Miguel Kottow

Bioética y Pensamiento Médico

 

Autonomía I

Apr. 27 , 2009

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Quienes tienen miedo al concepto de autonomía, no han reflexionado sobre lo ambiguo que es. Auto significa “por sí mismo”, resulta que va seguido del sufijo nomos que significa norma. Y las normas son producto de deliberación social destinada a regular acciones en forma igual para todos. En toda asociación de personas hay normas que regulan la convivencia de la familia, de la comunidad, del oficio,  de la sociedad.

Lo que cada uno hace por sí mismo es seleccionar el conjunto de normas por las que está dispuesto a regirse: la norma familiar, la profesional, la del club, la de una doctrina religiosa. Lo cual no libera de cumplir ciertas normas universales, que se anclan en leyes o en convencimientos morales ampliamente aceptados. Visto así, la autonomía es garante de un comportamiento respetuoso y ético. Quien decidió ser médico o profesor, conoce las normas profesionales que rigen su conducta y que autónomamente ha decidido respetar, mereciendo  así la confianza de quienes hacen uso de sus servicios.

El ser humano es intrínsecamente autónomo, nadie le concede la autonomía ni es posible restársela. Lo que está sujeto a variaciones y abusos es el ejercicio de la autonomía, que puede ser deficitario por razones orgánicas o por circunstancias contextuales. Un niño de 2 años, una persona en coma irreversible, un individuo con severo deterioro mental, carecen de la capacidad racional para tomar decisiones autónomas. Pero un niño de 11 años, un muchacho con síndrome de Down, una persona analfabeta, un ser humano con severas falencias socioeconómicas, es autónoma;  si hay dudas sobre su capacidad de ejercer la autonomía, hay modos de auscultar su capacidad de comprensión y de decisión, para evitar el atropello de tomar decisiones por quien podría perfectamente hacerlo por sí mismo.

Nos visita una distinguida filósofa y se declara contraria a los plebiscitos en materias bioéticas. Para una deliberación solvente tendríamos el parlamento que delibera y concluye. Así es en una democracia representativa, pero el legislador no puede representar si no conoce la opinión de sus representados, si no los hace partícipes en el ejercicio del poder público. Y eso se logra en una democracia participativa, donde la ciudadanía opina y se hace oír, ejerce su autonomía en materias que les conciernen personalmente. Uno de los instrumentos cívicos que se viene implementando en más de 100 naciones es la creación de una Comisión Nacional de Bioética, que también Chile fue promulgada por la Ley 20120 de Septiembre de 2006, pero que no ha tenido indicio alguno de implementación. De una Comisión Nacional cabe esperar que asesore a los poderes públicos en su afán de normal y legislar en materias que solían ser personales, desde todo lo relacionado con el comienzo de la vida –fertilización, contracepción, estatuto del embrión-, hasta los finales de la vida –proceso de muerte, conceptos y definiciones de muerte, tratamientos médicos en enfermedades críticas-. Además de estas labores de asesoría informada, una Comisión Nacional es portavoz de la sociedad cívica, teniendo funciones de educación, de debate y finalmente de representación del sentir ciudadano para que los legisladores lo tomen en cuenta.

No hay, no debe haber, divergencia entre el orden social y la autonomía individual. Lo dice claramente el sociólogo Alain Touraine: “El espíritu de la libertad supone también que la ley sea respetada…lo que mantiene abierto el camino de la libertad es la libertad entre la razón y el sujeto, diálogo que no debe, diálogo que no debe interrumpirse ni acabarse.”

Leo en el comentario que un autor de blog hace de su propio texto sobre las decisiones enfermedades críticas y el proceso de muerte, al preguntarse si la voluntad individual ha de obedecer a la propia autonomía, a la medicina, a la justicia o a Dios. En una cultura que toma el ejercicio de la autonomía en serio, la respuesta no puede ser otra que la voluntad debe obedecerse a sí misma, lo que por cierto incluye el derecho de delegar las decisiones sensibles, voluntariamente también, al prójimo, al médico, al juez o a creencia religiosa.



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En los tiempos que corren, urgen vías, que permitan a los seres humanos optar por la vida en el sentido más profundo y amplio del término. La vida nos impone el llamado a ser nosotros mismos algo difícil de lograr en la marea informativa dela era tecnológica.Donde se suceden descubrimientos científicos, nuevas teorías y contrateorías,que obedecen más bien a intereses comerciales que al bien común. Inmersos en la cotidianeidad ¿qué nos queda?: Comisión Nacional de Bioética. Viva Chile.

Posted by Ana cofré on April 28, 2009 at 04:30 PM CLT #

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