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Hambre

11.23.2008 | 1 Comments

Del protagonista de Hambre, una de las novelas más reconocidas del autor noruego Knut Hamsun, no sabemos su nombre, tampoco su edad exacta, sí se sabe en cambio que no tiene un centavo en el bolsillo, que debe el alquiler y que busca desesperadamente poder vivir de sus crónicas por las que recibe a veces la increíble suma de cinco coronas. Sabemos que se sienta, imbatible y férreo, en cualquier placita más o menos tranquila, para tratar de volcar en el papel toda la carga de ideas y perspectivas de la vida que lo llenan y lo confunden, pero que son el material de su (humilde) obra.

La historia del narrador de Hambre Podría ser, entonces, cualquiera de tantos escritores entusiastas que han (hemos, para qué negarlo) pasado las duras y las maduras.

Hace poco decidí releer esta obra de Hamsum, porque deja abiertos muchos interrogantes nada fáciles de responder. Varios amigos, periodistas y escritores con quienes he conversado este tema me dicen que, para vivir de lo que se escribe hace falta ser un best seller, o tener la trayectoria de grandes hombres de las letras, como García Márquez, Vargas Llosa, Bryce Echenique, o el – muy en boga por estos días – reciente octogenario, Carlos Fuentes.


Sin embargo, hay que irse un poco hacia atrás y preguntarse ¿a qué nos referimos con vivir de lo que se escribe? Hace poco una compañera de curso, que trabaja como «escritora profesional» o «periodista mercenaria», me comentaba que en un momento de su vida decidió dejar de escribir «por hambre» con la esperanza de que le pidieran algo «por arte». Se va dibujando entonces la idea: vivir de lo  que se escribe, supone escribir con un trasfondo artístico, como mi compañera decía. O, en todo caso, supone una escritura que está desprovista de esa idea de «encargo».


El protagonista de la novela de Hamsum busca compatibilizar en su vida los buenos oficios de la redacción del diario y todas esas cuartillas que produjo con el esfuerzo de su trabajo, y a las que  infundía ese amor que implica crear una obra de arte. Por supuesto, el resultado de esa aventura utópica lo llevó a vagar por las calles y los bosques de Christianía, muriéndose de hambre, sin un mendrugo de pan.


De lo que sucede hoy en día, ¿qué se refleja en Hambre? Bueno, eso que yo alguna vez denominé «escritura rápida». Ese tipo de escritura que se «cuece», que tiene una rígida estructura normativa alrededor y que, en cierta medida, mata la expresión artística, la postura crítica o tal vez el sólo hecho de crear nítidamente en lo escrito, un mundo que permita salirse por un instante de este mundo. El protagonista de la novela vendría siendo el joven escritor soñador, que cree que podrá «comerse al mundo» de un bocado con sus obras, que conmoverá íntimas fibras en quienes lo lean.


Y de este último tipo de soñadores yo conozco un montón.


Sin embargo, es estimulante saber que los lectores son cada vez menos pasivos y reclaman un poco más de potencialidad artística, en aquello que cada vez parece más producción de panadería y no literatura.

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Comments:

Se puede hablar también de Fernando Botero, que tuve el placer de visitar su museo en Bogota, como también del espectacular Museo del Oro, como grandes riquezas de la cutura colombiana, sin olvidar, Garcia Marquez.

Posted by Jorge on November 23, 2008 at 05:08 PM CLST #

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