Intimidades ¿literarias?
Sep. 11 , 2009
La ética tiene diversos ámbitos de validez, a imaginarse como círculos concéntricos, el más externo siendo el espacio público, donde las normas éticas exigen, ante todo, resguardar el bien común y actuar en forma transparente, ya que a todo ciudadano le corresponde la evaluación de lo que en su nombre se decide. El uso de datos reservados, negociaciones confidenciales, secretos de Estado debieran ser de excepción, al menos en tiempos de paz y democracia. Más interno es el círculo de la ética particular, la que rige en las relaciones entre las personas y los diversos actores de la sociedad, y que habrán de reflejarse en el mutuo respeto, la tolerancia y, qué cuesta soñar, en la solidaridad.
Un trato ético cuidadoso ha de desarrollarse en las relaciones privadas, entre las personas que conviven y comparten con mayor o menor intensidad sus proyectos de vida y que, por lo tanto, requiere apoyar los intereses del otro, brindarle asistencia y, sigamos soñando, ser altruista. Queda, finalmente, el más interno de los espacios éticos, el íntimo, al cual dejamos entrar o desde el cual nos mostramos en forma selectiva y gratuita, sin obligaciones ni derechos. La intimidad es ética porque se reserva el derecho de no ser transgredida, ni siquiera invadida so pretexto de ser un acto de amor. La intimidad es lo que constituye el meollo de la persona, aquello que la hace única, libre de toda coacción o manipulación, y donde cada uno resguarda y cautela sus anhelos, sus inclinaciones, sus pudores, todo lo que no desea compartir ni ventilar. La sensibilidad ética más elemental sugiere reconocer y respetar estos espacios íntimos.
Espectáculo penoso el que brinda el mundo literario, al sacar a luz la correspondencia íntima, ni siquiera privada, de una poetisa que nos dio el primero de los dos únicos Premios Nobel que nos enorgullecen. Poco creíble el argumento presentado de que se conoce mejor la obra si se hurguetea en la biografía del escritor, lo que podrá valer en algunos casos, como el de Truman Capote, D.H. Lawrence, Pedro Lemebel, Reinaldo Arenas, Fernando Vallejo, en fin, que todos voluntariamente abren el desván de su mundo íntimo y, en ocasiones, explicaban así su creatividad literaria. Pero no se entiende que para leer “Duerme, duerme, niño cristiano” o siquiera “Un pobre amor humillado arde en la casa que miro” haya que escarbar en lo recóndido de la intimidad de quien escribe.
No es ésta una columna literaria, ni su autor pretende competencia alguna en la materia. Pero sí ofende a la bioética quien pruriginosamente presenta pensamientos y afectos que “delatan” amores que en su tiempo fueron clandestinos, hoy solo muestran la pequeñez de quien se detiene a fisgonear en lo que es de cada uno. Pruriginoso porque insinúa pero no le pone nombre, porque se solaza con la pregunta ¿era o no era? Acaso sea en vano que hayan pasado más de 100 años desde que Lord Alfred Douglas, el amante de Oscar Wilde, hablara del “amor que no osa decir su nombre.”
Aún no aprendemos que ser gay o lesbiana es un modo de vivir que a nadie corresponde comentar o criticar. Que una poetisa lesbiana no por ello es menos poetisa. La publicación selectiva de las cartas de Gabriela Mistral poco tiene de erudición literaria, no alimenta el saber sino afectos de indiscreción e intolerancia, y se suma a las invasiones de intimidad que en nuestras sociedad no son infrecuentes. Si nuestra cultura se satisface con elucubraciones sobre la vida sexual de una persona hace ya 50 años fallecida, demuestra que mantiene vivas la inmadurez de enjuiciar e interferir en lo que es propio de cada uno, y que nos queda un largo camino por recorrer hacia la tolerancia, la ética del respeto, y el reconocimiento que proteger el mundo íntimo de las personas es misión fundamental de la bioética.





Posted by Roberto Cabrera Araya on September 11, 2009 at 09:34 AM CLT #
Posted by pedro on September 11, 2009 at 10:35 AM CLT #
Señor Roberto: no puede haber tolerancia en donde se sostienen estereotipos sobre "personas de mente amplia o de mente cerrada". La Verdad es funcional cuando se habla del ámbito público, de información que se necesita para la inserción en comunidad y una mayor autodeterminación. Sino cae en el burdo interés.
Posted by Pablo Casanova on September 11, 2009 at 11:55 AM CLT #
SIN EMBARGO, la sexualidad de la Mistral ya era conocida sin necesidad de violar la intimidad de sus cartas... a alguien le gustaría ver expuestas a la luz aquellos sentimientos que estaban dirigidos a una sola persona no más?
Posted by 190.160.41.102 on September 11, 2009 at 12:45 PM CLT #
Posted by Persémone on September 11, 2009 at 02:02 PM CLT #
Posted by Persémone on September 11, 2009 at 02:21 PM CLT #
Posted by Jaime on September 11, 2009 at 05:24 PM CLT #
Posted by Persémone on September 11, 2009 at 07:19 PM CLT #