Ecos de la Cumbre Nuclear: Cuando 47 no hacen uno
May. 01 , 2010
"Barack Obama y la mirada de Dostoievski", por Marta Maurás y J.F. Coloane
Jan. 27 , 2010
Un logro indiscutible del primer año de Barack Obama es haber adoptado
las medidas precisas para que la economía de EEUU escapara del abismo...
Algo huele mal en Dinamarca: Haití
Jan. 20 , 2010
Cuando empecé a ver las imágenes en la televisión me embargó una sensación amarga y dolorosa de dejá vu. Fue sólo hace unos pocos años que Sergio Viera de Melo y 21 colegas murieron en las ruinas de la sede de la Misión de Paz de la ONU en Bagdad, colapsada por un bombazo asesino.
[Read More]Los desafíos para el 2010 en política internacional: democratizarla
Jan. 06 , 2010
La política internacional no es mundial, es solo una parcela de poder de un puñado de naciones que disputa supremacías globales o regionales. Y tampoco es un tema ciudadano porque no forma parte del menú de intereses que al político le interesa compartir con la ciudadanía, salvo en los casos de países como EEUU, Israel, Irán e India...
[Read More]Guerra en Afganistán: ¿un puzzle sin piezas?
Dec. 10 , 2009
El dilema central del plan de salida propuesto por el Presidente Barack Obama en su reciente discurso en West Point consiste en si en 18 a 24 meses va a ser posible reconstruir un Estado que nunca ha existido como lo concebimos en Occidente.
Este plan concibe derrotar la fuerza militar Talibán y del extremismo islámico, esencialmente Al Queda, e iniciar un proceso de “normalización” para el desarrollo del país. Esto significa en definitiva reforzar una institucionalidad que hasta el momento ha existido en condiciones puestas al límite para un funcionamiento mínimo y una operación política mayor para incorporar a los diversos actores políticos.
Es una tarea gigantesca y la iniciativa que incorpora 30 mil nuevas tropas ha dejado perplejo tanto a los que apoyan una permanencia prolongada de tropas extranjeras en Afganistán, como a los que exigen una salida rápida para poner fin a la ocupación.
Según lo anunciado, el retiro posterior de las tropas no será ni brusco ni total. Como en el caso de Irak, se plantea un proceso gradual de presencia militar extranjera contemplando dejar instalada por un tiempo a decidir una fuerza operativa para sustentar el fin de la guerra, y lo que sigue.
En Irak ha funcionado un esquema similar asentado en una fundación preexistente que ha permitido a un Estado y un gobierno nacional paulatinamente hacerse cargo. Aunque quizás lo más importante sea la recomposición del tejido político con sus liderazgos y formaciones partidarias, en Irak la normalización se está produciendo a partir de la reestructuración institucional de un país heterogéneo que contaba con instituciones políticas relativamente fuertes y de larga data.
Un ingrediente clave en esta recuperación política en Irak ha sido el acabar con la política inicial de erradicar cualquier vestigio o influencia del partido Baas que gobernó Irak por más de treinta años hasta la invasión en 2003. Las nuevas autoridades iraquíes elegidas en procesos eleccionarios distorsionados bajo la guerra, finalmente han escogido el camino de la negociación política reconociendo a la fuerza política más poderosa que subsiste en Irak.
Afganistán no es Irak ni remotamente. En cuanto a estructura del Estado y ordenación política, en comparación con los países de la zona, su formación institucional ha estado siempre en transición con liderazgos y tradiciones locales e inestables.
Su trayectoria no es única en cuanto a un Estado desestabilizado al límite. Asia, África y hasta América Latina exhiben situaciones similares aunque no con el grado de fragmentación institucional de Afganistán.
El país expone la paradoja de que al no haber sido colonizado propiamente tal como India, Pakistán, o Sri Lanka, con gobiernos formados por la vía de reinados, principados o burocracias civiles o militares impuestas, no alcanzó a formar una estructura de Estado “a la occidental”.
Es de conocimiento generalizado que los Estados con su aparato administrativo y ordenación territorial repartidos en el mundo pos colonial, incluyendo el de la indómita China, son reciclados del “Estado colonial” como se presentaba el orbe en la mayor parte de su territorio a partir del siglo XVI.
La justificación fundamental para que EE.UU. y algunos aliados estén librando la guerra en Afganistán consiste en eliminar a Al Queda y las bases operativas albergadas en tierras afganas dominadas por los talibanes. Al Queda comandó el ataque a las Torres Gemelas en Nueva York en 2001 y es, o se presume, responsable de otros actos de terrorismo desde ese entonces.
Esta intervención militar obtuvo la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU en su momento y con los años se ha transformado en una ocupación legitimada por la comunidad internacional.
Es válido preguntarse si después de 21 años de inestabilidad y guerra desde la invasión y el retiro soviético, con el sólo apoyo de la intervención militar extranjera y una diezmada capacidad interior, esa posibilidad va a poder materializarse sin que entre a mediar “la solución política”.
Concluir que con la erradicación de la fuerza política y militar Talibán y del extremismo islámico y con el fin de la ocupación se normalizará Afganistán parece demasiado simplista. Hay una pieza del puzzle político de Afganistán que obviamente falta.
¿Está en Pakistán, está en Irán, está en India? ¿O está simplemente en la Alianza Transatlántica encabezada por EE.UU. que con la acostumbrada lógica de la supremacía, persiste en tener un pie de apoyo militar en esa región?
Al borde de 2010 es absurdo, aunque parezca comprensible, que los países que integran el “consorcio” en el esfuerzo de paz y normalización en Afganistán continúen atrapados en la socorrida explicación de que Afganistán no ha sido nunca colonizado, o de que la fragmentación política en múltiples zonas lideradas por caudillos impide la estabilidad de un Estado.
No es concebible que no se pueda formar desde el fin de la ocupación soviética en 1988, un tejido político básico con un común denominador mínimo para ponerse de acuerdo y formar o fortalecer ese Estado que parece fantasma y tomar cuenta del extremismo islámico encarnado por los Talibanes.
Al puzzle le falta una pieza.
Insulza y su "win-win" en Honduras
Aug. 25 , 2009
10 de Julio de 2009
Opinión
Insulza y su “win-win” en Honduras
Artículo de opinión El Mostrador
Los acontecimientos han puesto al Secretario General en la no envidiable situación de suscitar críticas haga lo que haga. Es decir, en lo que el paradigma norteamericano del éxito llama un "lose-lose situation", o sea una situación de pierde-pierde, contraria al ideal del "win-win".
Por Marta Maurás
Con la Carta Democrática Interamericana aprobada el 11 de septiembre del 2001, la OEA añadió fuerza a su débil imagen en la región y afirmó sus credenciales democráticas, estableciendo su rechazo absoluto a cualquier intento golpista de derrocar a un gobierno legítimamente elegido.
El golpe de Estado en Honduras le ha procurado a José Miguel Insulza, el Secretario General de la OEA, y a los Jefes de Estado de la región la oportunidad de probar que estos buenos propósitos son "de verdad", al adoptar la Asamblea la resolución condenatoria de la acción militar en Honduras.
Al mismo tiempo, los acontecimientos han puesto al Secretario General en la no envidiable situación de suscitar críticas haga lo que haga. Es decir, en lo que el paradigma norteamericano del éxito llama un "lose-lose situation", o sea una situación de pierde-pierde, contraria al ideal del "win-win".
Insulza activó el mecanismo de la OEA, la Asamblea condenó unánimemente la acción militar en Honduras y el SG viajó a Tegucigalpa a transmitir el mensaje personalmente, actuando bajo mandato y con la urgencia requerida. Sin embargo, hubo prensa en este país y de la región que consideró su viaje un fracaso. ¿Por qué? ¿Porque no logró con su sola presencia que las autoridades de hecho y las fuerzas militares se fueran mansamente a sus casas o a sus cuarteles? ¡Francamente ridículo!
Por el contrario, Insulza tuvo la habilidad de conseguir viajar a Honduras sólo acompañado por el Presidente de la Asamblea General de Naciones Unidas (y evitar así el papelón que habría supuesto intentar entrar con el depuesto Zelaya a quien horas más tarde se le impediría hasta el aterrizaje) para transmitir el indispensable mensaje, conociendo de antemano cual sería la reacción de las autoridades temporales hondureñas.
Luego, la prensa nacional anuncia que Oscar Arias desplaza a Insulza como mediador, con lo que pretende decir de alguna manera que Insulza ha perdido. Como si ésta fuera una pelea entre demócratas y no una del mundo democrático contra los golpistas.
No cabe duda que José Miguel Insulza ha sido y será un factor clave para el papel mediador de Arias, probablemente elegido para ese rol en la región dadas sus credenciales como Jefe de Estado, como Premio Nobel de la Paz y por su profunda vocación centroamericanista.
Y es que de eso se trata la diplomacia multilateral. Existe una confusión en los que creen y proclaman que el Secretario General de un organismo multilateral compuesto por todos los gobiernos del hemisferio opera con una agenda propia y ejercita un rol autónomo para decidir por si y ante si la conducta de los países miembros. Los mandantes son los gobiernos y al SG le cabe proveerles la mejor de las informaciones, su propio y sesudo análisis y por último su talento negociador y capacidad de diálogo para conseguir los resultados esperados.
Gran parte de esta actividad que es clave, se hace en privado, salvando la dignidad de los actores y el espacio de maniobra para mantener puertas abiertas y dar curso a las decisiones finalmente sustentables en el tiempo y ante el orden jurídico internacional. José Miguel Insulza es un profesional en esta materia.
La Presidenta Bachelet lo ha apoyado y lo ha hecho también el Presidente Obama, quien con su actitud ecuánime y demócrata, que junto con condenar la acción golpista ha resistido toda presión a la intervención (hasta la no sorprendente del propio Zelaya), le ha dado el piso necesario para un "win-win" multilateral a la difícil y necesaria gestión del Secretario General de la OEA.
La prioridad no está en las agendas personales, tampoco se trata de alimentar hogueras políticas internas en los países. De lo que se trata es de entregar señales inequívocas de respeto a los principios de la Carta Fundamental de Naciones Unidas y de un organismo multilateral como la OEA, con el compromiso de todas las naciones sin excepción. Esto es lo que he llamado en otras ocasiones hacer Política con P grande, esta vez en el ámbito internacional.

