Pago por ver
Nov. 20 , 2009
Quién sabe si va a prosperar. Si después de tanto trámite, citaciones y demoras, de todo lo que tiene que aguantar el que quiere reivindicar sus derechos en tribunales, quedarán ganas de seguir dando la pelea. Pero la iniciativa legal tomada esta semana por un centenar de fans de la música, de seguidores republicanos dispuestos a ir al choque por lo que consideran un trato injusto, ya marca un hito en la vieja historia de los seguidores insatisfechos tras asistir a un "megaconcierto" en Chile.
Ellos son los que fueron a ver a Depeche Mode al Club Hípico, en octubre pasado, y no vieron un carajo. O terminaron siguiendo a Dave Gahan por las pantallas ubicadas en Cancha General o tuvieron que caminar 20 minutos desde la calle Blanco Encalada hasta donde estaba el escenario, o que ingresaron apretujados como una manada por los estrechos pórticos del viejo recinto para carreras de caballos y que es el lugar "de emergencia" para grandes convocatorias en Chile, tomando en cuenta que el Nacional -que tampoco es un portento de buena infraestructura- está en remodelaciones.
Puede que no pase nada, que este alegato se lo lleve el viento, que la vieja costumbre chilena de andar quejándose para callado siga abortando cualquier posibilidad formal de compensación. Pero no deja de ser saludable que el consumidor local se esté cansando de que le miren las canillas. Porque más allá de las coyunturas, de la crisis internacional y de que haya recintos bien habilitados como el Movistar Arena o el Teatro Caupolicán, lo cierto es que la industria del espectáculo en vivo se ha dado un festín en Chile y se las ha llevado peladas. Cambiando recintos a última hora y replicando ubicaciones de estadio con galerías mecano. Ofreciendo galas carísimas en condiciones que no dan ni para festival escolar. Sumando ubicaciones con precios de localidades antiguas y dividiendo los recintos para su mayor conveniencia (sobre todo cuando la convocatoria es baja).
Pasamos de tener nada, de no estar en el mapa, a tener una agenda abultada de conciertos, pero que está en tierra de nadie. Porque este aún no es un rubro ciento por ciento profesional en Chile y porque eso también es culpa del público local que no ha evolucionado -como en Argentina y España- hasta exigir un servicio que esté acorde al nivel de los artistas que vienen. Tal vez sea momento de dejar de ser un mero espectador del show de turno para convertirse en el protagonista activo en esta contienda que es de largo aliento.

