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La patria y la tragedia
09.22.2009 | 14 Comments
A Marco Enríquez-Ominami le pareció en 2003 que ser chileno es “una tragedia” y lo dijo a viva voz; como es obvio, ese pecadillo se lo están cobrando con intereses sus opositores de contienda electoral. Pero vamos a dejar en paz a Marco, que, a fin de cuentas, ya le han dado mucho palo.
Hablemos mejor de ese fenómeno patriota de ser “orgullosamente (ponga aquí el nombre de su país de origen)”. Ciertamente debe ser muy bonito eso del arraigo, del amor desmedido por ese terruño en el que nacimos, quererlo y adorarlo y bendecir “el cielo que me vio nacer”. Confieso, no sin cierta vergüenza, que yo no tengo nada de eso. Y, claro, mis compatriotas me lo reprochan y me hacen ver con encono que yo soy una colombiana descafeinada.
Hace casi siete años, cuando me convertí oficialmente en inmigrante y llegué a este bello país, enfrenté la cara fea de los chilenos: el racismo. Y sí, realmente los chilenos son muy egocéntricos y racistas. Son más egocéntricos que los bonaerenses y el racismo de la gente roza peligrosamente con el nacionalismo alemán de por aquellos años de la Segunda Guerra Mundial y lo digo porque muchos chilenos están convencidos, incluso, de que son mejor “raza”. Lo sé, además, por la experiencia propia: ser morena y tener un acento fácilmente confundible con el de una peruana no ha sido una buena carta de presentación en Chile y por ese detalle estuve a punto de perder trabajos, de ganarme el odio eterno de señoras emperifolladas o de disgustar a los clientes de mi primer trabajo estable.
Los mismos chilenos reconocen que han desarrollado una especie de “racismo dirigido” hacia los peruanos. Y no sé si ustedes se han fijado, pero en el Festival Internacional de la canción de Viña del Mar a los pobres concursantes argentinos les llegan unas pifias gratuitas y yo no quisiera estar en sus zapatos, porque realmente hay que tener valor para enfrentarse a un público que te pifia de entrada y sin haber cantado y sólo porque eres argentino.
Sin embargo, aun cuando he tenido que soportar que me digan en mi cara que yo soy un “estorbo para la sociedad”, aun cuando en momentos de furia más de dos chilenos de distinta posición socioeconómica y política me han gritado que yo vine a “robarle al chileno de bien su trabajo”, aun cuando muchas veces me han preguntado por la fecha gloriosa en que me voy a devolver, aun así, yo adoro a este país y adoro a quienes lo habitan. Y durante mucho tiempo ser colombiana debió ser realmente una tragedia para mi: el sólo hecho de que en extranjería le pidan solamente a los colombianos certificado de antecedentes judiciales emitido directamente en Colombia ya es una seña de lo que somos para las autoridades acá: narcotraficantes o guerrilleros. Y aún así…
Y muchos colombianos y peruanos y ecuatorianos (sobre todo cuando debía hacer mi peregrinaje frecuente a Extranjería) me preguntaban “cómo diablos” (así mismo “cómo diablos”) me acostumbraba a este país y como podía querer a personas tan “frías”, “distantes” y “engreídas” como los chilenos. Yo creo que eso tiene que ver precisamente con lo que yo me sentí acá desde que llegué: un invitado que se debe ganar el derecho del buen trato de su anfitrión. Entonces, en lugar de pensar y hablar mal de los chilenos y de su forma de ser, mejor me dediqué prontamente a hacer el mérito para ganarme su cariño, aceptación y buen trato. No fue para nada fácil, al contrario.
Pero lo conseguí.
Yo tuve carta de expulsión dos años después de haber llegado. Con un pie afuera, vino a mi rescate un chileno, quien casi sin conocerme, o mejor dicho, sin conocerme, me contrató como exige la ley chilena, arriesgándose a que yo hiciera efectivas las cláusulas especiales de dicho contrato, es decir, a que lo engañara vilmente. En mis primeros inviernos, fueron chilenos amorosos quienes se preocuparon de que no pasara frío y cuando lloraba mucho porque extrañaba el calor de mi casa y a mis abuelos fueron unos chilenos de buen corazón quienes se preocuparon de que no la pasara tan mal.
Y cuando mis abuelos se murieron en Colombia y yo no pude ir a sus respectivos funerales mi jefe chileno me ofreció espontáneamente que no fuera a trabajar por una semana para que “viviera mi duelo”.
Ser (ponga acá su nacionalidad) no es una tragedia ni dice nada de las personas. Es simplemente la etiqueta con la que justificamos ciertos odios y el pretexto para abanderamientos patrióticos; esa marca con la que uno anda a cuestas, por accidente y así poder darle motivos a las aduanas para joderle a uno la vida y revolcarle las valijas.
Confieso que desde que me acostumbré a este país, a sus habitantes y a sus cosas, buenas y malas, me desarraigué por completo y pasé a ser una “sin tierra”. Luego, cuando tuve que ser inmigrante por segunda vez en Argentina, ya pasé del desarraigo para ser casi una apátrida. Ahora, cuando un chileno me pregunta de dónde soy y yo le digo “adivina”, me contestan cosas como “cubana”, “mexicana”, “peruana”, “ecuatoriana”. Cuando un colombiano me escucha, dice que soy “extranjera”, a secas, y cuando los argentinos intentaban adivinar mi nacionalidad, no dudaban en decir que era chilena.
Soñadora como soy, prefiero hacerle caso a una de las personas que más quiero en este mundo que me dijo en cierta ocasión: “Tranquila. El mundo será de los desarraigados”.
Publicado originalmente en Blogopolis




Saludos.
Posted by Christian B on September 22, 2009 at 02:55 PM CLT #
Posted by Angry Girl on September 22, 2009 at 03:29 PM CLT #
Posted by Marcelo G. on September 22, 2009 at 04:50 PM CLT #
Posted by Marcelo G. on September 22, 2009 at 04:54 PM CLT #
Posted by Chilena on September 22, 2009 at 05:10 PM CLT #
Saludos.
Posted by Astrid on September 23, 2009 at 03:53 AM CLT #
Posted by maritza vargas on September 23, 2009 at 08:44 AM CLT #
Posted by Emigrante on September 23, 2009 at 08:55 AM CLT #
Posted by Albeiro Rodas on September 23, 2009 at 09:19 AM CLT #
Posted by Patricio on September 23, 2009 at 10:20 AM CLT #
Dama:Lo mas importante de todo es que usted esta en un pais donde se puede opinar en general.En Colombia tambien hay un racismo desatado, especialmente contra la gente afro de la costa norte.Se muy bien de esa enfermedad del racismo latinoamericano aunque muchos lo nieguen.Lo curioso es que has dicho algo que los chilenos no se atreven a decir...que Chile es un pais con muchos tintes racistas y se olvidan que tiene dos 5%,el uno de blancos y el otro de nativos "puros"pero la mayoria absoluta
Posted by Vicente A.Guzman on September 23, 2009 at 11:55 AM CLT #
a relacionarnos con nuestros hermanos latinos, sin mirar su piel.
Que estes bien chaoo
Posted by BERNARDO on September 24, 2009 at 06:47 PM CLT #
ojalá que esos sures se vuelvan más calurosos.
Un saludo de las europas!
Posted by Camila Ponce on September 25, 2009 at 08:14 AM CLT #
Es una bella reflexión la que haces tu. No soy necesariamente una extranjera en Chile pero me defino como "brachilena" porque mis papás son chilenos pero yo nací y viví toda mi vida en Brasil. A mi me pasa mucho eso de no saber de dónde soy y me defino como alguién del mundo porque vivo viajando. Tu relato es lindo, ojalá te siga gustando esta pátria. Por lo menos yo fui muy bien recibida y querida desde siempre y si no es por la gente, el paisaje lo vale. =)
Posted by Carolina on September 26, 2009 at 06:31 PM CLT #