Tortura rotunda
Apr. 02 , 2012
Seis años atrás, el célebre pintor colombiano Fernando Botero se indignó cuando conoció las fotos de los actos de tortura perpetrados por soldados estadounidenses en contra de prisioneros iraquíes en la cárcel de Abu Ghraib. A partir de ese momento se dedicó por un año, obsesivamente, a producir cuadros y dibujos que reflejaban las prácticas crueles, inhumanas o degradantes a que fueron sometidas los militantes árabes: atados, encapuchados y vestidos con ropa interior de mujer; apilados como animales o sangrando a resultas del ataque por parte de perros bravos o por la introducción de un palo en el ano...
[Read More]Violeta
Aug. 22 , 2011
Fui a ver "Violeta se fue a los cielos", la más reciente película de Andrés Wood, con expectativas encontradas. He aprendido a admirar in crescendo a este destacable cineasta nacional. Lo he sentido progresar, a grandes pasos, desde "Historias de Fútbol", pasando por "Machuca", hasta la notable "La Buena Vida"...
[Read More]Cisne Negro: La maldita perfección
Feb. 10 , 2011
¿Cuándo comenzó a cambiar la idea de perfección en nuestra cultura occidental? Por largos siglos ésta fue concebida como la realización cabal de nuestro potencial para el bien. El mandato evangélico - para quienes son creyentes - de ser perfectos como lo es el "Padre Celestial" parece inalcanzable, pero el sentido de esa máxima es que la vara no solamente está puesta a gran altura, sino que su elevación es ilimitada.
El tema de la oposición entre el mal y el bien, que ha sido clave en la historia de la cultura occidental, mantuvo y reforzó, a lo largo de los siglos, este concepto de perfección, enfatizando solamente lo arduo de la lucha para hacerlo realidad.
En tiempos recientes, esta noción comenzó a cambiar. Determinar cuándo y cómo es labor de eruditos y yo no lo soy. Presumo, como mero lector y espectador, que algunos de los factores que han influido en ello han sido la asimilación, por el grueso público, de algunas nociones de sicología así como del misticismo oriental (todo ello digerido a medias, eso sí).
El cine de las últimas décadas se ha hecho eco de estos desarrollos y, a la vez, los ha impulsado. Desde los primeros ejemplos del personaje del villano – sea un gángster u otro tipo de marginado - como héroe, a la manera de la saga de El Padrino, hasta la más completa adopción de la dualidad bien/mal, como es el caso de Luke Skywaker y Darth Vader, ha pasado mucha agua bajo el puente.
El filme Cisne Negro, de Darren Aronofsky, protagonizado por Natalie Portman, representa un punto alto en esta tendencia ascendente. Para dramatizar el camino extenuante y pedregoso hacia la perfección, se escogió el ballet, disciplina física y artística exigente hasta el extremo del sacrificio. Para representar la dualidad/integridad de lo luminoso y lo tenebroso se presenta la idea de los dos cisnes, el blanco y el negro, del ballet El Lago de los Cisnes, de Tchaikowski, el más conocido del repertorio clásico. En este ballet, el personaje Odette es la candorosa reina de los cisnes y Odile, la siniestra fuerza del mal y la tentación. En la película se hace gran caudal del hecho de que se exija a Nina (Natalie Portman) representar los dos papeles, aunque en la realidad una sola ballerina suele interpretar ambos.
Planteada así las cosas, esta película podría haberse deslizado por la pendiente del bodrio y el cliché. En cambio, adquiere notable fuerza dramática debido a la portentosa actuación de Natalie Portman. Desde su aparición en El Perfecto Asesino, en 1994, en el papel de una perturbadoramente bella muchachita que deambula por las calles, protegida por un profesional del crimen, su carrera como actriz ha estado en constante ascenso y a partir de este filme se elevará en escarpada vertical.
En nuestras tradiciones culturales, un médico o un abogado pueden hallarse en la media de la escala de rendimiento y aun así no les irá mal ni se los tendrá en baja estima. Para un artista, en cambio, lo que no es la suprema cumbre se toma como un fracaso o, al menos, como una insoportable medianía. En Cisne Negro, Natalie Portman encarna la vulnerabilidad extrema y las cien represiones y temores que asociamos a la idea de una disciplina artística de la máxima exigencia. Todo se sacrifica en aras de la perfección, hasta el extremo de las laceraciones. Pero, ¡un momento!, nos dice el filme: ya no la perfección de la luz y la inocencia del cisne blanco, sino que la plena unión de la claridad y las tinieblas, de la fría castidad y las más desenfrenadas pasiones.
El tema y su popularidad actual se prestan para manipulaciones, las que no faltan en este filme. Pero en definitiva es redimido por una actuación cuasi perfecta de Natalie Portman, en todas las acepciones de la palabra perfección.
Lecturas para Vacaciones
Feb. 04 , 2011
Aunque acostumbro a ir a la costa en febrero, no soy veraneante de agua, sol y arena. Me confieso de aquellos que entienden que las vacaciones son para dormir, leer, mirar el mar, comer y caminar, en ese orden. Ahora, en cuanto a tecnología, no le hago ni al Facebook ni al Twitter, pero me pasé a los e-books a través de un Kindle, lo que significa que ya no empaco libros, salvo los que se publican únicamente en forma impresa. A continuación van algunas recomendaciones de lecturas para vacaciones. Son, por supuesto, enteramente subjetivas. Si alguien postea en este blog otras recomendaciones, tanto mejor. En cuanto a novelas, me declaro fan irredento de Philip Roth quien en su última entrega, Némesis, vuelve a estar en plena forma, luego de haber experimentado con resultados inciertos en la obra anterior, Humillación. A estas alturas, Némesis, debería estar traducida al castellano. Hay dos recientes novelas chilenas que valen realmente la pena. La primera es La Vida Doble, de Arturo Fontaine. El autor hizo un trabajo extraordinario de investigación para preparar este libro que se inspira en el caso de las militantes del MIR que se volvieron colaboradoras de la DINA. El terreno azaroso de la lealtad y la traición, la flaqueza frente al temor y el dolor extremos y los mil recovecos de eso que llamamos identidad, es tratado por el autor con rigor y sutileza. En cuanto al arte de escribir, ésta puede muy bien ser su mejor novela. Otra notable novela chilena reciente es Las Muertes Paralelas, el quinto libro de Sergio Missana, a quien se le conoce bien en los círculos de lectores chilenos y más aún en el de los de México, país donde ha publicado sus últimas narraciones. Esta es una obra que no habría desdeñado escribir Jorge Luis Borges, si se hubiera decidido a producir una novela. Bueno, el autor se doctoró en literatura en Stanford con una tesis sobre Borges… En Las Muertes Paralelas, Sergio Missana se adentra en el tema de la identidad y la posibilidad de ser más de uno, simultánea o alternadamente. Los personajes y situaciones son convincentes en sus mil facetas. La prosa es clara. El ritmo de la narración del conjunto de la novela y de los distintos episodios es impecable. Para los amantes de los cuentos, hay en nuestras librerías buenas antologías de los maestros de la narración breve: Antón Chéjov, Edgar Alan Poe, Raymond Carver o Julio Cortázar. En cuanto a textos de historia, los cuadernillos especializados de la colección AKAL Historia del Mundo Contemporáneo, no son muy fáciles de hallar. Pero si encuentra uno o varios, se trata de breviarios imperdibles de unas 50 o 60 páginas sobre distintos periodos, episodios o movimientos de la historia de los últimos dos siglos. Si lee gusta leer poesía y no conoce todavía a obra de Wislawa Szymborska, hay varias antologías disponibles en español. También se pueden encontrar los Poemas Canónicos de Constantino Cavafis. Vacilo un poco antes de recomendar libros en inglés, por ese prurito nuestro de no parecer pedantes. Pero en todo caso la serie de publicaciones A Very Short Introduction, de Oxford University Press ha sido para mí un verdadero hallazgo. Ya han salido unos cien títulos, cada uno de poco más de cien páginas en formato bien pequeño. En cada volumen, un experto entrega, clara y ordenadamente, lo esencial sobre un tema determinado. Entre muchos otros ejemplos: El Imperio Romano, Buda, Freud, El Anarquismo, Kant, Los Derechos de los Animales, El Cerebro o la Guerra Fría. Sin matarse leyendo, en un par de semanas de vacaciones se puede despachar una media docena. ¡Buen provecho!
"Némesis", la última novela de Philip Roth
Oct. 24 , 2010
Cada año, desde 2006, Philip Roth, ha publicado una novela breve. La quinta, "Némesis", acaba de aparecer. En "Sale el Espectro", de 2007, el autor se despidió de su alter ego, Nathan Zuckerman. Las otras cuatro de las últimas narraciones cortas han sido consideradas por muchos lectores y críticos como un ciclo crepuscular sobre el tema de la muerte.
Creo que esa mirada es acertada. Una vez alguien preguntó a Roth, quien no bien termina una novela, ya está empezando otra: "¿Sobre qué estás escribiendo ahora?". El habría contestado: "Lo de siempre: muerte y sexo". En nuestra morbosa cultura occidental, Roth se hizo famoso por su tratamiento descarnado de la sexualidad. Próximo a cumplir 78 años, y luego de haber producido 29 novelas, cinco o seis de las cuales se hallan entre las mejores que han sido escritas en inglés en los últimos cincuenta años, en más recientes obras, aunque el sexo nunca está ausente, el tema dominante es la muerte.
El personaje principal de la novela "Elegía" (mala traducción de Everyman), que se lanzó en 2006, va dando trastabillones hacia la muerte, de enfermedad en enfermedad, asediado por sus achaques y su decadencia. Descarnadamente, Roth sostiene que "la vejez no es una batalla; es una masacre". En "Indignación" (2008), la muerte se presenta como el riesgo de que un joven universitario sea enviado a la guerra a consecuencias de una rebeldía justa e incontenible. En "La Humillación" (2009), la penúltima de sus novelas, un artista viejo, abandonado por su talento, se encara a la opción de terminar su vida por su propia mano, luego de sumergirse en insólitas licencias.
Llegamos, finalmente, a "Némesis", recién aparecida. El título es el nombre de la diosa griega de la retribución y la venganza. Esta vez, la muerte toma la forma de una peste implacable que golpeaba sobre todo a niños y adolescentes, dejando inválidos a quienes no mataba. Es la llamada parálisis infantil o poliomelitis, que fue la gran amenaza, junto con la guerra y la bomba atómica, en los años previos al descubrimiento de la vacuna Salk.
En la primera parte de la novela, Roth sitúa la acción en, 1944, en el barrio Weequahic, la sección judía de su Newark natal. Las Fuerzas Aliadas ya han invadido Europa y luchan contra una feroz resistencia nazi. Bucky Cantor, un muchacho atlético, lamenta no haber podido enrolarse para combatir debido a su corta vista. Durante el verano sofocante de ese año trabaja como coordinador de deportes al aire libre para los muchachos del barrio. Uno a uno, éstos van cayendo víctimas de una epidemia de polio. Algunos mueren. La novela continúa en un campo de verano y cierra con una tercera parte que no puede resumirse sin arruinar el suspenso.
Roth es un maestro de la prosa fluida, poseedor de un oído único para escribir diálogos convincentes. Estas destrezas las orienta a la indagación sobre los más agudos dilemas y contradicciones que nos acosan como seres humanos: el sentido de deber de cara a nuestras flaquezas y nuestras comprensibles ansias de seguridad y felicidad; el sentimiento de culpa, que quizás no haya sido un invento de la cultura judía, pero ciertamente ha sido perfeccionado en el seno de esa tradición; la determinación de la voluntad, en oposición a la fatalidad.
No conozco otro escritor vivo más valiente y penetrante. Ahora que la Academia Sueca contrarió las predicciones pesimistas que suscitaban sus decisiones muchas veces incomprensibles y le otorgó finalmente el Premio Nobel de Literatura a Mario Vargas Llosa, el 2011 debería saldar su deuda más porfiada y sorprendernos a todos concediéndoselo a quien debería haber sido, desde hace largos años, el más previsible galardonado: Philip Roth.
Las Vuvuzelas y el Argumento Cultural
Jun. 21 , 2010
Las campanas repican, las sirenas ululan, las trompetas
resuenan, los tambores redoblan o retumban….¿Y las vuvuzelas?. Algunos
dirían que zumban, por el masivo e incesante sonido monocorde que genera una
infinitud de estos instrumentos en los estadios de Sudáfrica. Sin
embargo, no emiten un zumbido parecido al de un enjambre de abejas, sino uno
menos urgente y más lerdo, como ronquido de cíclopes, y tan ancho como la
muralla china. Otros prefieren comparar el imperturbable resuello de las
vuvuzelas con el barritar de una manada de elefantes. No obstante, este
último posee al menos una mínima entonación y un sonido que quizás sea más
estridente, pero se percibe más redondo; por ello se dice también que estos
paquidermos “trompetean.”
La verdad es que las vuvuzelas, bueno… ensordecen.
¿Por qué debería entonces permitirse que esa cortina de ruido atontador sea el
omnipresente telón de fondo del actual Mundial de Fútbol? Un
dirigente de la FIFA adujo una razón de respeto cultural por lo que algunos
califican como una “auténtica experiencia sudafricana” de asistencia a los
estadios. De nada valió que se demostrara que la vuvuzela se utiliza en
Sudáfrica sólo desde hace aproximadamente veinte años y que probablemente se
originó en México, en el Mundial de 1970.
El motivo cultural… En las últimas décadas este
argumento ha pasado a ser una carta comodín en el juego de lo políticamente
correcto. Que no se malentienda: es claro que propugnar el respeto
por la diversidad y, por tanto, por las creencias y costumbres de distintas
comunidades, es un avance esencial de cara a un pasado de discriminación sin
coto y de desprecio por otras naciones y culturas. Sin embargo, como
sucede cuando se rompen las barreras de contención de una práctica represiva
inveterada, el péndulo suele oscilar hacia el otro extremo, hasta que se halla,
con el tiempo, un equilibrio.
Así, en nombre de la identidad cultural se ha llegado a
defender castigos extremadamente crueles o la radical exclusión de las mujeres.
No pretendo dramatizar mi oposición al uso de las vuvuzelas en
competiciones deportivas internacionales. Es cierto que crea grandes
contratiempos a los jugadores, comentaristas y jugadores; además, se dice que
puede causar disminución auditiva a los infortunados que se encuentran
expuestos a su inclemente sonoridad por mucho tiempo. Por supuesto, son
efectos nada desdeñables, pero incomparablemente más leves que, por ejemplo, el
apedreamiento de adúlteras, que en otras latitudes se ha intentado justificar en
nombre de las creencias locales.
El estándar, sea el daño esperable más leve o más grave,
debiera ser que una práctica que seriamente afecta el bienestar o derechos de
las personas, o bien el desarrollo normal de una actividad internacional, no
debiera permitirse en nombre de argumentos culturales, sean éstos reales o
hechizos.
En suma, la FIFA debiera prohibir el uso de las vuvuzelas
una vez alcanzada la fase de eliminatorias simples.
Schumann y la bipolaridad
Jun. 07 , 2010
Se puede decir que el espíritu romántico está en retirada. En su
apogeo, a lo largo del siglo XIX, contribuyó mucho de lo mejor del canon
literario y musical de Occidente. Y Robert Schumann, más ebrio de
dicho espíritu que simplemente loco; más apasionado escrutador de las
distintas facetas de su alma inquieta, que mero enfermo de un trastorno
bipolar, fue protagonista insustituible de esa época de creatividad
suprema.

