces la pregunta es la siguiente: ¿Por qué, si la norma tiene rentabilidad social y económica, ignoramos los resultados? Alcanzar el desarrollo económico no es solamente aumentar nuestro ingreso per cápita. Se debe avanzar también en mejorar la calidad de vida de nuestros habitantes, lo que por supuesto incluye el poder disfrutar de un ambiente libre de contaminación.

Marcelo Mena
Académico de la Unab y ex Gerente del Aire

Cristóbal De La Maza
Académico de la Unab y consultor del Centro de Medio Ambiente PUC 

 

 

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