El género soy yo
Apr. 12 , 2010
Publicado en www.revistamacarena.com
La primera persona que llega a un lugar que se considera inaccesible para su condición corre el peligro de ser recordada sólo por eso. Ser pionero constituye, de por sí, una hazaña. Sin embargo, es casi seguro que el protagonista de esta acción aspira a ser recordado por algo más que por eso.
Más de un analista político ha señalado que, siendo Michelle Bachelet la primera mujer que llega en Chile a la primera magistratura, se exponía a este riesgo. Momentos como la ruidosa implementación del plan de transporte capitalino, conocido como Transantiago o la rebelión de los estudiantes secundarios entregaron elementos para abundar en su supuesta falta de autoridad e incapacidad, eclipsando otros avances que se iban produciendo en forma paralela como la histórica aprobación de la reforma previsional o la puesta en marcha de la mayor cantidad de salas cuna en toda la historia republicana del país.
Posteriormente, la crisis financiera internacional brindó la oportunidad para que la Presidenta capitalizara decisiones previas de ahorro del superávit fiscal por la venta del cobre, en su momento incomprendidas, pero que le permitieron disponer de recursos para responder a los impactos que dicha crisis produjo en las vidas de muchos chilenos. Por tanto, y sin lugar a dudas, son variados y evidentes los aspectos que permitirán reconocer su legado pero hay uno que nadie pareciera discutir, incluso, fuera de nuestras fronteras. Nos referimos a su agenda de género.
Ya siendo candidata, y desoyendo los consejos de expertos electorales, no trepidó en desarrollar un discurso en nombre del género, develando las discriminaciones derivadas del orden patriarcal. Resultaba novedoso. Ninguna de sus predecesoras lo había hecho antes y la chilena es una sociedad reconocidamente conservadora. Al llegar a la Presidencia, lo convirtió en un asunto de Estado. Termina su mandato entregándole la banda presidencial al primer gobierno de derecha que accede a la Presidencia en cincuenta años.
El Presidente Piñera, que recibió más adhesión electoral femenina que el candidato de la coalición de la propia Presidenta, la Concertación de Partidos por la Democracia, discontinuó la paridad en el nombramiento de su gabinete, arrojando por la borda el liderazgo internacional que Chile venía ostentando en presencia ministerial femenina.
Si la paridad no se sostuvo y las chilenas votaron mayoritariamente por un candidato de derecha, cabe preguntarse por los logros concretos en materia de igualdad de género. Es justo reconocer que se formularon abundantes leyes, pero eso también sucedió en los gobiernos anteriores. Más relevante pareciera ser la aplicación de la mirada de género en la reforma previsional, que incorpora un bono por hijo(a) vivo(a) y autoriza que parte del ahorro previsional del cónyuge pueda destinarse al pago de una compensación económica decretada en un juicio de divorcio. Con la derrota, además, surgen legítimas aprehensiones acerca del destino que correrán los avances logrados en veinte años, tales como la instalación de igualdad de oportunidades en la agenda política y la formulación de políticas y programas y la estrategia de transversalización del enfoque de género, por poner algunos ejemplos. Recordemos que fueron los gobiernos de la Concertación quienes instalaron el Servicio Nacional de la Mujer (Sernam), en 1991, con rango de ministerio, el Consejo de Ministras y Ministros por la Igualdad de Oportunidades (2000) y el Sistema de Equidad de Género en el Programa de Mejoramiento de la Gestión (PMG).
Quedaron, por otra parte, importantes asuntos pendientes, algunos con rango de promesa repetitiva, que suscitan preguntas. ¿Por qué el ejecutivo no le colocó urgencia legislativa al proyecto de participación política equilibrada entre hombres y mujeres, de forma de generar acciones positivas que comprometiesen la presencia política femenina con efectos vinculantes?, ¿por qué no se avanzó en la ratificación del protocolo de la Convención contra la Discriminación de la Mujer (CEDAW), entrampado en el Congreso desde el 2001? ¿por qué no se crearon nuevos instrumentos que permitieran comprometer todavía más al Estado en el camino de avanzar en la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres?
Las explicaciones corren, al menos, por dos vías: desde que el compromiso de Michelle Bachelet con los temas de género era un asunto personal, pero sin la compañía de una visión estratégica que anticipase contratiempos o bien que, si existió esta visión, fue barrida por los problemas diversos que su gestión debió enfrentar.
Como sea, Michelle Bachelet será recordada por su vínculo con la igualdad de género. Con propiedad, bien podría afirmar “el género soy yo”. Confiemos en que ahora, con un gobierno que plantea un retorno (o “retroceso”) al orden de género tradicional, aunque reforzado, organizando sus propuestas en torno a la división sexual del trabajo y la adscripción de las mujeres a sus funciones de esposa y madre, no sea necesario que la ex presidenta, además, tenga que decir “después de mí, el diluvio”.





Posted by Fantomas on April 12, 2010 at 05:17 PM CLT #