Think tank y Concertación: no basta con llorar
Feb. 23 , 2010
Se ha destacado, como característica del primer gabinete de Sebastián Piñera, el hecho de que cuatro de sus ministros provengan del Instituto Libertad y Desarrollo, centro de pensamiento vinculado a la UDI. Posteriormente, hemos visto que el origen de varios subsecretarios es similar, ampliándose a la Fundación Jaime Guzmán y al Instituto Libertad. Esto no es ninguna novedad. Ha sido tradicional que, desde que se recuperara la democracia, los presidentes hayan recurrido, no sólo a los partidos sino a los centros de pensamiento, a la hora de reclutar a su personal político. Ced, Cieplan y Chile 21 son un claro ejemplo de ello. Cuando Michelle Bachelet recurrió a Expansiva como cantera de su primer elenco ministerial, muchos se asombraron pero no fue tanto por las características de la entidad, que presumía de ser virtual en ese momento, como por la adscripción ideológica de sus miembros, de talante "progresista liberal" y teóricamente distantes a la visión y experiencia política de la propia mandataria. A lo largo de estos años los centros de pensamiento, inclusive los no vinculados orgánicamente a algún partido, han ido desarrollando algunas de las funciones que estaban asignadas a éstos, incluyendo la importante tarea de la formación política.

