El código Bachelet
Dec. 03 , 2009
Publicado en La Segunda, 2 de diciembre de 2009
Las interpretaciones sobre el alto porcentaje de adhesión que recibe la presidenta Bachelet recuerdan aquello de que “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Enfrascados en hipótesis que van desde la simpatía, el manejo económico o asociaciones con la imagen materna, los analistas no advierten algo que la Presidenta ha venido repitiendo: los códigos tradicionales no son útiles para juzgar su desempeño. Una explicación alternativa ayuda a entender, inclusive, las dificultades que encierra el traspaso de su popularidad. Por un lado, Bachelet parece haber enfatizado la política de la identidad, especialmente reivindicando el liderazgo femenino, frente a la política como orden y como poder. Nos referimos al espacio en el que hay que optar por valores y principios, en el que las personas definen quiénes son, abrazan o reconocen una identidad, como es en este caso el género. Ello explicaría el leal apoyo que las mujeres le han dado durante todo su mandato. Por otro, es importante recordar los hallazgos que el PNUD mostró hace algunos años acerca de los múltiples miedos que, según Lechner, caracterizaban la subjetividad de los chilenos: a la exclusión social y económica, a los otros y al sinsentido.
Advertía que si bien el Estado era la instancia principal de las políticas sociales, carecía de un discurso simbolizador de su acción. Es cierto que la política de los bonos tiene algo de asistencialismo. Pero, por otra parte, la creación de un sistema de protección social basado en derechos, acompañada por un lenguaje que enfatiza la empatía, la compasión, el cuidado, la solidaridad y la responsabilidad por los más débiles ha venido a dotar a dichas políticas de la estructura comunicativa apropiada, máxime en el marco de la crisis. Además, ha propiciado el posible traslado de los valores propios de la vida privada al ámbito de lo público. Hasta ahora, la lucha por modificar dicha dicotomía se había producido en dos sentidos: la incorporación de las mujeres el ámbito público y la ampliación de la intervención del Estado en la intimidad y la familia. A algunas mujeres, esta tesis no les resultará agradable porque sentirán que, con ello, se refuerza los estereotipos de género. Sin embargo, siguiendo a Victoria Camps, nos preguntamos: ¿por qué la diferencia, que ha sido relegada al espacio de lo inferior, no es valiosa en sí misma, digna de ser imitada y difundida a la sociedad en su conjunto? Algo de eso, sin duda, está a la base del código Bachelet.




