Marco Antonio Solís: Hermano coraje
Nov. 21 , 2009
Publicado en La Tercera, 21/11/09
Fue por las películas de mariachis. Esas de balazos, serenatas en balcones y delirios de cowboy tercermundista que animaban los rotativos en blanco y negro de los cines de barrio. Porque así era la cosa en el Chile de los años 40, así mataban las horas los que hoy malcrían nietos y peinan canas y así fue como llegó la música ranchera al país.
Como un culto que se afincó en el Sur del país y que fue cruzando generaciones, a través del repertorio de gente como Jorge Negrete, Pedro Infante y el infalible Miguel Aceves Mejía, el del mechón blanco y canciones como El preso número nueve.
Marco Antonio Solís no cuelga guitarrones ni anda con sombrero de ala ancha ni amenazando con disparos al aire arriba de una yegua chúcara. Pero es el último de los mexicano queridos en esta tierra, el más reciente heredero de un nicho histórico en el país y que ha tenido otros replicantes recientes, como Juan Gabriel y Pedro Fernández. De ahí lo de "Sandokán" (por el parecido con el actor indio Kabir Bedi, que llevó a la televisión las aventutas del corsario), lo del "Jesús del Atalaya" (porque también es idéntico a esas ilustraciones de publicaciones evangélicas) y de otros tantos apodos que cuelga el ex Buki y que no son más que muestras elocuentes de cómo se quiere en Chile al amigo cuando es ranchero.
Porque en la personalidad del mexicano de 49 años, que tocaba anoche y hoy en el Movistar Arena, que viene bien seguido al país, aunque nunca parece agotar a nadie, se sintetizan algunas cuestiones que no tienen cómo fallar en el mundo de la música popular. De partida, es liviano de sangre. No se mete en honduras políticas ni tampoco se le conocen polémicas maritales ni escándalos financieros.
Se le ve humilde y siempre agradecido de Dios y "las oportunidades que le dio la vida", como repite seguido. Arriba del escenario, el tipo se las sabe por libro. Saluda a sus "mamitas" y no anda de estratega por la vida tratando de calcular sus tiempos, porque de entrada canta lo que todos quieren escuchar y las veces que sea necesario.
Así lo han hecho siempre los mexicanos. Cantando con voz de macho y timbre viril sobre versos de amores y rupturas y orgullos heridos sin mayor sofisticación sobre el complejo universo de las relaciones humanas. Cómo negarse a esa poética tan sencilla como eficaz de canciones como O me voy o te vas ( "si te hago tanto mal/ mejor déjame tranquilo/ antes que se rompa el hilo que quedó / sosteniendo lo poco que se salvó/ de nuestro amor" ) y menos si viene de un tipo que parece ser uno más, uno que da la idea que podría terminar comiendo en la casa de cualquiera de sus fanáticas después del recital. Porque Solís es el último de un canto que en chile se guarda y conserva con cariño.




Posted by FRANCISCA on November 21, 2009 at 10:26 PM CLST #
Posted by Mexico-Chile on November 22, 2009 at 12:22 AM CLST #
Posted by Leo. on November 24, 2009 at 11:28 AM CLST #
Vamos, que Living Colour y Gogol Bordello pasaron desapercibidos para "los medios", casi ninguneados, y ni quiera Jürgensen les dedicó un par de líneas.
Triste para los que estamos en la vereda que vale la pena.
Posted by Andrés N. on November 24, 2009 at 02:17 PM CLST #