Miguel Kottow

Bioética y Pensamiento Médico

 

Solidaridad

Feb. 02 , 2010

4 Comments

La idea de solidaridad ingresa al lenguaje cotidiano a mediados del siglo 19., presentándose como una estrategia de lucha social para las masas de trabajadores urbanos producidas por la Revolución Industrial que exacerbó las desigualdades socioeconómicas en la medida que se separaban capital y trabajo. Hacer causa común para crear un frente sólido de exigencias continúa siendo un instrumento de reivindicaciones laborales a través de las muy discutidas negociaciones colectivas. La solidaridad fue acogida por las asociaciones mutuales, que organizaban seguros financiados con aporte de todos, a fin de cubrir mutuamente las necesidades de quienes se debilitaban por enfermedad, discapacidad o vejez. Los contratos de seguros contemporáneos, incluyendo las ISAPRES, han abandonado toda solidaridad puesto que la cobertura recibida es proporcional a los aportes de cada uno, sin la equidad que tendría una sistema mutual.

Desde las decimonónicas Encíclicas sociales de León XIII, el Vaticano enfatiza la solidaridad como una ética social destinada a paliar las injusticias y desigualdades que se perpetúan en los sistemas económicos industriales. Palabras oídas pero escasamente escuchadas.
Continúa siendo política y éticamente correcto promulgar la solidaridad para fomentar el bien común, ayudar a los más desvalidos y sustentar la utopía de un mundo más justo. En una conferencia dictada por el economista Amartia Sen (Premio Nobel 1998), observaba a propósito del catastrófico tsunami sufrido por Sumatra en 2004, que la solidaridad mundial acopiaba inmensa e inmediata compasión y ayuda, en contraste con la inercia con que se acepta la miseria crónica y silenciosa de gran parte de la humanidad.  Y el huracán Katrina que asoló New Orleans en 2005 mostró severas fisuras en la solidaridad, arreciando las críticas de abandono y discriminación, así como de incumplimiento en el apoyo gubernamental, tanto inmediato como a largo plazo.

El terremoto de Haití gatilló un movimiento general de solidaridad, con ayudas individuales, institucionales e internacionales, aportadas en forma oportuna y generosa a un país que hasta ese instante había vivido en la más extrema y crónica miseria, sin llamar la atención sino a algunas iniciativas humanitarias aisladas. El diario vivir en miseria y desesperanza no había podido invocar la ayuda solidaria que llegó con la tragedia.  Pero en Haití suceden otras cosas que ponen a prueba la solidaridad. No son los saqueos y robos que ocurren en escenarios de desesperación que deben entenderse como situaciones límites lamentables pero que nadie tiene el derecho de condenar desde afuera.

Lo que soterra la solidaridad es la actitud de quienes, acumulando bienes primarios –alimentos, agua-, enfrentan a los necesitados con un despiadado mercantilismo, vendiendo sus productos esenciales al cuádruple o más de su precio habitual. ¿De qué solidaridad se puede hablar cuando el clamor por sobrevivir es explotado para desatar el lucro de los que ya tienen?

Más cercana, más cotidiana, es la ruda actitud de muchas sociedades, la nuestra incluida, frente a la medicina de trasplantes de órganos. El número de donantes, de por sí muy bajo en nuestro país, disminuye y es del todo insuficiente a medida que aumenta la lista de receptores desatendidos, cuyos vidas sufrientes, reducidas y amenazadas no logran impactar a quienes podrían ceder sus órganos al morir, o a los deudos que en un 40% de los casos se oponen a la donación contraviniendo los deseos explícitos de quien se declaró donante. Y bien, la ley respondió instaurando el consentimiento presunto: todo ciudadano es donante a menos que expresamente documente su negativa. Apenas promulgada, millares de decididos ciudadanos se apresuraron a documentar su negativa a ser donantes y, ya se sabe, la obtención de órganos legalmente autorizada continúa obstaculizada por oposición familiar. Las inquietudes y los temores a ser donante son comprensibles, pero no son solidarios, porque impiden paliar sufrimientos indeciblemente mayores de enfermos encadenados a aparatos,  deprimidos en su vitalidad y condenados a muerte prematura.

Solidaridad y protección palidecen cuando, sorteadas al fin las inclementes oposiciones a la anticoncepción de emergencia, se informa que antes de 3 meses no habrá disponibilidad irrestricta de la píldora: ¿cuántos casos quedarán insolutos y apabullados por esta falta de previsión y la ausencia de solidaridad para paliar oportunamente estas emergencias?

Claras y reconfortantes fueron las palabras de vencedores y vencidos que, al reconocer el enroque político que acaba de decidir la ciudadanía,  proclamaron la voluntad de trabajar constructivamente desde trincheras diversas pero con una meta común. Pocas semanas después, se insiste que es más importante ser oposición que yunta, siendo más valiosa la lealtad partidista que la solidaridad de aunar esfuerzos a beneficio del país, una penosa muestra de incapacidad por impulsar cooperativamente el capital social que sustenta el verdadero avance de una nación, incapacidad escondida detrás de un cansador cacareo sobre progresismo. Progreso modesto pero real será si al menos dejamos la hipocresía de predicar solidaridad y practicar lo contrario, si  modificamos el discurso y mostramos la voluntad de desarrollar honestas y efectivas actitudes e intenciones que palien los males que nos aquejan.





Comments:

Me parece que el gobierno ha sido incapaz de exponer, de manera clara para la gran mayoría de los ciudadanos, cuándo y cómo se realiza la donación de órganos. Usted bien dice que son comprensibles los temores, yo agrego que lo son porque muchos no tienen idea de cómo es que se realiza el procedimiento. Y esas trabas es tarea del gobierno removerlas. Tal vez un campaña del MINSAL en los diarios y TV sea una buena idea, en la cual se explique lo que es la muerte cerebral, los pro de donar, etc.

Posted by Pablo Gomez on February 02, 2010 at 06:04 PM CLST #

Con respecto al ya trillado llamado y rechazo a la "Unidad Nacional" de Piñera, creo que ambas coaliciones se equivocan al plantear (o criticar) alianzas a priori. Eso no puede hacerse... ya que primero habrá que ver si los proyectos de uno y otro se enmarcan en los respectivos (y muy legímimos) programas individuales. Pienso que muchas ideas de la Coalición por el cambio serán apoyadas por sectores no menores de la Concertación. Lo que es normal, ya que su ideología es esencialmente la misma.

Posted by Pablo Gomez on February 02, 2010 at 06:08 PM CLST #

Solidaridad fue de hecho el comportamiento que nos permitió sobrevivir y evolucionar como especie hace 5 millones de años hasta transformarnos en homo sapiens hace 200mil, salir de Africa hace 70mil años y expandirnos por todo el planeta hasta Tierra del fuego. Es hasta que empieza a mutar el estilo nómada-cazador-recolector a sedentario-agricultor-ganadero, hace 13mil años, que se inician los avances exponenciales pero también vicios. Sugiero libro:"Armas, Gérmenes y Acero" de Yared Diamond

Posted by Alejandro Barruel O. on February 03, 2010 at 05:57 PM CLST #

El asunto es: se puede ser solidario si no hay una confianza básica entre los miembros de un país? Supongamos que una persona pobre sufre una trauma cerebral gravísimo. Ofrecerán los médicos los tratamientos más sofisticados, las mejores instalaciones, los fármacos de última generación? o más bien le dirán que no hay mucho que hacer, mientras una nube de cirujanos se prepara a destazar el cuerpo? No cruza esta imagen horrosa en la mente de aquellos que se niegan a ser donantes? Saludos a Daniel.

Posted by Daniel Rodriguez on February 05, 2010 at 06:40 PM CLST #

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