Una igualdad que no se nombra
Apr. 03 , 2009
Publicado en revista Qué Pasa, 03 de abril de 2009
Buena parte del debate político reciente se relaciona con el cambio del sistema electoral binominal, la inscripción automática, el voto voluntario, el voto de los chilenos en el exterior y la participación política femenina. Lo llamativo es que el debate no se asocia a la necesidad de una mayor igualdad política. A lo sumo, se vincula con la ruptura de la "exclusión" que viven ciertos sectores. La manera de referirse a estos asuntos se explica, entre otros factores, por la dificultad para admitir la desigualdad existente, donde quiera que ella se encuentre.
De esta igualdad elusiva, la igualdad política, se trata uno de los más recientes libros del profesor emérito de ciencia política de la Universidad de Yale, Robert Dahl. Autor de culto para los politólogos, ha dedicado toda su vida a reflexionar acerca del funcionamiento de la democracia. A partir de la experiencia norteamericana, pero con preocupaciones de utilidad para otros contextos, se pregunta acerca de cuán hospitalario será el mundo del siglo XXI para la igualdad política, declarando que su existencia es una premisa fundamental de la democracia. A su juicio, "no se ha entendido bien su significado, su relación con la democracia y con la distribución de los recursos que un ciudadano debe utilizar para influir en las decisiones públicas".
Luego de indicar las características de una democracia ideal, entre las que destacan la participación efectiva, la igualdad en la votación, la inclusión y los derechos fundamentales, Dahl analiza los movimientos hacia la igualdad política, poniendo particular atención en las condiciones necesarias para que se produzca el rechazo hacia la ideología con la que la elite se empeña en legitimar su superioridad y lo justo de sus derechos. En este punto, resulta inevitable evocar el argumento difundido por ciertos sectores políticos y académicos en nuestro país para legitimar el sistema binominal al que debiéramos agradecer, según ellos, la gobernabilidad democrática existente. A la hora de preguntarse por las motivaciones que llevan a los seres humanos a cambiar el statu quo a fin de lograr una mayor igualdad política no bastaría, según el autor, recurrir a argumentos racionales sino a un amplio rango de conductas motivadas por "el altruismo, la compasión, la empatía, la simpatía, la envidia, la indignación y el odio". Advierte, además, que para que las victorias no sean efímeras, deben sustentarse en instituciones. No es trivial el temor al retroceso que sienten los grupos organizados de mujeres en Chile por cuanto la paridad ministerial, que visibilizó políticamente a las mujeres, depende únicamente de la voluntad de la presidenta Bachelet.
Dahl se interna en las barreras para la igualdad política, discutiendo la distribución desigual de recursos, habilidades e incentivos políticos; los límites de tiempo irreducibles; el tamaño de los sistemas políticos; la preponderancia de la economía de mercado, que considera dañina cuando funciona sin regulación; la existencia de sistemas internacionales que, aunque importantes, pudieran no ser democráticos y las inevitables crisis severas. Aunque el pronóstico sobre la igualdad política en su país es más bien sombrío mientras no se sustituya la cultura consumista dominante por una cultura de la ciudadanía, finaliza con propuestas que permitirían enfrenta las desigualdades sociales, económicas y políticas producidas, a su juicio, por el capitalismo de mercado.
Este libro no puede estar más vigente. Las reformas políticas que se están impulsando en Chile vienen precedidas de un debate que parece enfatizar la libertad, olvidando la igualdad y la responsabilidad. Luego de cerrar la última página, queda la duda de si, de haberlo leído, más de algún honorable no lo hubiera pensado dos veces antes de inclinarse favorablemente por el voto voluntario.
Frase destacada: "Es una ironía histórica fundamental que mientras Marx pudo haber exagerado considerablemente la influencia de las estructuras económicas en la cultura, los sistemas del capitalismo de mercado parezcan promover una cultura 'consumista' que debilita enormemente cualquier oposición potencial al capitalismo y de la misma manera fortalece a sus defensores".
Recomendado a: Quienes se toman las reformas políticas a la ligera, por rechazo o por flojera, y para los individualistas meritocráticos, miopes a los reclamos por más igualdad.
"La igualdad política"
Robert Dahl
$ 7.980
En www.antártica.cl




