Triage
Jun. 15 , 2009
Del vocablo francés trier (=seleccionar) se deriva el término inglés triage, aplicado a la selección de productos agrícolas, preferentemente según criterios de calidad. A Napoleón y su principal oficial médico, el Barón Larrey, se debe la introducción del concepto de triage en asuntos sanitarios. Preocupado por la gran cantidad de soldados heridos que sembraban los campos de batalla, el Emperador exigió una planificación más eficiente de atención médica lo cual, como ya sucedía en esos tiempos, debía realizarse sin mayor disponibilidad de recursos. Hombre de acción, se preciaba el Dr. Larrey de haber amputado 200 miembros en 24 horas, bajo el lema que los buenos resultados de su medicina “a pesar de la escasez de recursos…se deben esencialmente al oportuno y metódico socorro que reciben los heridos en el campo de batalla.” En guerras sucesivas, el problema de escasos recursos jamás fue solucionado, lo cual llevó a perfeccionar la forma de sentar prioridades frente a lo cruento de las catástrofes bélicas, llegando a establecer un triage utilitarista que destina los recursos allí donde tengan el mejor resultado médico. Eso significa abandonar a los heridos graves que tienen pocas posibilidades de sobrevivir, marginar a los menos graves que ya se mejorarán sin ayuda, y concentrar los esfuerzos en quienes dependen del esfuerzo médico para salir adelante.
Actualmente, estos criterios de selección se aplican en la vida civil cuando hay situaciones catastróficas y/o los recursos disponibles son insuficientes, lo cual viene a cuento con la noticia que trae la prensa chilena a propósito del decreto de emergencia sanitaria dictado frente a la pandemia gripal que se extiende: “TRIAJE (SISTEMA DE CLASIFICACIÓN DE PACIENTES)” se lee en un subtítulo de la noticia. El diccionario no avala el chilenismo, siendo preferible mantener la estructura original del vocablo triage como aparece en el uso bioético. Detalle al margen, pues lo que más llama la atención son las informaciones sobre la cobertura y los costos que se originan. En una misma edición de prensa se habla de la “entrega indiscriminada de antivirales”, de que en el “sistema privado debe pagarse adicionalmente un valor promedio de ($77 mil)”, lo cual “depende de la cobertura de isapre que tenga la persona”, para terminar destacando en la página siguiente que “HOY BASTA con tener dos o más de los síntomas para recibir gratuitamente, sin importar dónde se consulte, el antiviral.” ¿Con sin confirmación de laboratorio? ¿Debe mediar consulta médica y receta, o basta toser en la farmacia?
Detalles también, porque el Mensaje Presidencial del 21 de Mayo le dijo al país, textualmente: “Los chilenos y chilenas pueden estar tranquilos: la influenza humana traspasó nuestras fronteras, pero estamos preparados para hacerle frente, reducir los riesgos y entregar tratamiento oportuno.”
Hay abundantes análisis de epidemias y pandemias que han dejado al menos dos enseñanzas claves: 1) El peor modo de enfrentarlas es mediante desinformación o información insuficiente, porque la ciudadanía no sabe a qué atenerse y cómo comportarse. 2) Conviene implementar sólo aquellas medidas que realmente sean útiles para dominar la situación y, de conocerlas, aplicarlas con energía. Agréguese a ello que los mensajes de optimismo infundado llevan a menospreciar los problemas, descuidar las precauciones y generar un clima de incertidumbre que atenta contra cualquier intento de conducta disciplinada. Una visión aérea mostraría largas colas de personas esperando para hacerse el examen diagnóstico, mientras otros se informan que el cuadro clínico es tan característico que huelga la información virológica. Unos toman antivirales, otros no acceden al médico para la receta, se encuentran con el medicamento agotado, no tienen el dinero para comprarlo, o no entienden que la “entrega” que anuncian algunas clínicas no significa necesariamente gratuidad.
En lo único que parece haber acuerdo, es que conviene crear con celeridad una PYME importadora de mascarillas, cuyo precio aumentó en 300% (señala la prensa) desde que llegó H1N1, de manera que, si bien su utilidad sanitaria es incierta, no lo es el lucro alcanzable.




