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El hambriento oficio de escribir

08.19.2009 | 7 Comments

Tengo un modesto blog de literatura desde hace cuatro años. Y tengo la misma modesta cantidad de años en experiencia entrevistando escritores y periodistas. Lo cierto es a raíz de eso me contactan muchos jóvenes de mi edad, menores o mayores que yo, pidiéndome alguna que otra referencia: si puedo pedirle a algún escritor que lea un texto de su autoría, si conozco editores, si puedo darles el mail de los escritores que he entrevistado.  Sin embargo, todos remontan la cuesta decepcionados. No ha faltado el que me ha pedido que lea sus textos y, aún cuando se lo advierto antes, termina negándome después su saludo y su conversación eternamente.


Hace poco, un chico que me contactó desde Perú terminó un mail suyo diciéndome: “No sé si has sentido alguna vez que la vida del escritor es muy dura ¿verdad?”. Y sí. Así es. No más dura que la del médico o del abogado o del ingenierio, pero concedamos que tiene sus gajes especiales. Miren ustedes: cuando uno dice en su casa que quiere ser escritor, lo miran con odio, tristeza o compasión. La imagen del que estudia literatura, es la de un vago bueno para nada y algunos no pueden concebir al aspirante a poeta sin marihuana y trago.  A veces hay suerte con la familia y lejos de sentir horror, sienten orgullo.

 

Caso aparte es cuando uno dice que, además de ser escritor, quiere ser periodista, recuerdo que uno de mis primeros entrevistados, el escritor peruano Fernando Iwasaki, me comentó lo que un escritor español solía repetir: “No le digas a mi madre que soy periodista. Ella cree que toco el piano en una casa de putas”.



Y si ustedes leen obras de autores clásicos y modernos, encontrarán un hecho que refleja fehacientemente la realidad: el escritor en sus inicios  - y muchas veces también en sus finales – es un pobre miserable que come más sueños que comida. Sin duda la más célebre obra que refleja las miserias del escritor es “Hambre” de Knut Hamsum. Si usted, estimado lector, es aspirante a escritor, vive aún con sus padres siendo estudiante o tiene un holgado pasar con un modesto sueldo, absténgase de leerla o sufrirá como condenado. Se lo dice la voz de la experiencia.

Algunos autores no sólo han hecho que sus personajes experimenten las penurias del escritor, sino que la han vivido. Una de las razones por las que admiro profundamente a Gabriel García Márquez no radica en la calidad de sus obras pues debo reconocer que de todas las que ha escrito, sólo tres me gustan de verdad, no, lo admiro realmente por haber sido capaz de escribir en medio de las carencias. Él suele contar  a modo de anécdota, como Mercedes Barcha, su mujer, se encargó de la casa durante los seis meses que estuvo escribiendo Cien Años de Soledad. Cuando llegó la hora de enviar el manuscrito final a Paco Porrúa, editor de Sudamericana, en Buenos Aires, tuvieron que dividirlo en dos partes, porque no alcanzaba el dinero para enviarlo completo. Y, para colmo de males, enviaron la última mitad, no la inicial.

Lo peor para un escritor es la frustración de no poder ejercer su oficio, incluso más que no poder publicar: si ustedes se animan a leer los diarios de Kafka, serán testigos del fastidio y la pesada carga que era para él tener que trabajar en una agencia de seguros, esperando el único momento del día que le reportaba una mediana facilidad: el momento de escribir.

 

Y si el escritor tiene intención, como seguro todos la tienen, de ver su libro publicado, no puede esperar que venga lo mejor. Todavía le resta enfrentarse a la crítica despiadada, al mercado destructivo y, peor aún, al lector ausente, ese que lo mirará con desdén desde el otro lado de la estantería si llegase a descubrir que ese producto de algunas hambres y humillaciones no está de moda. Afortunadamente eso no le pasó a García Márquez y hoy todavía el oficio de escribir se ejerce, aún con el romanticismo de la penuria rondando al escritor.


*Publicado originalmente en Blogopolis, la ciudad de los blogs.

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Comments:

Siempre hay buenas razones para escribir. Mejor aún si se dan en estos tiempo de avances tecnológicos, donde la tribuna es abierta y no hay lector con desdén, simplemente pasa a otra página. Hablo de internet y sus infinitas posibilidades. Pero vuelvo al tema, el escritor ya no se muere de hambre porque o es empleado público o es empresario independiente o es un trabajador a tiempo completo, que dedica algunas horas, tal Kafka, a este oficio multiorgásmico. Yo seguiré escribiendo. Y soñando.

Posted by Persémone on August 19, 2009 at 03:03 PM CLT #

Al leer este blog me sentí tan decepcionada como identificada jajajaa. A punto de publicar, lo que espero, mi primer libro, me topo con la realidad que describes...al menos, tengo la posibilidad de publicar y de no vivir con la frustración de no poder ejercer mi oficio; lo que venga después, quién sabe. Sin embargo no me imagino mi vida sin escribir, seguiré escribiendo hasta cuando ya no tenga nada más que decir.

Posted by Julieta on August 20, 2009 at 02:57 AM CLT #


Que hermosa manera de relatar un paso por el desierto, tu belleza interna es comparable a la que se ve en forma externa, me siento plenamente identificado por lo cual me impregno de felicidad que esta forma de ver al mundo no desaparecera, siempre existiran soñadores con la pluma en riestre , esos que se adelantan a su tiempo o esos que observan la realidad del bosque de la civilizacion , para bien o para mal felismente estan ahi, mis parabienes. <;P)))

Posted by Fantomas on August 20, 2009 at 09:02 AM CLT #

A esos pequeños gajes que mencionas, hay que agregarles el tormentoso hecho de que cualquier oficio que entre en las bellas artes y se ejecute con su pasión respectiva, crea en el artista algo que me gusta llamar "trastorno creativo". Escribir es obsesión, por la obra, por su significado, por sus símbolos, por su magia, su belleza. Nadie escribe sin beberse al seco una copa de vida, sin vivir 20 años en uno, desafiando un poco a la muerte, a la locura.
Como dijo Rimbaud "Habrá que ser videntes"

Posted by Claudio on August 20, 2009 at 10:10 AM CLT #

Pienso que una de las mayores tareas del escritor es inventar su propia leyenda. El Gabo es un maestro en inventar esas cosas, creo que siempre ha vivido en su propio realismo mágico; a él le agradezco 100 años de soledad, pero hasta ahí.

El oficio de escribir es gratificante, uno nunca debería pensar vivir de él, pero así somos, luego nos da por publicar, yo mismo acabo de sacar un mi librito y ahora me he complicado la vida, porque tengo que venderlo.

Salú pue.

Posted by Johan Bush Walls on August 20, 2009 at 01:43 PM CLT #

Soy compositora al menos eso me concidero aun soy pequeña pero realmente la vida cuesta siendo lo que seas no calquiera escribo lo que se imagina en su cabeza o sus sentimientos admiro a los escritores realmente ... luchadores y ejemplo de vida... excelente blog!

Posted by Alejandra on August 21, 2009 at 12:30 PM CLT #

la verdad es que a escritora no me dedique precisamente por el hambre.

Posted by Angry Girl on September 03, 2009 at 03:46 PM CLT #

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