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Madeinusa (II)

05.05.2009 | 0 Comments

Entrevista a Carlos de la Torre

«Trabajar con Claudia fue muy difícil, despojarme de mi propia visión de lo que es actuar y entregarme a lo que ella necesitaba»



Carlos De la Torre es el actor que interpreta al distraído Salvador Ariende, protagonista de la película peruana Madeinusa, ópera prima de Claudia Llosa, quien recientemente ganó el Oso de Oro en el Festival de cine de Berlín con su segunda película La teta asustada. Carlos nació en Santiago de los Caballeros, República Dominicana. Vivió allí hasta los doce años cuando fue a vivir a Lima. Su padre es español y su abuela cubana. Definitivamente él no puede entender las fronteras.

Cuando Madeinusa se estrenó en Perú, él se encontraba radicado en Londres y por esta razón son escasas las entrevistas que se le han hecho y fue también desde la  distancia que siguió las críticas que dividieron al Perú a causa de esta película: acusada de racismo por unos y vista como la mejor película peruana de los últimos años por otros.

Después de los muchos los ríos de palabras que corrieron en el Perú por esta película, tuve la oportunidad de charlar con él. Conversamos acerca de la película, de su paso por ella y también de la polémica que se generó a su alrededor.

Carlos llegó a la película a través de un profesor en común que tuvieron él y Claudia Llosa, la directora:

«Claudia Llosa hizo un curso con mi maestro de interpretación, Iñaki Aierra, en Madrid. El curso era de dirección de actores, y como ella tenía éste proyecto Iñaki le habló de mí. Yo estaba viviendo en Londres para ese entonces y es allí cuando Claudia me invita a participar del casting. Viajo a Barcelona y unas semanas después Claudia me llamó diciéndome que yo sería el que interpretara a Salvador».

En varias entrevistas, Magaly Solier, la actriz que interpreta a Madeinusa, dijo que al leer el guión por primera vez sintió que se le presentaba una oportunidad ideal para denunciar o por lo menos criticar muchas costumbres que se dan en la desvalida sierra peruana y de las que ella fue testigo. Carlos por su parte, quedó impresionado al leerlo por primera vez:
«Lo leí en el avión de venida a Perú. Claudia lo había mantenido en secreto hasta ese momento y cuando lo hice me causó una sensación extraña porque estaba escrito con gran simpleza, pero a su vez era tan profundo y turbador. La idea de tres días sin pecado me pareció muy original e intrigante y me causó muchas preguntas.»

Pero la invención de Claudia Llosa no sólo era una idea original, sino cuestionadora de lo que normalmente se entiende por Semana Santa: «Yo crecí dentro de una familia católica aunque poco a poco me fui alejando de la religión hasta finalmente pasar a ser un gran cuestionador de sus motivos y por lo tanto me encantó la idea del sincretismo religioso que se había creado con la historia de Madeinusa. Es que además, yo amo la historia del Perú y sus costumbres, incluso creo en los valores cosmológicos de sus tradiciones ancestrales, en el respeto por la Pachamama, en la adoración a todo lo que conforma a la naturaleza y la idea de que todo lo que nos rodea es un ser viviente y que tenemos que estar agradecidos con él. Tengo una visión cosmológica muy parecida a lo que creían los antiguos habitantes de estas tierras: los Incas, Mayas y Aztecas así como las demás culturas americanas que vivían de una manera fuertemente enlazada con la naturaleza.»


Para Carlos no fue fácil este personaje. Fuera de las críticas que recibió por su actuación, mientras rodó la película y después del rodaje, Salvador Ariende fue la causa de una crisis en su carrera:
«Salvador es un chico que no sabe donde está parado, que escapa de Lima para tratar de encontrar algo con lo que pueda relacionarse pero lamentablemente lo que encuentra es un mundo tan ajeno al suyo que al interferir en el se pierde aún más.  Fue muy difícil este personaje porque tenía que eliminar toda emoción, es un tipo que vive en una nube y que no se da cuenta de lo que lo rodea. A mi me costó mucho en el plano personal, tuve una gran crisis catártica luego del rodaje que me duró varios meses donde dudé mucho de mis capacidades, pero luego pasé  por un gran renacimiento que me fortaleció y tuve la suerte de trabajar allí en dos proyectos medianamente grandes en los cuales logre sentir que el haber pasado por aquello había sido una necesidad para madurar no se si me entiendes... pero hablar de ello incluso es un poco extraño. Trabajar con Claudia fue muy difícil, despojarme de mi propia visión de lo que es actuar y entregarme a lo que ella necesitaba. Y llegaron las dudas: de mí como actor, ¡de esta profesión de actor!»


¿Crees, como interpretan muchos, que su llegada puede tomarse como un choque de culturas?

«Salvador es un simple observador que sin querer interviene en un momento crítico en la vida de Madeinusa. La cultura de Manayacuna no cambia debido a su intervención no me parece un choque de culturas.»


Y las críticas…

«Respeto la opinión de quien las haya hecho, cada uno tiene su propia visión de las cosas y el derecho de divulgarlas, pero yo nunca lo vi de esa manera. En algún lado leí algo de que mi personaje parecía sobreactuado y si de algo habré pecado me parece que fue totalmente lo contrario, diría que es una especie de subactuación.»

Y las acusaciones de racismo…

«A la película la acusaron de racista porque muestra una «realidad» dura de lo que podría ser la serranía peruana, pero no es mas que una obra de ficción, podría haber sido así en cualquier parte. Es mas, no se si conoces «The Wicker Man» pero la idea es casi la misma sólo que se da en una isla en Gran Bretaña es más, el personaje de Salvador lo trabaje mucho en torno a la misma idea de aquel policía despistado.»

Cuando le pregunto por lo mejor del rodaje de Madeinusa, Carlos me dice que fueron muchas cosas que fue muy intenso todo,
«pero lo que más me gustó fue descubrir ese pequeño pueblo de Canrey Chico en donde la gente nos recibió con tanto cariño. Muero por volver allí y abrazar a tanta gente buena que nos motivaba a seguir adelante. Gracias a ellos es que creo que la película coge tanta vida: al relojero, al señor que carga la silla del alcalde; esa fiesta; esos rostros. Nuestra gente. Claudia tuvo un gran ojo al darse cuenta de aquellos pequeños detalles que al final son los que la gente recuerda con más cariño.»

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