Historia personal de la diplomacia
Dec. 11 , 2008
Cuando no había televisión y las “cuñas” se llamaban refranes, siervos y señores tenían sólo ideas redondas sobre el mundo plano. Si un pregonero decía, por ejemplo, que “en el país de los ciegos el tuerto es rey”, los del reino vecino se ofendían al toque. Si el enojo era moderado, respondían con un refrán verseado que reflejaba ecuanimidad: en este mundo traidor / nada es verdad ni es mentira / todo es del color / del cristal con que se mira”. Si el enojo era mayor, podían contraatacar diciendo que “el número de los tontos es infinito”.
A medida que las sociedades fueron complejizándose, los refranes quedaron cortos y los reyes necesitaron conocer mejor los designios de sus colegas. Así nació El Embajador, correveidile con uniforme que trasmitía, en exclusiva, lo que su señor quería decir y saber. Pero, pronto se descubrió que este invento también tenía insuficiencias. Por exceso o déficit de incondicionalidad –por demasiado chupamedias o demasiado objetivo- el Embajador solía quedar en descubierto. Entonces, para licuar su responsabilidad en un colectivo, se dedicó a contratar ayudantes que le prepararan sus entrevistas, tomaran sus dictados y mantuvieran sus archivos. Así nació el servicio diplomático.
Incidentalmente, la palabra “diplomacia” viene de “diploma” y éste –según su raíz griega- era una hoja de papel doblada en dos. Tal era la forma que adoptaban los documentos oficiales, casi los únicos para los cuales se utilizaba papel escriturable. A su vez, esos diplomas generaron ese curioso método de intercomunicación diplomática, mediante el cual cada parte reproduce lo que ha dicho o preguntado su contraparte, antes de replicar o responder. Como resultado, un diálogo diplomático ortodoxo es tóxicamente repetitivo, pero a prueba de malentendidos.
Muchos piensan que, en este mundo de la comunicación instantánea, ese método quedó obsoleto. Sin embargo, eso también depende del cristal con que se mire. Si un jefe de Estado privilegia la certeza y seguridad en materia de relaciones internacionales, delegará los contactos en su canciller, y este recurrirá a su servicio diplomático para que formalice los intercambios. Si privilegia la rapidez, prescindirá del canciller e inventará la diplomacia presidencial. Esta consiste en liberarse de los intermediarios diplomáticos, so pretexto de que suelen llegar temprano a los cócteles, pero tarde a la información.
Aclaro, en este punto, que me estoy refiriendo a la diplomacia presidencial en los países subdesarrollados. En las grandes ligas, los jefes de Estado privilegian la certeza con seguridad y sólo aparentan interactuar en vivo y en directo. Saben, por desarrollada experiencia, que una sola palabra mal interpretada puede caerles en la nuca, como un boomerang de fierro. Su diplomacia presidencial supone guiones preparados cuidadosamente por sus cancillerías, que ellos sólo recitan o interpretan.
Por eso, la diplomacia presidencial genuina es la de nuestros presidentes. Criollos, espontáneos y simpáticos, les carga interactuar por escrito y a través de intermediarios. Prefieren ganar tiempo y demostrar, de paso, lo inútiles que son nuestras cancillerías. Incluso cuando las papas queman, creen que les basta tomar un teléfono y decir “aló colega”, para hacer que las cosas marchen o sigan marchando sobre ruedas.
Lo único malo es que, si equivocan el mensaje o éste es mal decodificado, esas ruedas pueden ser de carreta o sonar como las de los carros blindados.




Lamentablemente en nuestro país, pues es el que me importa, seguimos teniendo embajadores que no son tal. No quiere decir que no exista alguno con aptitudes, pero en general no es así. Los actuales embajadores (premio político) son chupasangre del gobierno de turno, que en nada aportan al estado. POR FAVOR, PROFESIONALICEMOS LA CARRERA DIPLOMATICA. y eso comienza desde la cabeza del estado...es decir, de los dirigentes de nuestro país.
Posted by Jorge on December 11, 2008 at 01:48 PM CLST #
Embajadores profesionales, a los otros como consultores o consejeros ya que no se puede desperdiciar su experiencia.
jorge te pido señales un nombre para poner en perú, aunque sea un político de carrera.
Posted by Pablo on December 11, 2008 at 05:51 PM CLST #
En nuestro tercer vecino, Bolivia, con Evo Morales, sus diplomáticos son tristes ganapanes indigenas unos, cholos los otros que apenas sospechan el español y que ignoran la diplomacia al igual que la higiene.
Hoy día representa al pais del Altiplano, un ex comandante de ejército, que como sus homólogos, tiene cargos pendienes en su pais por contrabando.
Lástima para las relaciones de ambos paises
Posted by Ramiro Costas C. on December 11, 2008 at 08:00 PM CLST #
Sólo le escribo para decirle que es lamentable que vuestra excelentisima prosa y su siempre completo análisis no deberían estar expuestos a la opinión de algunos simios que aquí han comentado. He leído dos de sus libros y tengo la certeza de que si usted está lejano de algo es de la ignorancia.
Paciencia, en Chile un alto porcentaje de la población no entiende lo que lee...
Posted by Marcelo... on December 11, 2008 at 10:50 PM CLST #
Posted by Gabriela on December 12, 2008 at 11:28 PM CLST #
Buen análisis, aunque su pluma pareciera no estar 'en frío'.
De todos modos, concuerdo con la relevancia de los diplomáticos y el poder de lo escrito en las relaciones internacionales: las urgencias que crean algun@s presidenta/es deja fuera de lugar el rol de los cancilleres. Por otra parte, vemos opinar a los cancilleres con una soltura increíble, tomándose la libertad de opinar por el país, cuando a veces no se piensa así.
Saludos!
Posted by Marcos on December 16, 2008 at 02:02 AM CLST #