Las incógnitas de Colina II: Desafíos para Gendarmería
Apr. 30 , 2009
Los niveles de violencia al interior de los recintos penitenciarios son preocupantemente altos. La experiencia internacional muestra que esta complejidad se presenta en contextos muy diversos y que los múltiples intentos por generar espacios de menor conflictividad, son infructuosos. La vida al interior de las cárceles está marcada por la generación de rivalidades, enfrentamientos y conflictos por situaciones cotidianas, que en otros contextos serían menores.
Obviamente los altos niveles de hacinamiento, la mala calidad de vida de los presos, la baja dotación de personal encargado de la vigilancia y la limitada oferta de alternativas para ocupar el tiempo libre, son elementos facilitadores de conflicto y violencia. En algunos países como Ecuador y Venezuela, las tasas de homicidio al interior de las cárceles han sobrepasado con claridad los promedios nacionales y se instalan como una realidad de limitada administración. En países como Brasil y México, la delincuencia utiliza los recintos penitenciarios para la organización de estrategias especialmente vinculadas con el tráfico de drogas. No hay que olvidar que estamos hablando de espacios supuestamente protegidos por el Estado, para justamente controlar la delincuencia, castigar a los que cometen delitos y tratar de resocializarlos para limitar la reincidencia. Claramente la cárcel en América Latina ha perdido su función principal y se encuentra navegando entre la delincuencia, la corrupción y el abandono estatal.
La situación en Chile es diferente. Más allá de los problemas graves de hacinamiento que se experimentan en la mayoría de recintos carcelarios, Gendarmería aún controla los niveles de violencia en su interior y ha limitado sustancialmente las fugas. Al parecer en los nuevos recintos concesionados, las condiciones son mucho mejores y los niveles de conflicto mucho más acotados. Pero la población penitenciaria en Chile ya superó las 50 mil personas (una de las tasas más altas de la región) y de ella sólo 15 mil están en estos recintos. La gran mayoría vive aún en condiciones francamente deplorables que solo nos aseguran más resentimiento y frustración por parte de aquellos que prontamente saldrán en libertad.
En este contexto, hace pocos días se generó un incendio en Colina II que terminó con la muerte de 10 reclusos. Situación que requiere ser analizada con rigurosidad y detalle, para evitar que estos hechos se repitan y asegurar que se desarrollaron los procedimientos necesarios para controlar la situación. La rápida respuesta y presencia en terreno del Director de Gendarmería es una buena señal de preocupación, pero evidenció también algunas interrogantes aún sin respuesta. En primer lugar, no existe claridad sobre la forma cómo se generó este incidente, las condiciones en las que estaban los presos, la presencia de material inflamable junto con cocinas en espacios sin control directo de los gendarmes, la sospecha de una limitada dotación de vigilancia, los problemas de coordinación para enfrentar el incendio, las carencias infraestructurales, son sólo algunos de los temas pendientes.
El hecho puntual es preocupante y esperamos que los procesos de investigación en marcha evidencien las falencias y responsabilidades en esta situación. Pero también se generaron otras interrogantes de un debate mayor en el país sobre las opciones que está tomando, al seguir aumentando la población presa sin aumentos sustanciales en la inversión en rehabilitación de adicciones, programas de resocialización y reinserción laboral. El olvido del sistema de penas alternativas, donde 50 mil condenados carecen de la infraestructura necesaria para evitar que prontamente sean habitantes de la cárcel. La necesidad por profesionalizar aún más Gendarmería de Chile e incluirla en la alta dirección pública, con cargos de especialización técnica y no política, con asesorías especializadas y no como las que se conocieron en un pasado reciente.
El posible aumento de la dotación y la calidad de vida de los gendarmes es otro tema de necesario debate, ya que un país que aumenta su población presa mensualmente, debe asumir que eso implica un aumento de aquellos que buscan asegurar su vigilancia y seguridad. Así como asegurar su calidad de vida y sistema de protección social. La experiencia en los países vecinos debe servir para preocuparnos por todos estos temas que requieren de una revisión completa. La cárcel de la miseria, la inequidad y la violencia es sólo un espejo magnificado de la sociedad en la que se desarrolla, por lo que mejorar sus condiciones es una apuesta por aumentar la calidad de vida de todos.





Posted by antofagastino furioso on April 30, 2009 at 08:04 PM CLT #
Posted by juan cuest on April 30, 2009 at 10:06 PM CLT #
Posted by juan cuest on April 30, 2009 at 10:09 PM CLT #
Posted by yo on April 30, 2009 at 10:09 PM CLT #
Posted by juan cuest on April 30, 2009 at 10:11 PM CLT #
Posted by juan cuest on April 30, 2009 at 10:13 PM CLT #
Posted by juan cuest on April 30, 2009 at 10:13 PM CLT #
Posted by Leonardo on April 30, 2009 at 10:24 PM CLT #
Terminen con el temita. Ojala hubiese un incendio gigante y se muera el 80% de estos parásitos.
Cada uno de los que están en estas cárceles tienen un prontuario que asustaría incluso a un escritor de terror.
Claramente existen miles de otras prioridades antes que preocuparse por los maleantes.
Si están allí, no es por ser santos.
Posted by Granpetrel on May 01, 2009 at 11:12 AM CLT #
Posted by Antonio Quirós I. on May 01, 2009 at 12:48 PM CLT #
Era necesario además, invertir en la contratación de más personal gendarme y elevar la planta técnico-profesional, capacitar al personal a cargo y desde ya mejorar sus condiciones laborales.
Posted by Walters Lazcano Pavez on May 01, 2009 at 01:57 PM CLT #
Posted by Fresia on May 08, 2009 at 11:30 PM CLT #
Posted by jaime acosta on May 15, 2009 at 02:06 PM CLT #