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Juan José Millás en Buenos Aires
05.01.2009 | 1 Comments
Mi buen amigo, Roka Valbuena, quien reside actualmente en Buenos Aires, y escribe en el diario Crítica de la Argentina, se encontró hace unos días junto al escritor y periodista en lengua española que más admira, Juan José Millás. A pesar de que Roka intentó seguir las premisas de los manuales de periodismo y dejar de ser el fan del autor para poder convertirse en el periodista que lo entrevistaría, no pudo evitar que tras el primer apretón de manos con Millás, los manuales desaparecieran y se borraran todos sus esfuerzos por dejar de ser un fan. Acá les dejo la entrevista, realizada en el marco de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, no sin antes agradecerle a Roka su cortesía.
Entrevista a Juan José Millás
Por Roka Valbuena
–¿Sientes el aura? –dijo.
–¿Cómo?
–Es una aureola que antecede la tarde de un domingo. Dura una hora. Los domingos por la tarde siempre me han parecido muy deprimentes, pero justo antes de que se manifiesten, viene esta aureola. El aura. Es una cosa estupenda.
–¿Estamos en el aura?
–Claro. Es una zona muy creativa. Dostoievski escribió parte de sus obras en la zona del aura. Y, bueno, estamos ahí. Dentro de nada se va a venir el domingo por la tarde.
Y cuando eso suceda el escritor, dado su fuerte odio a este día, el séptimo, se va a desvanecer. Su energía durará una hora. Es un gran privilegio hablar con Millás, que vino a la Feria del Libro para lanzar Los objetos nos llaman al interior de un aura de domingo.
–¿Cúal es su relación con los objetos? ¿En efecto lo llaman?
–Con los objetos tenemos una relación mucho más intensa de la que creemos. Yo sí soy consciente de que los objetos acaban contagiándose de mi personalidad. Sé que son inquietantes en la vida, no son absolutamente inertes.
Entonces el escritor se puso a hablar de sus cuentos. Dijo que eran mitad reales y mitad inventados y habló, por ejemplo, del relato “Mujeres grandes”, protagonizado por unos hombrecillos, y luego del cuento “Dos pares de calcetines”, protagonizado por un trauma.
–¿Es verdad que sus relatos los escribe en ayunas?
–Sí, bueno, me levanto a las seis de la mañana y escribo hasta las ocho y media sin comer. Viene de mi formación religiosa. Jesucristo ayunó cuarenta días antes de la Pasión. El ayuno tiene algo místico. Y yo, por un capricho, tiendo a creer que escribo mejor en ayunas.
–¿Cree, como sostienen algunos, que parte de la mejor literatura del siglo XX está en los periódicos?
–Es muy posible que hoy se esté haciendo muy buena literatura en la prensa. Ahora, en estas cosas no hay que hacer mucha militancia. Lo que sí te digo es que yo, cuando hago un reportaje, no lo hago con la sensación de que estoy haciendo algo menor.
–¿Cómo sería su diario ideal?
–No lo he pensado, pero me parece que los diarios tienen un exceso de política. Cultivaría más el espacio de la vida cotidiana. Tengo una teoría de que la gente normal es rara.
Y entonces Millás se paseó por sus reportajes. Recordó la tarde que pasó con Rodríguez Zapatero, la máxima autoridad española. Y luego recordó el reportaje que hizo a una mosca, la mínima autoridad española. Para este hombre las existencias son todas atractivas. Estuvo con Catalina, la mosquita, durante treinta días. “Vi copular a sus padres, conocí a sus abuelos... luego la vi tener hijos. Le puse un macho, hasta que Catalina, bueno, murió”, dijo tocado.
–¿Cómo tomó la muerte de la mosquita Catalina?
–Fue una experiencia luminosa porque la vida de una mosca es como una maqueta de nuestra vida. Somos muy parecidos. Viví una niñez muy pobre y lo único que tenía gratis eran las moscas. Y siempre pensé que las moscas eran las hadas de los pobres. Tenía una deuda con ellas.
–¿Usted se sorprende con todo?
–Tengo cierta tendencia a asombrarme de las cosas más cotidianas, pero esa facultad hay que cultivarla también. El escritor tiene la obligación de cultivarla. Y los periodistas también. El periodista tiene que cultivar la ingenuidad. Los mejores periodistas son los que hacen las preguntas más ingenuas.
–¿Y le gusta venir a la Feria o, con este tipo de eventos, siente que la vida del escritor es un lastre?
–Uno no está obligado a hacer estas cosas. Pero yo pienso que un libro es una cosa entre uno y el editor. Y uno debe ayudar a la promoción. No me gustan esos escritores que dicen: “Estoy jodido, mañana tengo presentación en Nueva York”. Viajas, te alojas en buenos hoteles, comes bien, conoces gente, el que diga que eso no le gusta es para fusilarlo. Pero, bueno, cuando puedo volver a casa, vuelvo a casa.
–¿Le gusta la soledad?
–Mucho. La paso estupendamente solo. Leo, invento historias, miro a la gente.
–¿Está listo para morir?
–Eso toca cuando tiene que tocar. Después de ver morir a una mosca me doy cuenta de que la muerte es algo muy mínimo. Pero creo que no ha habido un solo día en que no haya pensado en la muerte.
–¿Ha pensado en suicidarse?
–Muchas veces, de joven. Cuando era atormentado.
–¿Hoy pensó en la muerte?
–Por supuesto, como todos los días. Pensé, en el avión, que me moría. Cuando me pasaron el formulario de migración, bajo la frase “fecha de nacimiento”, imaginé que salía: “fecha de muerte”. Y la fecha de muerte indudablemente era hoy.
En ese instante Millás, que afortunadamente todavía está vivo, miró unas plantas y concluyó: “El aura está por irse”. Se puso de pie, estampó una firma en nuestro ejemplar, nos pasó por última vez su sardina y se fue. El hombre con ojeras tristes había comenzado a vivir su domingo por la tarde




Posted by Soledad on May 02, 2009 at 03:12 PM CLT #