Economistas liberales vs. economistas iluminados
Jun. 05 , 2009
Columna Publicada en Revista Qué Pasa 5/06/2009
La semana pasada, Óscar Landerretche, asesor económico de Frei, escribió sobre las diferencias que existen entre los economistas de la Concertación y los de la Alianza. José Ramón Valente, miembro del equipo de Sebastián Piñera y socio de Econsult, le responde en esta columna.
Los últimos veinticinco años han sido particularmente difíciles para los intelectuales de izquierda. En 1989 se derrumbó el muro de Berlín y con esto la idea de que un Estado omnipotente que planificara centralmente las actividades económicas de un país para generar una sociedad más "justa", podía reemplazar las miles de decisiones que diariamente toman los ciudadanos que se organizan bajo las reglas del libre mercado.
El fracaso del modelo socialista quedó al desnudo cuando, al caer el muro de Berlín, pudimos observar atónitos los niveles de pobreza de la Alemania socialista en comparación con los de la Alemania libre. Pero probablemente, como lo reproduce magistralmente la película "La vida de los otros", no fue la falta de progreso material lo que terminó por derrumbar el modelo de economía estatal centralmente planificada, sino que la necesaria restricción a las libertades personales que ese modelo requería para operar.
Las desigualdades por mérito que se producen en las economías de mercado fueron reemplazadas en el modelo de la Alemania socialista por desigualdades basadas en los privilegios que se podían obtener vendiendo la libertad y la conciencia al partido gobernante.
Después de varios años invernando, los economistas de izquierda encontraron refugio en el pragmatismo de Deng Xiaoping y abrazaron la idea de que "no importa el color del gato: lo importante es que cace ratones". De ahí surgieron cual ave fénix los socialistas renovados, que si bien mantienen su nombre para intentar mantener votos, hoy están a favor del libre comercio, los equilibrios macroeconómicos y los mercados competitivos. Un gran triunfo para los pensadores liberales y para el mundo entero.
En este contexto, no es extraño que en una columna de Qué Pasa publicada en la edición anterior, Óscar Landerretche se muestre partidario de estos conceptos. Lo que llama profundamente la atención es que pretenda convencernos de que la protección de los consumidores y el apoyo a los emprendedores son patrimonio de los economistas de izquierda. Se le olvida a Landerretche que fue Adam Smith en su libro La riqueza de las naciones -publicado en 1776- el que advirtió del peligro para los consumidores de permitir que los empresarios conspiren para subir los precios.
Los economistas de centroizquierda son conversos recientes al libre mercado, lo cual es una gran noticia para los seis mil millones de seres humanos que habitan en el mundo, pero no hay que olvidar que los economistas liberales han defendidos estas ideas por más de doscientos años.
Por lo mismo, resultan particularmente injustas y agraviantes las acusaciones vertidas, hace un par de semanas, por el ministro Andrés Velasco en un programa de televisión, que se suman a las de la columna de Óscar Landerretche, en el sentido de que la derecha no apoya las iniciativas a favor de la libre competencia.
Yo fui testigo presencial -cuando, a mediados de los 80, estudiaba en la Escuela de Economía de la Universidad de Chile, la misma donde hoy enseña Landerretche- de la oposición de los economistas de centroizquierda a la apertura comercial y a las rebajas arancelarias.
Cualquier alumno de primer año de Economía sabe que no hay antídoto más potente contra la colusión y a favor de los mercados competitivos, especialmente en un país pequeño como Chile, que la competencia global que deben enfrentar las empresas locales cuando se las expone al libre tránsito de las importaciones provenientes de todo el mundo.
Los antecesores de Landerretche en esos años prefirieron jugársela por defender los intereses corporativos de un puñado de trabajadores y accionistas de las empresas que no podían competir en un Chile abierto al mundo, en desmedro de los millones de compatriotas que se veían obligados a pagar las ganas por productos de inferior calidad a los que se podían comprar en otras latitudes.
Los contemporáneos de Landerretche, hoy a favor del libre comercio, siguen optando por apoyar a los grupos de poder organizados, en desmedro de la gran mayoría de los chilenos. Lo hacen cada vez que optan por no mejorar la calidad de la educación de millones de jóvenes para proteger los intereses del Colegio de Profesores, lo hacen cada vez que eligen a sus correligionarios políticos en puestos de gobierno en desmedro del Estado moderno que requieren todos los chilenos, y lo hacen incluso en el tan bullado caso de las farmacias cuando protegen el feudo de los químico-farmacéuticos prohibiendo que decenas de remedios se vendan fuera de las farmacias, como ocurre en muchos otros países.
Al parecer, más allá de la retórica, al igual que en la fábula del sapo y el escorpión, estar del lado de los intereses creados y en contra del interés común es parte de la naturaleza de los intelectuales y políticos de izquierda.
Recesión y protección social
A raíz de la recesión económica que está azotando a Chile durante este año y de la alta popularidad en las encuestas de la presidenta Michelle Bachelet y su ministro de Hacienda, Andrés Velasco, la protección social como política pública ha pasado también a ser muy popular. Por lo mismo observamos hoy los tironeos desde todos los sectores políticos por apoderarse de dicho concepto.
En su columna, Landerretche, cumpliendo con su rol de miembro del comando de Eduardo Frei, intenta poner en duda el compromiso que Sebastián Piñera y Joaquín Lavín han manifestado en favor de mantener y extender una red de protección social para los más desposeídos. Landerretche siembra la duda argumentando que en sus publicaciones y en sus declaraciones los economistas de derecha no son consecuentes con dicho propósito.
Nuevamente Landerretche olvida que las fundaciones de política social que existen hoy en Chile descansan sobre la obra de economistas como Miguel Kast y personas extraordinarias como Patricia Matte, entre muchos otros, que dotados de una gran sensibilidad social e incondicional amor por Chile, dieron sendas batallas por eliminar los privilegios de los grupos de poder y rescatar los recursos que eran desviados hacia ellos para focalizarlos en las familias más pobres.
Por otro lado, la crítica a los planteamientos de los economistas liberales se desvanece cuando advertimos que una red de protección social no se construye sólo con elocuencia y buenas intenciones.
Se requiere trabajar duro para financiar el costo económico que significa garantizarles pensión, ingresos mínimos, acceso a la salud y educación de calidad a las familias chilenas más desamparadas.
La diferencia entre los economistas de izquierda -como Landerretchey los economistas liberales es que los de izquierda sólo hablan de los beneficios que hay que darle a la gente, mientras que nosotros nos preocupamos de los beneficios y también de cómo financiarlos para que las promesas se hagan realidad y sean sustentables en el tiempo.
La historia nos muestra que los intelectuales de izquierda se creen iluminados, dueños de la única verdad. Durante el siglo pasado creyeron que podían dibujar en un pizarrón las complejas iteraciones económicas de millones de seres humanos y dirigir sus destinos desde una cómoda oficina de planificación. En Latinoamérica los economistas de izquierda pensaron que sabían mejor que miles de emprendedores qué empresas debían existir, dónde debían ubicarse y a qué precios debían vender sus productos. Hoy en nuestro país quieren convencernos de que la protección social se puede financiar indefinidamente con el maná caído del cielo. A lo mejor es esto a lo que se refería Milton Friedman cuando dijo su célebre frase "no existen economistas de izquierda o de derecha; sólo buenos y malos economistas". l
Los economistas de izquierda quieren convencernos de que la protección social se puede financiar indefinidamente con el maná caído del cielo.




