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Ciencia y más ciencia
11.22.2008 | 0 Comments
Resulta que en Argentina este año ha sido declarado «El año de la enseñanza de las ciencias.» Es todo muy simpático, hasta se creó un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (nótese este bonito apellido) y se habla de ciencia y tecnología por todas partes y a toda hora, y la Universidad en donde estudio no es la excepción, por lo tanto, el temita de la ciencia ha sido tocado, manoseado, escarbado y frotado lo suficiente como para sacarle brillo y hasta dejarlo pelado.
El asunto es un problema, o dos, no se crean, si no es tan fácil la cosa, dice así: ¿qué tipo de ciencia hacer? y ¿quién la debe financiar?
Vamos a por la primera pregunta. Se puede decir que tenemos tres opciones: hacer ciencia básica, es decir, investigación puramente teórica; hacer ciencia aplicada, es decir, la contrastación empírica (práctica, si se quiere) de las teorías que se investigan en la ciencia básica, y, finalmente, hacer tecnología. La gran diferencia entre estas tres, consiste en que la tecnología es aquella que transforma la realidad natural y social, por lo tanto, es la tecnología la que está directamente ligada a los procesos económicos. Si lo ponemos más simple, es la tecnología la que reporta buenos dividendos, la que da platita.
El gran dilema latinoamericano es que los gobiernos tienen poca iniciativa política y económica como para hincarle el diente a la tecnología. Falta infraestructura, faltan recursos para las universidades y faltan propuestas innovadoras, fuera de otras cosas, como para producir tecnología, dirigirla hacia las áreas productivas de cada país y maximizar la eficiencia. Pero eso no es nada nuevo, ¿quién no sabe que somos pobres y subdesarrollados y que nuestros gobiernos hacen las cosas pésimo, por decirlo mal y rápido? Lo irónico de todo esto es, según lo plantean unos señores que se llaman epistemólogos (aquí sabrán a qué se dedican), es que Latinoamérica está condenada a producir un brillante trabajo en ciencia básica, lo cual está buenísimo, puesto que la tecnología es impensable si no se hace buena ciencia básica, pero eso de nada le sirve a Latinoamérica, porque entonces llega Japón o Estados Unidos o cualquiera de las grandes potencias que sí tienen plata y sí invierten en tecnología, y se llevan a precio de huevo el trabajo de investigación para volverlo algo concreto y luego nos venden el resultado a precio de barril de petróleo. Hasta aquí todavía queda abierta la inquietud acerca de qué tipo de ciencia se debe hacer, traducido en: qué tipo de ciencia se debe potenciar o financiar en Latinoamérica: ¿básica, aplicada, tecnología, las tres?
Luego está el otro problema: ¿quién la financia? Y ahí sí que hay división, ¿debe financiarla el Estado? ¿Deben financiarla entidades privadas? Si lo hace el Estado, lo que se espera es que este oriente las investigaciones y la producción hacia necesidades de la sociedad que son prioritarias, por ejemplo, mejoras en la salud, mejoras en la producción agrícola, industrial, etc., es decir, asuntos y productos finales que nos beneficiarán a todos y por los cuales no tendremos que pagar o pagaremos muy bajos costos. Ahora bien, si la financiación viene de entidades privadas (como suele suceder) pues lo que ocurriría (¿u ocurre?) es que la ciencia sufre una suerte de transformación y se pone a los pies del mercado y por ende en contra de la sociedad. En Latinoamérica hay más de esto último. El mercado condiciona a los científicos y estos están tomando caminos diversos, o se dedican a trabajar para «x» holding que le exigirá resultados conforme a una propuesta de mercado o simplemente emigran, tentados por mejores ofertas, ya sea en un país del norte o en Japón o en Europa.
Como habrán apreciado, los dos problemas del principio quedaron sin resolver. ¿Ustedes qué piensan? Por el momento estoy investigando en otro tipo de ciencia sobre la que hablaré en un futuro post: la ciencia ficción.



