Confiar y conquistar
May. 19 , 2009
El cada vez más complejo entramado de las sociedades contemporáneas ha sumergido muchas actividades en el anonimato: no sabemos lo que ocurre al interior de un banco, en el gabinete ministerial, en la trastienda de una fábrica de alimentos, o en los engranajes administrativos y técnicos de un hospital. Como en la vida cotidiana debemos recurrir a estas instancias, lo haremos en la confianza que en su interior todo marcha bien y que nuestros intereses particulares, aunque sean unos entre millares, serán adecuadamente controlados.
La necesidad de confiar en la pericia de choferes y pilotos, fabricantes de automóviles, gasfíteres o médicos, se acompaña de una creciente pérdida efectiva de esta confianza. Hay una crisis de confianza, nos dicen filósofos y sociólogos, pero eso lo sabemos y vivimos sin necesidad de erudición externa, no restándonos otra salida que contratar seguros para reducir nuestra desconfianza, pero a costa de agregar la desconfiada sospecha que la compañía de seguros tratará, a su vez, de eludir responsabilidades y compensaciones en la medida que le sea posible.
Cuando se defrauda la confianza en el gasfíter, corre agua; cuando es el médico, se derrama sangre. La sospecha que los “maestros” no siempre hacen bien las cosas, ya está asumida, pero si la desconfianza se genera frente a la medicina, cunde el desamparo y la desazón, la queja, la demanda, el escape hacia medicinas alternativas, fenómenos detectados en muchas sociedades.
La medicina sin confianza no funciona, ya que se basa en la consulta del enfermo a una instancia a la cual le ha de encargar los cuidados de su salud y los tratamientos de sus males, de manera que los encuentros clínicos precisan de una dosis de confianza sin la cual no se podrían iniciar. Por ende, si cunde la desconfianza, es porque la medicina defrauda. Problema mayor que la profesión ha debido encarar sufriendo críticas y un aumento lamentable de demandas judiciales, y que trata de paliar con una enseñanza universitaria cada vez más intensa de bioética, una asignatura que abarca la ética médica, pero también la ética de salud pública, la de investigación biomédica, la ecológica, y la formación de los profesionales de la salud para participar en los debates ciudadanos que nos atañen a todos en materias como clonación humana, xenotrasplantes, nanotecnología, neurociencias y mucho más. Lo foráneo de estos términos demuestra la necesidad de introducirlos en la deliberación de la sociedad civil.
Las conquistas y apropiaciones de poder son males sociales que minan la confianza necesaria para convivir. La confianza perdida deber ser reconquistada en forma pacífica. La peor manera de recuperar confianza es provocando o tolerando descalabros como los ocurridos en nuestro sistema sanitario con preocupante frecuencia: fallas de notificación, inauguración de hospitales fantasmas, crisis de atención con consecuencias fatales, confusión de hospital con ferretería. Lo que se ve hace sospechar que hay más.
Aun con toda tolerancia y aceptación de los riesgos, fallas e incompetencias inevitables en sistemas complejos y de financiamiento precario, lo que aumenta en forma desmedida la desconfianza en nuestras instituciones sanitarias es el enfrentamiento y el manejo de estas crisis. Hay declaraciones oficiales que minimizan el daño y lanzan la pelota de vuelta con la acusación de alarmistas. Hay promesas de indagación y planes de reparación, de los cuales no se rinde cuentas, sumarios anunciados de cuya evolución nada se sabe. Se nombra directores de hospital interinos que son reemplazados por otros también interinos, se interviene un hospital pero, como se producen nuevos y graves incidentes, se dictamina más de lo mismo mediante una segunda intervención.
Cuando en un marco reglamentario y legal se producen desastres, no tiene sentido aferrarse al marco en vez de estrujar la imaginación y promover programas y soluciones extraordinarios, sean o no conformes a estatutos y presupuestos obviamente inadecuados. Es la capacidad de resolución de problemas y la visibilidad de iniciativas reparadoras, los que podrán ir recuperando la confianza en nuestro sistema sanitario. Nadie imputó culpa a los metereólogos ni a los que fallaron en las medidas precautorias cuando Katrina arrasó con Nueva Orleans, pero la población quedó muy defraudada con las insuficiencias de medidas de reparación y compensación de la administración Bush.
Los medios de comunicación hacen lo suyo en perpetuar la crisis de confianza. Noticias elevadas a nivel de escándalo con escaso conocimiento de los hechos, opiniones de autoridades, afectados y entrometidos que no son ponderadas en cuanto a veracidad, de manera que un paciente puede albergar 2 metros de sonda que según unos está bajo el cuero cabelludo, según otros al interior del cerebro; sin que se informe acaso el paciente sabía o no de esta ¿complicación?, ¿negligencia?, ¿hallazgo?, ¿intervención quirúrgica programada?
La reconquista de confianza debe incluir a protagonistas, a informantes y a comunicadores.
Confucio enseña que para gobernar se requiere armas, alimentos y confianza. Olvidemos las armas.





en ámbitos tan fundamentales como en la medicina recobrar esta confianza es fundamental, una de las herramientas necesarias es la transparencia y el acceso a la información. en la medida en que el "semidios" se hace humano, creo que se logrará conocer a los médicos. un gran paso en el camino de la reconstrucción de confianzas.
Posted by Flo on May 19, 2009 at 03:09 PM CLT #
Posted by Fantomas on May 19, 2009 at 05:58 PM CLT #
Posted by Fantomas on May 19, 2009 at 06:10 PM CLT #
Posted by Felipe on May 19, 2009 at 07:59 PM CLT #