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Haití
04.01.2010 | 6 Comments
Hay rebeliones que no trascienden la emancipación. Hay cadenas que se rompen pero no liberan. Así lo demuestra la historia de Haití. Fueron los primeros en proclamarse libres en América Latina y hoy son los últimos en todo lo que un país puede llegar a ser. Su esclavitud se ha perpetuado y se renueva en el hambre, en la miseria, en la corrupción, en la ignorancia y en la devastación.
La Tierra, cansada, rabiosa o triste de aguantar y padecer a Haití, ha sacudido esta media isla, como quien se sacude la caspa del hombro, para decirle al mundo que hay pueblos que no han sido, ni son ni serán.
Publicado en el número 087 de la revista Poder. Gracias a Jorge por su gentileza al permitirme reproducirlo.
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Jorge Franco. Escritor nacido en Medellín. Autor del libro de cuentos "Maldito amor" (1996) y las novelas "Mala noche" (1997), "Rosario Tijeras" (1999), "Paraíso Travel" (2001) y "Melodrama" (2006).
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Dos señoras en el Cono Sur
09.05.2009 | 3 Comments
En el Cono Sur hay dos señoras que gobiernan dos países largos y vecinos. Las dos dicen ser de izquierda pero una lo dice de boca y la otra de corazón. Una hizo carrera en el sistema ejecutivo y la otra, en el político. Una se ganó la presidencia a pulso, la otra la heredó de una sociedad conyugal. A una la mueve la mesura y a la otra el oportunismo. Una tiene aspecto de mandataria, la otra parece la dueña de un cabaret. A la hora de retirarse una saldrá rica en experiencia y la otra saldrá millonaria en euros; y para no perder la melodramática costumbre del rímel podría presentar un talk show de televisión.
Este artículo fue publicado originalmente en el Número 079 de la Revista Poder y es una gentileza de su autor, el escritor colombiano Jorge Franco.
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Jorge Franco (Medellin, Colombia) Director de cine y escritor, autor de reconocidas novelas: Rosario Tijeras, Paraiso Travel, Melodrama.
Todo un Melodrama
02.08.2009 | 1 Comments
Vidal se enfrenta a la muerte después de haber luchado en una vida plena belleza; de su belleza. Que su nombre sea Vidal es casi un cinismo del autor: Vidal no parece nombre adecuado para un personaje condenado a muerte por su misma fuerza vital.
Y es él quien nos cuenta una historia inserta en otra historia. Un juego de matrioskas que pone a todos los personajes en un lugar y luego los revuelve. Es Vidal quien huye cobardemente de lo inevitable. También es un hombre celestialmente hermoso, demasiado para el Medellín en que nació y que lo vio crecer y que en esta novela aparece reflejado con cierta distancia. Es imposible evadir al “monstruo” de la violencia sobre el que la ciudad duerme, esperando a que despierte con estertores para destruirlo todo, pero ya no es Medellín la protagonista del dolor y la tragedia. Antes de verse enredado en asuntos de sicarios y de tener que rendir cuentas al narcotráfico (aunque estuvo a punto de ello), Vidal se aferra de su belleza indescriptible y parte a París. Allá la vida será lo que su belleza dicte. Trabaja como estilista, pero eso es sólo el primer escalón de dos que necesita para alcanzar lo que se propone, el siguiente será la pareja de condes millonarios, por supuesto, quienes le hacen su heredero. Pero Vidal es quien lleva el ritmo de toda esta historia; es quien fabrica y acomoda las matrioskas; es quien se desprende de su vida mientras muere y la va desgranando en páginas por las que discurren su madre, Perla; la vieja criada de la casa, Anabel; la odiosa abuela, Libia; la mudita que lo ama en secreto y, valga la redundancia, en silencio. Vidal los abarca a todos. Se permite licencias de vanidad cuando afirma las huellas que ha dejado en cada uno de los que lo rodearon. Vidal tiene una firme postura ante la muerte que defiende hasta el final: la odia porque destruirá su belleza.

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