María de los Angeles Fernández

Esto es sin llorar

 

Un sello contagioso

May. 22 , 2009

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Publicado en Ideas y Debates de La Tercera, 22 de mayo de 2009

Hay momentos en la vida de un país cuya importancia no se discute. Es el caso del mensaje presidencial del 21 de mayo. Más allá del ritual, este año fue especial: el último en La Moneda de la primera mujer Presidenta, en un contexto donde confluyen la crisis global y el desafío electoral presidencial.

Si bien existe la tentación de analizarlo mediante el recurso al "zoom" de las medidas, hurgueteando en lo que no se dijo, en esta oportunidad -si se quiere ser riguroso- debe hacerse en el horizonte de los tres años de mandato y del inminente Bicentenario. Ese fue el punto de partida de la Mandataria.

Por otra parte, si bien se sospecha que no es posible que el casi 70% de aprobación presidencial se sustente en base a puro cariño y simpatía, sino al sello de la protección social, el mensaje brindó la oportunidad para confirmarlo discursivamente. Resulta sorprendente la cantidad de tareas comprometidas en el ámbito de las políticas sociales superando la lógica asistencialista   -que, sin embargo, aún se refleja en la asignación de bonos- gracias a la generación de bases financieras estables para concretar los beneficios prometidos.

El Plan de Estímulo Fiscal, el Programa Chile Crece Contigo, el Acuerdo Nacional por el Empleo, la ampliación del Plan Auge, la Reforma Previsional son algunos ejemplos de cómo esta impronta, que los estudios de género denominan "ética del cuidado", ha ido configurando lo que anteriormente, en plena crisis "pingüina" y con un esperpéntico Transantiago, parecía una quimera: una red integral que haga efectivos los derechos sociales de los ciudadanos.

Recordemos que la Presidenta enfrentó reclamos de sirios y troyanos. Unos, que advertían del riesgo de instalar un artilugio, a su juicio, vetusto como era un Estado de Bienestar en Chile, sin priorizar el crecimiento y la competitividad. Otros, que urgían por utilizar la inesperada bonanza cuprífera para atender las necesidades que Chile todavía enfrenta. Poco importa si la Presidenta no escuchó tanto canto de sirena por convicción propia o por consejos ajenos. Quien gobierna es juzgado por sus resultados, y éstos también se logran gracias a la capacidad para elegir a los colaboradores adecuados.

La Presidenta les recordó a los parlamentarios el trabajo pendiente en materia legislativa y en donde las reformas políticas componen una agenda sustantiva. También, agradeció su apoyo a iniciativas como la aprobación del Plan de Estímulo Fiscal y del convenio 169 de la OIT, así como la habilitación al Estado para adherir al tratado que crea el Tribunal Penal Internacional. Al final del día, queda la impresión de que la colaboración entre ambos poderes del Estado es mayor que las escaramuzas mediáticas entre la dirigencia política.

Otra tentación es interpretar el mensaje como una lista de anuncios, obviando una dimensión importante en política: la moral. No sólo se le ha dicho a la ciudadanía que no se verá desamparada y que la actual adversidad no es una fatalidad, sino una contingencia que, bajo ciertas condiciones, podrá ser sorteada; también, que existe la posibilidad de ahuyentar el fantasma del individualismo y la exclusión para seguir construyendo un país marcado por la solidaridad,  la reciprocidad y el compromiso. La protección social, eje del mensaje, no sólo se reconoce ya como un legado sino que, ahora, resulta que es contagiosa. Basta escuchar al abanderado de la Alianza, quien la celebra y se ha comprometido a extenderla.

¿No supone esto, acaso, la cuadratura del círculo?



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