Debate sobre debate
Dec. 20 , 2010
Hace algunos días las Facultades de Medicina de la Universidad de Chile y la Universidad Andrés Bello convocaron a un evento académico que se denominó “DEBATE PROPUESTAS COMISIÓN PRESIDENCIAL DE SALUD”. El evento consistió en la presentación de los contenidos del Informe que la Comisión había elaborado, publicado y presentado al Gobierno, sobre el estado actual de las políticas, programas e instituciones relacionadas con seguros y prestaciones de salud, así como proposiciones de reforma a todo el sistema de salud en Chile.
Los presentadores, anfitriones académicos y miembros de la Comisión, celebraron repetidamente la oportunidad de debatir sobre el Informe, pero nunca quedó claro lo que se entiende por debate. Las presentaciones fueron extensas, el espacio para preguntas acotado a escasos minutos, y todo esto en torno a un documento que ya había salido del horno de especialistas y enviado a su destino.
El vocablo debate tiene su raíz en el francés antiguo; débattre significa discutir pero también golpear, y en su raíz está battre (= golpear repetidamente), evolucionando a debatir (=luchar, discrepar), para depurarse al concepto de intercambiar argumentos con fines de esclarecimiento y acuerdo. El diccionario de sinónimos incluso autoriza a homologar el debate con la deliberación, con lo cual entramos en el terreno político que reconoce como insuficiente la democracia representativa y propende al desarrollo de la democracia deliberativa y participativa. Es decir, la sociedad civil es la que debe deliberar sobre políticas, leyes y programas gubernamentales que inciden sobre la vida ciudadana. Los políticos de vocación, no los profesionales de la política, como distinguía hace más de un siglo Max Weber, han de legitimar sus acciones desde el mandato que la sociedad deliberante y participativa les otorga.
Sin aspirar a tanto, es bochornoso que el cuidado de la salud de los chilenos sea planificada a puertas cerradas y en una mesa verde de “expertos”. Un blog no es escenario prudente para discutir el contenido de una reforma de salud contenida en centenar y medio de páginas, y aquí no se intenta analizar este documento que, por cierto, merece innumerables reparos tanto por su orientación ideológica y su visión ética del bien común, como por faltas al rigor lógico y a la solidez técnica de sus propuestas. Lo que primeramente preocupa es que un producto político de tamaña envergadura haya sido realizado de espaldas al conocimiento público y ahora ofenda al mundo académico invitándolo a un supuesto debate donde no puede ser más que mero receptor de un resumen informativo.
Coincide esta negativa a un debate real y productivo, con el renacimiento, una vez más, de polémicas en torno al aborto. Sin entrar en la discusión de fondo, lo que primeramente llama la atención es la incapacidad y falta de voluntad de deliberar sobre el tema. No hace mucho se rechazó incorporarlo a la agenda legislativa, señalando que el aborto es asunto valórico que no puede ser motivo de debate en el Parlamento. Ahora, una iniciativa de volver a pensar en interrumpir embarazos de fetos no viables, ciertamente un acercamiento muy prudente y tímido al tema, ha desencadenado propuestas de sanción político-partidista que, sin entrar en argumento alguno, simplemente busca castigar a quien tuvo la idea de plantear el tema. En suma, prohibición de debate y sanción a quien osa sugerirlo.
En el intertanto, ya se blanden las plumas que no tienen pudor en dirigir cartas a la prensa iterando lo que innumerables veces se ha dicho, y cayendo en errores conceptuales que no esclarecen la propia posición sino que robustecen a los opositores que se solazan en estos equívocos. Con caballería ligera no se puede pretender señalar que el ser humano comienza con la concepción o, a la inversa, que no hay embrión mientras no comience la formación del sistema nervioso y la posibilidad de sufrir dolor. Estas posturas no son verdades científicas, son modos de dar fe a creencias y valores que nunca podrán ser universales. Tampoco tiene sentido insistir en la sacralidad de toda vida, si quienes así argumentan no están dispuestos a cuidar que el embarazo no deseado dé nacimiento a un niño que tendrá asegurado el albergue social que la madre no puede o no está dispuesta a conceder.
No se trata, aquí y ahora, de argumentar a favor o en contra del aborto, sino de reclamar nuestra incompetencia de elaborar argumentaciones. Es preciso recordar, más bien, que la ética de la comunicación, entre nosotros enfatizada por las frecuentes visitas de la filósofa española Adela Cortina, exige la participación indiscriminada de todos, la diversidad de posturas y argumentaciones, el mandato de evitar exclusiones de personas y censuras de temas. Mientras la participación ciudadana en procesos democráticos se limite a la obligación de votar periódicamente por candidatos seleccionados por partidos políticos, sin otra oportunidad de legitimar las políticas públicas de impacto social, poca democracia tendremos.





Posted by José Tomás Alvarado on December 20, 2010 at 11:13 AM CLST #
Posted by Isaías on December 20, 2010 at 11:22 AM CLST #
Posted by 201.213.53.145 on December 20, 2010 at 12:25 PM CLST #
disponible), morirían la madre y el niño.
Posted by 201.213.53.145 on December 20, 2010 at 12:29 PM CLST #
Posted by edmundo on December 20, 2010 at 01:51 PM CLST #
Posted by Haydee on December 20, 2010 at 02:59 PM CLST #
Posted by Haydee on December 20, 2010 at 03:03 PM CLST #