La rebelión de las mascotas
Aug. 28 , 2011
Publicado por La Tercera, 28 de agosto de 2011
El movimiento estudiantil ha logrado, hasta ahora, altos niveles de adhesión en la opinión pública. Y cómo no, si para la mayoría de los chilenos la principal bandera de lucha de este movimiento ha sido mejorar la vergonzosa calidad de la educación que se imparte en nuestro país. ¿Quién podría no sentirse seducido por dicha causa?
De esta manera, periodistas, líderes de opinión y, sobre todo, políticos de izquierda y derecha brindaron desde un comienzo un apoyo casi incondicional a la causa estudiantil. Sin embargo, con el correr de las semanas ha ido quedando meridianamente claro que la ambición de los líderes de este movimiento va mucho más allá de la educación y que sus propuestas poco tienen que ver con la calidad de la misma.
Por lo mismo, es esperable que muchos de quienes hasta ahora han apoyado este movimiento comiencen a sentirse como mascotas que han sido conducidas a protestar, marchar y hacer ruido de cacerolas por una causa que ha terminado siendo muy distinta de la que creían.
El gobierno se ha mostrado receptivo y sensible al clamor de la ciudadanía, por una mejor calidad y un mayor acceso de los más pobres y de la clase media a la educación. Ha dispuesto los recursos necesarios, ha mantenido una permanente apertura al diálogo e, incluso, ha renunciado a alguna de sus convicciones en materia de financiamiento de la educación con tal de avanzar en una solución que sea satisfactoria para la gran mayoría de los chilenos que claman por un cambio en la educación, que ha sido postergado por más de 20 años.
No obstante, al mismo tiempo que el gobierno ha ido ofreciendo soluciones, los líderes del movimiento estudiantil han ido radicalizando sus demandas. Han empezado a aparecer posturas ideológicas extremas, como la prohibición para que opere cualquier tipo de establecimiento educacional con fines de lucro (jardines, colegios, universidades, centros de formación técnica e institutos profesionales). Propuestas impracticables, como la gratuidad total de la educación para todos los chilenos. Visos de anarquismo, como negar la autoridad del Congreso para evaluar las propuestas del gobierno, y demandas totalmente ajenas a la educación, como la estatización del cobre.
Habiendo pasado cerca de tres meses desde el comienzo del conflicto, y observando el actual estado de desencuentro entre las posturas del gobierno y los líderes del movimiento estudiantil, mucha gente se pregunta si habrá una salida para este conflicto y se angustia pensando que el mismo podría eternizarse y radicalizarse aún más. El ánimo general parece cargado de pesimismo.
Yo, en cambio, prefiero ser optimista. Confío en que, con la deshonrosa excepción de un puñado de parlamentarios, a la gente común y corriente no le gusta ser mascota de nadie, y menos a los intelectuales, los periodistas y los líderes de opinión. Por lo mismo, quienes llamaron "pacíficas" las tomas de colegios para luego verlos incendiados y saqueados, quienes creyeron que las marchas eran para protestar por la mala calidad de la educación, pero luego vieron al señor Gajardo encabezando dichas marchas, en circunstancias que él ha sido uno de los principales escollos para avanzar en mejoras en la calidad de la enseñanza escolar, quienes fueron seducidos por la elocuencia y la belleza de Camila Vallejo y ahora se sorprenden con su intransigencia, y quienes creen que, como dijo el Presidente Lagos, las instituciones en Chile deben funcionar, comenzarán a rebelarse en contra de los líderes del movimiento estudiantil.
La revolución de las mascotas terminará por debilitar el movimiento, y la violencia, en vez de escalar, irá cediendo. Al final, habremos comprobado una vez más que, con todas sus imperfecciones, nuestra democracia y sus instituciones son un mejor camino para avanzar hacia un Chile mejor, que abrazar ciegamente la causa de un puñado de caudillos adolescentes.




