Estados Unidos y Latinoamérica: ¿la misma historia, otros actores?
Mar. 23 , 2009
Estados Unidos parece tener poco interés en Latinoamérica. La grave crisis económica, las extensas guerras en Medio Oriente, y la latente amenaza de China como superpotencia simplemente copan un lugar más importante en su agenda. Ahora bien, debido al rol hegemónico de Estados Unidos en el mundo, aún permanecerán las relaciones políticas-diplomáticas con America Latina. Sin embargo, seguirán relegadas a prioridades secundarias.
Para analizar la naturaleza y la profundidad de las relaciones de Estados Unidos con Latinoamérica debemos mirar dos planos: uno histórico y uno coyuntural. El plano histórico determina el por qué de las políticas; el plano coyuntural determina el cómo de las políticas. El plano histórico se enfoca en el legado intervencionista de Estados Unidos en Latinoamérica, primordialmente su presencia durante los setenta y ochenta, y su ausencia desde finales de los noventas. El plano coyuntural se refiere a los mecanismos que Obama usará para enfrentar el escenario político latinoamericano inédito, donde la gran mayoría de los países está gobernada por la izquierda.
El intervencionismo de Estados Unidos en Latinoamérica no es secreto ni novedad. Desde los sesenta Washington ha actuado en dos formatos paralelos para intervenir estratégicamente en Latinoamérica. Un formato sigiloso basado en la intervención militar, y otro más bien oficial basado en un proceso paulatino de reformas económicas. El primer formato, la intervención militar, es comúnmente entendido como los despliegues políticos de Estados Unidos motivados por el anti-comunismo y orientados a prorratear democracia. Este tipo de intervención—directa o indirecta—ha afectado a una buena parte de los países en América Latina. En los sesenta, Cuba, Panamá, Brasil y República Dominicana fueron intervenidos bajo diferentes circunstancias. En los setentas, hay evidencia tangible que prueba nexos con la preparación del golpe militar en Chile. En los ochenta, Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua fueron ocupados por soldados estadounidenses. Paralelamente hubo otro tipo de intervencionismo denominado “el consenso de Washington”. En esta dimensión, los incentivos impuestos por Estados Unidos forzaron a la mayoría de los países a pasar de Estados fuertemente centralizados a economías orientadas al libre mercado. Esto se dio principalmente por medio de incentivos económicos de los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) y masivas privatizaciones de empresas estatales.
Durante los noventa el intensivo intervencionismo que caracterizó las relaciones económicas en los setenta y ochenta disminuyó sustancialmente. Los gobiernos de Reagan lograron exitosamente institucionalizar la democracia liberal en Latinoamérica. Sin embargo, una presión política a seguir las vías del desarrollo siguió operando sutilmente. Esta presión operó fundamentalmente como herramienta de incentivo económico. A modo brusco, los países más alineados con Estados Unidos fueron premiados económicamente, principalmente por medio de los beneficios que prometían los tratados de libre comercio. Chile, Colombia, Costa Rica, México, Perú y Panamá fueron los países que siguieron de más cerca la línea política-económica propuesta por Estados Unidos, y a cambio recibieron los mayores beneficios económicos.
Para finales de los noventa—después de la mano de George H.W. Bush y Bill Clinton—Washington decidió disminuir drásticamente la cantidad y la cualidad de la intervención económica y política que aún estaba invertida en el hemisferio. Esto fue producto de dos motivos. Primero, por el exitoso transe político, social y económico de América Latina llevado a cabo desde los sesenta. El crecimiento económico logrado por las políticas neo liberales (panfleteadas por Estados Unidos) fue extraordinario. Los países recipientes de estas políticas económicas mostraron sustanciales avances—bajo la óptica de Washington—durante las pasadas tres décadas (1970-2000). Argentina, bajo el gobierno de Carlos Menem, Perú, regido por Alberto Fujimori, México, presidido por Carlos Salinas de Gortari, Brasil, gobernado por Fernando Henrique Cardoso, y Venezuela, bajo el mando de Carlos Andrés Pérez, fueron la evidencia de este éxito. El segundo motivo de la evacuación de intervenciones de Estados Unidos en Latinoamérica fue condicionado por el nuevo orden mundial producto de los hechos del 11 de septiembre de 2001 (11/S). No es necesario explicar el evidente cambio radical en la política exterior estadounidense. Basta mencionar que el cambio de prioridades de 2001 no incluyó intereses comunes con Latinoamérica. La “guerra contra el terror” posicionó a la región como un sector irrelevante dentro de la política exterior de Estados Unidos.
La crisis económica de 2001 en Argentina, gatillada indirectamente por el escollo del FMI (Fondo Monetario Internacional) para prestar más dinero, sólo sirvió como un ejemplo más del aislamiento paulatino de América Latina y Estados Unidos. Más aún, los ataques terroristas de 11/S fueron el hito lapidario que cambió esta concordancia para siempre. Las relaciones entre Estados Unidos y Latinoamérica alcanzaron sus registros más bajos durante el gobierno de George W. Bush (2000-2008). América Latina ha sido la región más ignorada por Estados Unidos bajo los gobiernos de Bush. A comienzos de 2009, el gobierno de Obama parece ser más una continuidad que un cambio del gobierno de Bush. El estado de seguridad nacional y las prioridades fijadas durante los gobiernos de Bush persisten. Una inclusión significativa de Latinoamérica en la agenda de Washington sería forzada y presumida. Las relaciones entre Estados Unidos y Latinoamérica en los ochenta y comienzos de los noventa quedarán como un buen recuerdo para el baúl de los booms económicos. Aun así, bajo este nuevo orden mundial post 11/S, no se puede negar que aún permanecerán importantes nexos comerciales, sobre todo tratados bilaterales. Pero cómo Washington se relacione con Latinoamérica se dará bajo el marco del nuevo e inédito escenario político.
Hoy día América Latina está predominantemente gobernada por gobiernos de izquierda. Luego de la ola de democratización, y la reestructuración macroeconómica forzada por Washington a finales de los ochenta, los gobiernos han ido gradualmente transitando de vuelta a estrategias económicas centradas en las políticas de Estado. En 1980, catorce de los dieciocho gobiernos de América Latina fueron regidos por gobiernos de derecha. En 1998, diez de estos países seguían siendo gobernados por gobiernos de derecha. A partir de 2008, quince de las dieciocho democracias son regidas por presidentes de izquierda. Una posible hipótesis de este retroceso en políticas económicas, y tendencias políticas, es la ausencia de intervencionismo de Estados Unidos en la región. La fuerte influencia para democratizar y neo-liberalizar durante los setentas, ochentas y noventas se vio abruptamente cortada hacia fines de los noventa, y casi absolutamente ultimado después de 11/S.
Debido a las nuevas prioridades fijadas por Washington post 11/S, esto no debería sorprender. Tampoco deberían sorprender los ámbitos en los que el intervencionismo—y las formas en que se da—siguen sucediendo. La agenda de Obama, en cuanto a Latinoamérica, se focalizará específicamente en tres países. Cuba será uno de ellos. Si bien seguirán los objetivos de “liberar” la isla, cambiarán las tácticas. Una de las principales diferencias del gobierno de Obama con respecto a sus antecesores va ser la forma de imponer la agenda de libertad. Con los proyectos puestos adelante—de terminar con el embargo internacional y acabar con la célebre prisión de Guantánamo—Obama ha manifestado la intención de adoptar una política de acción afirmativa en vez de una basada en restricciones económicas, políticas y sociales. Otro país será México, uno de sus principales socios comerciales. Obama tendrá que probar al presidente Mexicano Felipe Calderón su compromiso con la lucha contra el narcotráfico. Esta iniciativa responde a los intereses de Estados Unidos de crear seguridad en la región. Evidencia de esto ya son los US $1,5 mil millones para la lucha contra el narcotráfico del plan Mérida. Estos fondos irán para México y otros países de América para luchar contra la guerra financiada por drogas y mafias. Finalmente el nuevo gobierno tendrá un ojo firmemente puesto en Venezuela. El programa anti-norteamericano adoptado por Hugo Chávez será de extremo interés para que Obama pueda disfrutar de cooperación internacional en temas de seguridad hemisférica.
De ese modo vemos que Latinoamérica, en general, será puesta a un lado de los objetivos del nuevo gobierno de Obama. La razón es la misma que se dio en los gobiernos de Bush. Es simple. Durante los ochentas y noventas Latinoamérica fue un medio para que Estados Unidos lograra sus objetivos. La neo-liberalización de América Latina en este periodo (1970-2000) no sólo caracterizó el crecimiento económico de muchos de sus países, sino que también ayudó en gran medida a que Estados Unidos se consolidara como superpotencia. Sin embargo, después de 11/S los objetivos de Estados Unidos han cambiado y con ellos, también los medios para conseguirlos. Latinoamérica simplemente ya no es un medio que ayudará a Estados Unidos a conseguir su objetivo. Como consecuencia, Latinoamérica, permanecerá como una región sustancialmente irrelevante para la política exterior de Washington.




Posted by Pedro Escobar on March 23, 2009 at 09:45 AM CLT #
Parece que el autor del articulo esta algo asustado por ese "laisser 'a faire" de USA.
Parece que por un breve periodo d enuestra historis podremos hacer lo nuestro sin hecharle la culpa a los demas.
Posted by eugenio on March 23, 2009 at 10:26 AM CLT #
Posted by ray on March 23, 2009 at 11:06 AM CLT #
Posted by Pablo Rokha on March 23, 2009 at 12:14 PM CLT #
Posted by Marcelo on March 23, 2009 at 12:33 PM CLT #
Posted by Marcelo on March 23, 2009 at 01:04 PM CLT #
Posted by Joaquin on March 23, 2009 at 01:44 PM CLT #
Que tenemos que ver nosotros con los brasileños, ni siquiera hablamos el mismo idioma.
Posted by hector on March 23, 2009 at 06:20 PM CLT #
eeeeeeeeeeeeeeeeeeeee...qué?
Posted by Pablo Rokha on March 23, 2009 at 06:41 PM CLT #
Posted by José Mansilla on March 23, 2009 at 07:44 PM CLT #
Saludos
Posted by Pablo Rokha on March 23, 2009 at 08:56 PM CLT #
Posted by CoM on March 24, 2009 at 05:24 AM CLT #
Posted by felix ruben james on June 23, 2009 at 12:18 AM CLT #