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Un chat con Fernando Villegas

11.28.2008 | 0 Comments

El licor que nos une

En su último libro Breve bitácora y cartografía del beber (Aguilar), Fernando Villegas oficia de «avezado ignorante» en el exquisito oficio del beber y mientras anda y también «desanda» los senderos por los que manan vino y cola de mono, vamos recorriendo de su mano la geografía rica en bares, sitios, locales, o cualquier recinto, cualquiera que sea su nombre, de un Chile del que todos hablan, pero pocos lo hace en serio: el Chile bebedor.

¿Qué nos une, hermanos latinoamericanos? ¿Cuál es nuestra común raíz? ¿Qué es capaz de
unir a la mayoría de los chilenos? No, no se pasen películas socialistas. Tampoco se den muchos rodeos sociológicos o históricos para  responder la pregunta. Es más sencillo de lo que piensan: nos une el licor, popularmente conocido en Chile como «copete», y que, sean cuáles sean nuestras circunstancias, las diferencias que puedan existir entre chilenos o entre extranjeros y chilenos, se pone en el mesón del asado y en la barra de un bar, para hacer más cálida la existencia. Literalmente.

Leer esta crónica al mejor estilo Villegas, es decir, incisiva y plagada de ironía, me ha
divertido muchísimo, además de que me ha servido para recorrer – con nostalgia, para qué negarlo – por un rato, algunas calles de Santiago y de Valparaíso. Soy, como el autor, una completa ignorante en el arte de la libación  (porque es todo un arte), pero lo interesante de este libro es que va más allá de ese cliché en el que licor es sinónimo de borrachera.


Bebedores & Bebidos

Permítanme el atrevimiento de entintar este artículo con una  rememoración personal que afloró en mi, a la par que leía este libro. Notarán – sobre todo si leen el perfil al costado – que nací en Colombia. En la vieja casa de los abuelos, en donde viví mis primeros 17 años, el «rodar del trago» me fue familiar  desde la más tierna infancia: el aguardiente, el whisky, un pisco peruano (no se me pongan nacionalistas, que mi abuelo murió creyendo que el pisco era peruano, porque la botella que tenía se la había regalado su hermana como recuerdo de un viaje a Lima), el vodka y el infaltable ron, eran casi diarios, acompañados de una buena picada que bien podía ser de carnes frías y quesos, o improvisados canapés (esos me salían «riquísimos») de galletitas saladas con salsas dulces y picantes y en torno del cual se reunían familiares o amigos. Las conversaciones más ríspidas, las reuniones más informales, las situaciones más agradables, cómicas y desagradables en las que recuerdo a haber visto a mi abuelo, estuvieron precedidas o proseguidas por unos buenos aguardientes y rones. Considerando que mis abuelos eran personas muy conservadoras, beber nunca me fue mostrado  como sinónimo de borrachera o de perdición, sino como parte del hábito que ameniza todas las reuniones y conversaciones. Y la típica frase-pretexto para detonar la apertura de una botella, quizás lo resuma todo: «Algo para mojar la garganta».


No sé qué tan válido sea emular acá a Bourdie y sus posturas sobre el gusto, y transmutarlas
para decir que la forma como bebemos da cuenta de algunos antecedentes nuestros, ustedes saben, todas esas categorizaciones inevitables que muchas veces me hicieron presentes los mismos chilenos: «No es lo mismo un pipeño que un Miguel Torres». Lo cierto es que en este libro sí podrán rastrear interesantes formas de percepción mutua  que tienen en la sociedad chilena. Así, a lo largo del libro y muy particularmente en uno de los capítulos, que indaga sobre las costumbres «alcohólicas» a la hora del almuerzo, todas las personas que conversan con Villegas le hacen notar algo: «ya no se bebe como antes». Una idea que atraviesa tanto a dueños de bares, como a mozos y hasta a los mismos asiduos clientes, es que los jóvenes no saben beber, o, para que se entienda mejor, no disfrutan el beber.  Toman (¿ven que cambia el verbo, ya no beber, sino tomar?) a destajo y el goce parece estar, para la juventud, en el enorme bullicio que trae consigo el pasarse de la raya, o, debería decir, ¿del centímetro cúbico?  Algunos de los entrevistados recuerdan con nostalgia o bien se refieren con aprobación a esa forma de beber, no pausada, ni moderada, sino impregnada de gozo, de disfrute, en donde los bebedores no culminan bebidos, sino prendidos.
 
Que los tiempos cambian no es una novedad para ninguno de ustedes. Pero observar cómo se produce ese paso del tiempo, en qué condiciones, qué deja atrás y que (a veces oscuras) predicciones trae para el futuro,  es bastante entretenido al calor de una copa de vino.

Se los digo yo que soy «afuerina»: ¡qué rico el vino chileno!. Por supuesto, me dio sed escribir este artículo (y leer el libro ni les cuento). Mejor les dejo esta conversación con el no-bebedor Fernando Villegas, mientras voy a paladear un exquisito Pinot Noir: el vino de la hora prima… según este libro, claro.

 

Chat con Fernando Villegas

 

me: ¡Hola Fernando! ¿Cómo vas?


Fernando: bien, Laura

me:  Acá, cumpliendo nuestra cita al chat para conversar sobre tu último libro Breve cartografía y bitácora del beber...
Así que sin más rodeos…te tiro la primera pregunta

Fernando:      diga...


me:      Cómo fuiste escribiendo este libro, cómo te documentaste, escogiste los sitios de los que hablaste en el libro, en fin... haz para nosotros unas breves apostillas a tu labor de caza-bebedores y bebederos...


Fernando:      Pregunté a curados profesionales. Hice listas de sitios por visitar. Convoqué a mi pandilla de amigos para que me acompañaran en algunas salidas. Otras veces lo hice solo. Oí a gente perita. Conversé con escritores, artistas, borrachos y barman. Hice recuerdos pero primero que todo, como siempre, diseñé mi arquitectura....


me:          Ah claro! Eso es de tu estilo: toda una arquitectura, no solo para este, sino para todos tus libros, Ahora bien, en este libro vas hilvanando recuerdos de niñez o de años anteriores, con las vivencias actuales, sobre todo de tus interlocutores (los avezados) ¿Cómo han cambiado las costumbres etílicas de los chilenos?


Fernando:      como lo cuento en el libro. En breve, se ha pasado de la celebración a la demolición.... en especial los jóvenes, que, como ellos mismos dice, quieren "borrarse"

me:  Somos los jovenes, en cierta medida, los culpables de ese cambio, no?


Fernando: 
    culpables es palabra dura. Digamos que viven otra historia, su historia.

me:      Vale. Ahora cuéntame… curiosidades... el lugar en que te haya sucedido algo excepcional, o donde te hayas divertido más. O menos...

Fernando:      Bueno...en estas correría yo, que nunca había tenido en mi vida un lugar favorito y de hecho ninguno donde ir a comer y beber, me terminé encontrando con uno, el Lili Marleen....Es un sitio divertido, algo loco, donde se comen unos perniles deliciosos. todoe sto con el emperador guillermo mirándote con sus bigotes y marchas alemanas a todo cachete
me convertí en adicto
en cliente
en customer.
en el tipo al que le dicen "¿lo mismo de siempre?"

me: Genial!! Ya que lo recomiendas... por allá iremos... si te encontramos por casualidad, te vamos a saludar, vale?

Fernando: haré como que no te conozco...

me: .... ¡¡ Plop !! ...

Fernando: comprende: debo preservar mi fama de lobo solitario y arisco....

me: Está bien… Ahora, te voy a ir mencionando algunas personalidades y tú me vas a decir a dónde los invitarías a beber algo, o bien, qué licor les convidarías, dale?

 
Fernando: como quieras...pero te advierto que no conoczco a nadie


me: Vamos, vamos, señor!! No se me ponga arisco ahora!! Mis lectores no me lo van a perdonar. Empecemos:  Michelle Bachelet...


Fernando: ah, a la Presidente le convidaría un carmenere....es mujer habilosa, tiene que gustarle.

me: Francisco Vidal...

Fernando:  Vidal....ese ha estado dos veces o mas en mi casa y ha secado mis fuentes etilicas, se lo ha comido todo, me ha dejado en la ruina. o hay con quéllenarlo

me:  Para no repetir el ¡plop!, voy a decir que quedé como Condorito... Alejandro Guillier...

Fernando: Alejandro es hombre de tintolio y asados. una mesa bajo un parrón. muchos amigos.

me: Jorge Edwards

Fernando: Jorge no le hace asco a nada, pero prefiere un wiskey de calidad. Tambien estuvo en mi casa y fue fuente importante de informacion como es evidente para quien lea el libro.

me: Por supuesto. Edwards está muy presente en tu libro. Y el último (y por favor no me vayas a retar) Sebastián Piñera...

Fernando: Sebastián no es hombre de beber. Eso requiere un ritmo pausado, un saber estar en reposo, un hamacarse en el tiempo. Sebastian no tiene idea de todo eso.

me: Y... qué quieres que te diga, ni me lo imaginaba...

Fernando: Sebastian quiere aprovechar el tiempo haciendo mil cosas por minuto; yo creo que se le aprovecha no haciendo ninguna, sino sintiéndolo pasar, fluir.

me: Y Fernando Villegas... ¿qué licor bebe?

Fernando: Vino tinto, cerveza y piscola, wiskhy, a veces, Jack Daniels para se mas exacto. Nada mas.

me: Ni nada menos... Fernando, muchas gracias por este ratito en medio de tus muchas ocupaciones

Fernando: al reves, gracias a ti,. Y no tengo tantas opcupaciones, no me urjo

me: Gracias Mil. Quedamos entusiasmados con tu libro.

Fernando: chao, Laura

me: Hasta una próxima!

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