Sobre la objeción de conciencia
Feb. 23 , 2010
A comienzos del siglo pasado, propuso el sociólogo y economista Max
Weber (1864-1920) que la tradicional ética de conciencia se había
vuelto insuficiente en una sociedad tan compleja que las personas
estaban en permanente interacción, influyéndose mutuamente en su
quehacer y por lo tanto llamadas a responder ante los demás por sus
decisiones y acciones. Inauguraba así la ética de responsabilidad, de
carácter interpersonal. Ya no bastaría con someterse únicamente a la
propia conciencia para juzgar acaso se cumple, o se trasgrede, alguna
norma ética. Ya no se podía ser juez y parte del propio actuar, ni
sería suficiente decidir cuándo se actúa “en buena conciencia” o se
debe padecer los aguijones de una “mala conciencia”. La evaluación
ética deja de ser asunto personal, ni obedece ya solo a alguna
trascendencia frente a la cual se estima ser juzgado. Son ahora los
demás, los afectados y las instancias sociales que regulan la
convivencia comunitaria, quienes mensuran nuestros actos y nos llaman a
responder por ellos.

