Un paro por odio a la centroderecha
Por eso me duele el paro. Porque, al final del día, es la utilización del odio en política, tendiente al incremento del descontento popular. Porque son expresión de resentimiento y del disenso más que del diálogo y del consenso. Me molestan los paros porque, con sagacidad, pretenden exacerbar la animadversión. El odio, bien lo sabía Stalin, es el motor revolucionario y un buen negocio en política.
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