Leonardo Moreno

Fundación Superación de la Pobreza

 

El último gran bombero, radical y masón.

Nov. 17 , 2011

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Hace ya tiempo que no escribía en este espacio. Al parecer los grandes temas nacionales, donde destaca con creces el de una educación de calidad al alcance de todos y todas, no había sido capaz de generar la generosidad y sentido de responsabilidad necesaria para deponer legítimos intereses particulares (véase como botón de muestra la polémica entre las universidades privadas y las que forman el CRUCH) y avanzar decididamente en la búsqueda de soluciones a nuestras acuciantes inequidades institucionalizadas. Hoy el país mira con esperanza que la discusión presupuestaria en el Parlamento sea el comienzo de avances de mayor envergadura en la educación de nuestro país.


En medio de estos turbulentos, pero necesarios tiempos, la vida sigue su curso entre nosotros. En ese devenir ha dejado de existir un maestro de generaciones que encarna lo más profundo del alma democrática nacional. Buscador de soluciones a partir de las diferencias y distancias existentes, mostrándolas más que escondiéndolas, ha fallecido don Gonzalo Figueroa Yáñez (Q.E.P.D.), el último gran bombero, radical y masón de este país.


Mucha cosas se pueden decir y sin duda se dirán en el sentido homenaje que le brindarán quienes tuvieron la suerte de conocerle. Abogado, uno de los más destacados civilistas del país, profesor durante décadas en las Escuelas de Derecho de las Universidades de Chile y en la Universidad Diego Portales. Embajador de Chile ante la UNESCO, fundador de colegios, político radical de fuste, miembro de la Academia de Ciencias Sociales de Chile y un largo, pero no menos importante etcétera que simplemente sintetiza un hombre comprometido con su país desde los más diversos ámbitos. Sin duda un republicano ejemplar. Un masón que buscó a través de la razón, los por qué ontológicos y metafísicos de nuestra existencia. Inconformista, adelantado a su tiempo. En los tiempos obscuros que vivió nuestra patria fundó la revista Cauce. Fue su director y por ello fue perseguido y encarcelado por el régimen militar.


Pero me quiero referir a lo que a mi entender fue su pasión infinita. Los bomberos. Esa extraña cofradía de hombres y algunas mujeres (ojalá llegue el día en que terminemos con las discriminaciones solapadas), que a lo largo de Chile es la  institución más querida y respetada por la ciudadanía. Gonzalo Figueroa es el último baluarte de una institución que con un bajo perfil encarna algo que hoy y con los problemas que tenemos en el país, no logramos dilucidar: la esencia de la responsabilidad de unos pocos por el bien de todos. Los bomberos y hablo en particular del Cuerpo de Bomberos de Santiago, es un puñado de personas que sirven al país, cumpliendo un rol público, de calidad y sin fin de lucro. Detrás de estas palabras, estoy seguro que interpreto a don Gonzalo, digno heredero de su madre educadora y sus abuelos, don Eliodoro Yáñez y don Hernán Figueroa Anguita, productos y motores de la educación pública que alguna vez Chile tuvo y que añoramos en su esencia de sacrificio, en la entrega desinteresada. Los tiempos han cambiado, don Gonzalo lo sabía, y por ello su preocupación constante como pocos, por modernizar a bomberos en sus procedimientos, pero sin despegarse de los valores que movieron en 1861 a un grupo de ciudadanos a formar el Cuerpo de Bomberos de Santiago.


No pude asistir a sus funerales, su partida  (me) causa una gran pena y deja algo de desolación. Sin embargo como buen republicano, él confiaba en las instituciones, en el dominio de la razón sobre la fuerza, en la grandeza del ser humano por superar los obstáculos. Ojalá sigamos su ejemplo.


 



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