Abusos sexuales
May. 12 , 2009
Convincentes resultan las palabras de Juan Pablo II quien en su encíclica “Veritatis splendor” señala que aquellos “actos que, en la tradición moral de la Iglesia, han sido denominados <intrínsecamente malos> ( <intrinsece malum> ), lo son siempre y por sí mismos, es decir, por su objeto, independientemente de las ulteriores intenciones de quien actúa y de las circunstancias.” Apoyadas en San Agustín y la tradición eclesiástica, quedan establecidas “las normas que prohíben tales actos y que obligan <semper et pro semper>, o sea, sin excepción alguna.”
Totalmente de acuerdo, sólo quedando abierta la pregunta quién determina lo que es intrínsecamente malo y para quienes es válida esta determinación. En ese sentido, dicho sea sin intención alguna de irrespetuosidad, la ética laica le lleva cierta ventaja a la religiosa, porque posee al menos un presupuesto fundamental de carácter universal e independiente de creencias: “No dañar”. Sea quien sea, piense lo que piense o crea lo que crea, nadie tiene derecho de causar daño injustificado a otros, una exigencia fácil de extender más allá de la especie humana para abarcar a otros seres vivos e incluso a la naturaleza inerte.
¿A qué vienen estas precisiones? Pues, que en la cultura tardomoderna se habla mucho de tolerancia y pluralidad, este mismo blog lo hace, lo que ha llevado a la frecuente crítica de relativismo, como si el desencanto con principios éticos fuese signo de anarquía moral. Todo lo contrario, la insistencia en principios inamovibles crea un clima restrictivo que atenta contra un ética límpida. Precisamente por ello, la ética no comprometida con doctrinas o principios ancla en ese fundamento que es la prohibición inexcusable de no provocar daños: dañar es el acto intrínsecamente malo.
Desde esta plataforma, mínima en lo conceptual pero enorme frente a la historia y las realidades sociales de la humanidad, se produce una profunda desazón si el daño aparece ponderado cuantitativamente. Desde Francia se han levantado más de una vez voces conciliatorias que consideran que el genocidio provocado por el Tercer Reich fue menor de lo documentado. En los últimos meses la prensa ofrece la noticia de padres que violan sistemáticamente y durante decenios a sus hijas, con las que tienen hijos-nietos, y lo que espanta y titila es la larga duración de estas barbaridades y la cuantiosa estirpe que generan.
¿Acaso la violación aislada, sin consecuencias fecundas, es un mal de menor cuantía que la barbarie sostenida de sujetos que procrean siete hijos violando a su propia hija, “monstruosidades”, estas sí, que permanecen ocultas durante tanto tiempo y en medio de una sociedad incapaz de detectarlas? ¿Y que el desencadenante de la delación no sea esta tragedia que destroza vidas, sino la gota que rebalsa porque el “padre” violador ahora ambiciona convertirse en “abuelo” esturpador?
Simultáneamente, la sociedad hace visible su profunda desazón frente a delitos sexuales, proponiendo una serie de medidas punitivas contra quienes sean culpables de delitos sexuales contra menores. Por cierto, no puede ser de otro modo que castigar a quien se descarrila en forma tan grotesca de la decencia y la moral. Recibirán pena de cárcel y luego un control muy compacto de sus actividades. Parecería que la gravedad de los abusos sexuales tuviese tonalidades y matices y, por ende, un mosaico de respuestas punitivas.
¿No pasará por la turbia mente del delincuente sexual que más vale ocultar mejor y llevar al máximo de clandestinidad sus anormalidades? Si por un lado es posible mantener un hogar incestuoso durante décadas y, por otro lado, la detección de actos delictivos lleva a castigos pero no a evitar que a futuro se cometan, resulta que la sociedad está dando una doble muestra de inefectividad: no sabe detectar y no sabe prevenir o corregir.
Ya lo reclamamos una vez: los castigos son necesarios, pero no solucionan gran cosa, no mejoran nuestro clima moral y tienen el riesgo de ocultar las barbaridades, sin disminuirlas. El látigo es enemigo de la transparencia y ésta ha de ser hija de la reflexión ética.





En que minuto el Monstruo que comete estas barbaridades, comienza a ser un "monstruo"?.... quepaso?, para que esa persona cometiera tales abusos? . Creo que somos una sociedad que no ha sido capaz de prevenir, no hemos sido capaces de enseñar criterio a nuestros hijos, no somos capaces de trans mitir valores a nuestros jovenes.
El remedio no es, mas castigo, es buscar en la raiz del problema y buscar soluciones.
Posted by GUILLERMO G on May 12, 2009 at 10:09 AM CLT #
Posted by pedro on May 12, 2009 at 03:59 PM CLT #
Posted by CAROLINA COYA on May 12, 2009 at 04:50 PM CLT #
Los árboles crecidos chuecos ya no se pueden enderezar. No tuvieron tutor. Somos los tutores de los arbolitos nuevos.
Debemos centrar nuestros esfuerzos en los nuevos núcleos familiares.
Cada día vemos tristes acontecimientos.¡Ya sucedieron! Solo queda trabajar para que no acontezca
Posted by fortunato on May 12, 2009 at 05:19 PM CLT #
Como prevenir sin saber la causa? Como educar si la TV es la q'ha tomado el rol de los padres? Como dar tiempo si vivimos desesperados trabajando para pagar y los hijos quedan solos? Como ordenar nuestras prioridades, vivir mas modestamente pero de mas calidad? Al igual q'la obesidad el quid no esta en cuanto comes sino en la calidad. Aca tambien, prioridad de valores y sacrificio sin TV.
Posted by Sergio on May 13, 2009 at 08:04 AM CLT #
Posted by RODRIGO DONOSO OGALDE on May 13, 2009 at 08:45 AM CLT #
El derecho, como orden normativo mira sólo a los actos exteriores de la persona, y en particular a aquellos que pueden dañar a otros. La moral, como orden normativo, mira al acto tanto en su fase interna (idea, voluntad) como externa (resultado, daño) para juzgar su moralidad.
Debo distinguir para no decir "moral" cuando quiero decir "derecho".
Posted by Patricio Acevedo on May 13, 2009 at 09:27 AM CLT #
Posted by Fantomas on May 13, 2009 at 01:14 PM CLT #