Jaime Retamal Salazar

Pensar la educación: del mito platónico al mito del mercado

 

Campus Oriente y la Policía del Pensamiento

Dec. 27 , 2011

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El año 2012 se viene agitado. Las demandas estudiantiles que movilizaron a miles de jóvenes por el país, durante todo este año 2011, no fueron satisfechas en ninguno de sus puntos esenciales.

Ni siquiera se lograron avances significativos en el Congreso, pues a la misma hora en que se tuvo la esperanza de que los honorables pudiesen hacer un trabajo político significativo por mejorar la crisis universitaria, fue esa la misma hora en que toda esperanza se diluyó en traiciones de lado y lado, adviniéndole al mundo universitario nuevos resentimientos, nuevos malestares y nuevos hastíos por el mundillo político chileno.

Está por verse si las demandas de los universitarios se transformarán verdaderamente en una lucha de la sociedad civil chilena en su conjunto por una educación pública, de calidad y gratuita. Durante todo el año 2011 vimos a innumerables adultos acompañar a los jóvenes en las calles y durante la noche del cacerolazo ciertamente tembló en La Moneda. Pero la casa de gobierno se remeció aún más, encuesta tras encuesta, al ver que la simpatía por el movimiento estudiantil era inversamente proporcional a la simpatía por el Presidente y sus Piñera-boys.  

Nadie ponga en duda que los sentimientos de malestar están haciendo cuerpo en el mundo universitario durante este tiempo de normalidad. Mientras tanto, la oficialidad opinante de la derecha y de la Concertación bacheletista-aliancista se ha esmerado en instalar cuñas en contra de los estudiantes: su infantilismo revolucionario (Pancho Díaz, J.J. Brunner), su miope lectura de Gramsci (E. Ottone), la excesiva cobertura periodística (Piñera), y últimamente, su violencia llevada al paroxismo de la profanación: el odio de los estudiantes en contra de la numinosa memoria del más alto prohombre de la derecha dura chilena, Jaime Guzmán.

¿Huele a peligro el 2012? La respuesta es evidente. Los últimos acontecimientos tildados de violentos –algunos no soportaron el enorme simbolismo de recibir en sus trajes de seda un par de huevos de las avícolas chilenas- lo están demostrando.

El bautizo de Noam Titelman en el ring de la política no podía ser peor. El tonelaje político de sujetos que tienen a sus espaldas toda una fenomenología de la religiosidad de su líder, toda una estructura sistémica y operante del poder económico, y ahora, todo el largo brazo del aparato gubernativo-burocrático, tienen al pequeño Titelman -ataviado con una humilde tirachinas- de cara al gigante Goliat de la política chilena.

El Rector de la Pontificia Universidad Católica afirmó que condenaba absolutamente los hechos por considerarlos completamente antidemocráticos y antiuniversitarios. Se trató de “un grupo minoritario de estudiantes que actuó con violencia verbal, falta de respeto, que lanzó huevos, agua y proyectiles no contundentes”, dijo. En buen chileno, los estudiantes no hicieron menos que sus ancianos abuelos jubilados, pensionados o montepiados de antaño. El Rector anunció la absoluta imprescriptibilidad para aquellos que lanzaron los huevos y recibió el apoyo irrestricto de la totalidad de los decanos para iniciar lo sumarios.
 
Por el PS, Andrade; por el PPD, Tohá; por el PR, Gómez; por la DC, Walker; por RN, Carlos Larraín más todo el Goliat de la UDI contra los estudiantes que lanzaron huevos en el Campus Oriente. En fin. El pobre Titelman no tuvo más que decir “si hubo actos de violencia o agresión, de ninguna manera es aceptable”. 

Hay que evitar una triple ceguera en todo esto. La primera es la que impide ver que los estudiantes de la UC son tremendamente peligrosos como fuerza política para la clase de honorables en su totalidad. Si decidieran para el 2012 levantarse más irrestrictamente en apoyo de las demandas estudiantiles, más de lo que lo hicieron durante el 2011, la sangre podría llegar al río de todo el mundillo político.

El mito de los estudiantes UC movilizados el año 67 no puede activarse, de ahí el enérgico rechazo –casi a priori- a lo sucedido en Campus Oriente.

¿Qué pasaría si hoy, como en el 67, los estudiantes enviaran una carta al Papa para manifestar su rechazo tanto a las políticas gubernativas en educación superior, como a la políticas universitarias en sus propios campus rechazando estos sumarios? Dios nos libre, aunque creo que hoy, ni el Papa…

La segunda ceguera consiste en infravalorar la omnipresente figura de Jaime Guzmán en el imaginario de la Derecha dura chilena, en sus seguidores más fieles, esos que fueron jóvenes promesas y hoy son gigantes ministros. Esto no es  algo mucho más difícil de tematizar que aquello de lo que ya hemos escrito sobre las reformas de la educación superior en el año 1981 y sobre la revolución que desde ahí se ha configurado en el Chile post-Pinochet, pues tiene que ver con la potencia irracional que todo fundamentalismo le da a la acción humana religiosa.

La tercera ceguera podría ser sin duda la más grave. Pensar que es la primera vez que en el Campus Oriente se enfrentan las fuerzas del gremialismo con el sentir artístico-intelectual del pensamiento de izquierda.

El año 1978 Andrés Chadwick protagonizó, a combo limpio, en nombre del gremialismo de Chacarillas, una de las grescas pugilísticas universitarias más memorables del Campus Oriente de la UC.

A tal nivel de violencia llegó el conflicto que el miércoles 06 de Septiembre de 1978 La Segunda tituló en su portada de letras rojas: “SERIO INCIDENTE EN CAMPUS DE UC”; “Agitadores DC y UP de Teología provocan al estudiantado”; “La mayoría de los alumnos repudió a los grupúsculos politizados”.

Lo que sucedió fue que alumnos de las escuelas de Teología, Filosofía, Educación y Periodismo, convocados por la Pastoral Universitaria, se reunieron en el “patio de las tías” a eso de las 11 de la mañana para solidarizar con los estudiantes de Nicaragua víctimas de Anastasio Somoza. Pero espontáneamente  se comenzaron a manifestar consignas para pedir por la democratización de la Universidad, la libre elección de los dirigentes estudiantiles y por “paz, justicia y libertad”.

Fue en ese momento que los alumnos de la Escuela de Derecho –cuna del gremialismo- encabezados por el presidente designado de la FEUC Andrés Chadwick –máximo líder juvenil del gremialismo- se enfrentaron a los manifestantes gritando consignas a favor del pinochetismo (“Viva la Junta Militar”; “Pinochet, todo Chile con usted”; “Demo, entiende, la Patria no se vende”) para luego derivar en un pugilato colectivo de proporciones.

La violencia colectiva involucró, según Las Últimas Noticias -“PUGILATO EN LA UC”, “Autoridad detendrá foco de revoltosos” tituló en su edición del 7 de Septiembre- a unos 400 universitarios. El Mercurio habló de 200 universitarios en edición del mismo día. Y el diario La Tercera informó, además, de un estudiante herido y de un estudiante retenido. El herido era el estudiante de Teología Alejandro Álvarez, quien luego de ser llevado en ambulancia a la Posta Central estampó una denuncia por agresión en contra (de los combos) de Andrés Chadwick.

Algunos alumnos de Derecho de la UC (Baldo Prokurika, Jaime Orpis, Miguel Vial, Santiago Hudson, entre otros) emitieron un comunicado de denuncia en el que decían que “con motivo de la aproximación del quinto aniversario de la liberación nacional, grupos marxistas y de la proscrita democracia cristiana, han venido desarrollando una campaña orquestada, que tiene como fin alterar el orden público, quebrantar el receso político y destruir el proceso que nuestra Patria vive, cual es, el hacer de Chile una gran nación”.

La Editorial de La Segunda reflexionaba “Si hay estudiantes que violan la disciplina universitaria para reintroducir la agitación y la politiquería en las aulas, hay sanciones académicas que son una respuesta justa y eficiente, como para desalentar esos intentos”. Y en una extensa entrevista, Andrés Chadwick afirmaba que “reaccionaremos con mayor fuerza si se repiten actos” que también considera orquestados por la DC y el PC, afirmó que “resulta extraño que siempre, inmediatamente, si no antes, se han presentado en el lugar de las manifestaciones periodistas de Radio Chilena y Radio Cooperativa”.

Finalmente la tesis de los estudiantes gremialistas, y del gremialismo en conjunto, sobre la orquestación izquierdista se impuso. Luis Cordero escribió una columna de opinión en la Tercera para denunciar que “como en los mejores tiempos del gobierno del señor Frei, la Juventud Demócrata Cristiana y los sectores marxistas-leninistas marchan unidos hoy en día, por el propósito común de retrotraer al país al caos y a la anarquía”. Finalmente el Ministro del Interior Sergio Fernández terminó denunciando al país un plan subversivo orquestado por la DC y el PC.

El Secretario General de la UC, Francisco Bulnes Ripamonti y el Vicerrector de Comunicaciones Hernán Larraín (hoy Senador UDI), se apersonaron en el Campus Oriente. Por la tarde la Universidad anunció investigación y sanciones. No contra los gremialistas, por cierto, contra los otros.

¿Dijo algo Jaime Guzmán? No inmediatamente. Por esos días del año 78 estaba preocupado jugando con la Comisión Constituyente ad portas de entregar al país un valioso documento en el que mostrarían sus avances. Habló la semana siguiente, en su columna de la Revista Ercilla que tituló “La furia de la oposición” y advirtió:

“La oposición política se nota irritada. Con una amarga mezcla de agresividad y frustración, ha empezado a disparar a la bandada, tratando de acertar en alguno de sus blancos. Simultáneamente intenta revivir problemas de derechos humanos ya superados, desconoce la evidencia del éxito económico, procura crear una agitación laboral y estudiantil tan artificial como epidérmica […] el ataque ya no es selectivo, como había sido alternadamente hasta ahora, sino que se ha vuelto total”.

Por cierto, en esta columna, a los señores de la oposición no los llama “enemigos políticos”, sino, lo que es peor, les aplica el mote de “carcamales políticos.”

¡Qué tiempos violentos aquellos!

Publicado en El Mostrador 26/12/11"Los teloneros de Campus Oriente"





El Poder del gremialismo FEUC en el Gobierno de Piñera

Nov. 08 , 2011

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Una de las instituciones fetiches de Jaime Guzmán, además del Estado,
fue la institución donde se jorja el futuro de cualquier país; la
institución donde las mentes juveniles (plásticas) ávidas de saber,
inquietas y utópicas llegan para formarse y adquirir las herramientas
para transformar el mundo; la institución, al fin, donde es posible
influir ideológicamente a las élites con el propósito de crear o
acrecentar el poder político. Hablamos, como ya se han dado perfecta
cuenta, de la Universidad, y en particular, de la Pontificia Universidad
Católica...

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Una agenda europea para los líderes del movimiento estudiantil

Oct. 05 , 2011

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Impacto causó el discurso del Presidente Piñera en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Afirmó que el movimiento estudiantil era una causa noble, grande y hermosa. En sí misma se trata de una afirmación compartida por las mayorías –abrumadoras mayorías para el Presidente- que están apoyando al movimiento estudiantil. No obstante, escucharla en su discurso produjo un raro impacto.

Sin duda, hay una potente “autocontradicción performativa” en el Presidente. Es como cuando gritando exclamamos ¡no grite! Hacemos en nuestro decir aquello que censuramos… y al mismo tiempo. La extraña disonancia cognitiva que produjo escucharlo, más encima a nivel internacional,  no dejó por cierto a nadie conforme.

Pues ¿de qué se trataba?;¿de un ardid?

No existe otro problema mayor para el Presidente en este minuto. Está claramente relacionada su baja popularidad con la muy mala gestión que del conflicto estudiantil han hecho él y sus ministros.

Un Presidente que no escucha es finalmente castigado por la ciudadanía. No es que solamente no le quieran, como se presume en la plaza de los ensayos recientes de interpretación. Es simplemente, falta de credibilidad.

No le quieren y no le creen.

¿Cómo le van  a creer si a nivel internacional se pone la camiseta del movimiento estudiantil -al mismo tiempo- que a nivel nacional es, o una camiseta de once varas, o una camisa de fuerza para su gestión política?

En cambio el movimiento estudiantil sigue en pie, principalmente porque en el dínamo que le mueve hay hechos que resultan del todo escandalosos. No solo para algunos. Para todos.

Patricio Meller, sin tapujos –brutal y sin escrúpulos- lo dice en una página de su reciente panfleto Universitarios, ¡el problema no es el lucro, es el mercado!

Si me lo permiten, reproducimos toda la página 11 por su fuerza, que no es sino la fuerza de los hechos. Dice Meller que el costo de las universidades chilenas es el más alto del planeta: 41% PIB/cápita; que el aumento de los aranceles es muy elevado: 60% (sobre UF) en doce años; que un hijo universitario implica un gasto superior al 40% del ingreso familiar de los tres menores quintiles de ingresos; que el gasto público chileno en educación superior es 0,5% (PIB), el menor del mundo; y que los universitarios chilenos tienen el mayo endeudamiento de todos los países: la relación deuda total (vinculada al financiamiento del costo de la universidad) respecto del ingreso anual (como profesional) es 174%.

Patricio Meller no merece sino aplausos, su síntesis diagnóstica es muy esclarecedora.

Tan esclarecedora que merece ser dicha a nivel internacional por quienes precisamente sufren de ella. Por quienes han levantado un movimiento pacífico que recoge uno de los sentimientos mayores de injusticia social en el Chile post-Pinochet y que no fue resuelto por los regímenes de la Concertación. Por quienes han sido una y otra vez escamoteados por el poder de turno. Por quienes a fuer de convicciones no hacen sino decir “no más lucro ni mercado para la educación”, si la educación pública es verdaderamente el ethos fundacional de una democracia verdadera.

Es por y en este contexto que se ha levantado la iniciativa internacional, encabezada por el filósofo francés Edgar Morin y el sociólogo francés Alfredo Pena-Vega, a través de dos instituciones que lideran, el Observatorio Internacional de las Reformas Universitarias (ORUS), y el Instituto Internacional de Investigación Política de Civilización (IIRPC), de invitar a los líderes del movimiento estudiantil chileno para realizar una agenda de trabajo y encuentros de alto nivel en Europa.

Quienes colaboramos con la agenda en Chile –Luis M. Flores de la Facultad de Educación de la PUC y quien escribe- nos hemos encontrado con estudiantes seriamente comprometidos por aquello en lo que tienen puestas sus convicciones. Estudiantes que irradian esperanza por un Chile nuevo, que quiere cambios razonables y justos.

¿Por qué desaprovechar la oportunidad de hacer fuerzas con estudiantes de otras latitudes en las demandas por una educación más inclusiva y justa?; ¿por qué desaprovechar la oportunidad de reunirse con organismos internacionales para decir –como testigo encarnado- que la desigualdad educativa en Chile no es sólo cuestión de cifras, sino de vidas que se condenan día a día por nacer en la pobreza y la marginalidad en todo los sentidos?; ¿acaso no vale más un apretón de manos y un cruce de miradas que un paper sobre las desigualdad educativa en Chile?

Quienes han trabajado en la agenda en Europa se han encontrado con innumerables intelectuales y ciudadanos que desean colaborar para que los estudiantes chilenos puedan dar a conocer a viva voz sus demandas.

¿No es razonable buscar un oído atento cuando lo que se sufre es de esta magnitud?; ¿está ese oído atento aquí en Chile?; ¿el Presidente?; ¿sus Ministros?

Esperemos que se pueda concretar esta iniciativa que dada la contingencia todavía no llega a puerto; y esperemos que Dios y la Patria nos libren del chovinismo.

Publicado en El Mostrador 4/10/11

Educación: El problema es el lucro y el mercado

Sep. 17 , 2011

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Según Patricio Meller, en su último libro (¿panfleto?) Universitarios, ¡el problema no es el lucro, es el mercado!, los antecedentes empíricos fundamentales que debiésemos tener en cuenta son los siguientes (pág. 11):

1.    El costo de las universidades chilenas es el más alto del planeta: 41% PIB/cápita.
2.    El aumento de los aranceles es muy elevado: 60% (sobre UF) en doce años.
3.    Un hijo universitario implica un gasto superior al 40% del ingreso familiar de los tres menores quintiles de ingresos.
4.    El gasto público chileno en educación superior es 0,5% (PIB), el menor del mundo.
5.    Los universitarios chilenos tienen el mayo endeudamiento de todos los países: la relación deuda total (vinculada al financiamiento del costo de la universidad) respecto del ingreso anual (como profesional) es 174%.

Pues bien, son esos mismos antecedentes, los que nos llevan a concluir que el problema es el lucro y el mercado. Que el problema no sea el lucro es un non sequitur insostenible, solamente sostenible por un “cieplanismo” que desea de nuevo (ya lo fue a fines de la dictadura) posicionarse como mediador del radicalismo neoliberal. Lo ha hecho por décadas y vaya (!) que ha impuesto sus criterios.

Las preguntas hechas por Arturo Fontaine en el lanzamiento del libro-panfleto son extraordinarias:

“Entre hacer un laboratorio de física o hacerse una casa en el lago, ¿qué escogerá nuestro empresario, dueño de universidad? Entre tener una proporción razonable de alumnos por profesor y aumentar los alumnos al máximo para aprovechar economías de escala, ¿no escogerá lo último? Entre pagar arriendos y servicios necesarios y a un costo de mercado y multiplicar servicios innecesarios y pagar más arriendo del de mercado siendo dueño de las empresas que prestan dichos servicios y de los edificios que se arrienda él mismo, ¿no tenderá a escoger lo último?”

¿Qué hacer? El mundo “adulto” en estas últimas semanas o ha querido cooptar las demandas estudiantiles o ha denostado mediante una serie de epítetos (bien rudos algunos) al movimiento y a sus líderes. Han desvirtuado sus lógicas, manipulado la información o simplemente les han gritado ¡Universitarios!, ¡no es el lucro!, ¡es el mercado!

¿Qué es lo que quieren transmitir con ese griterío?

Lo repitió Michel Foucault en múltiples oportunidades. Los sindicatos y los partidos políticos surgieron como “nuevas formas de asociación colectiva” en el siglo XIX como contrapeso a las prerrogativas del Estado.

Está claro. Hoy estamos experimentando nuevas formas de asociación en la esfera pública. Los ciudadanos, empezando por los estudiantes, están precisamente reafirmando sus derechos ante la política educativa impuesta desde arriba, que no los protege ante la voracidad del lucro y del mercado.

¿Quién dijo que debíamos considerar el “mercado de la educación” como una situación, como una condición de facto? Ese es el problema del mundo “adulto”: se centró en el status quo y no es capaz de escapar del despeñadero de lo real, pues otro mundo y otra educación es posible. Realmente posible.
Doy el link sólo como ejemplo, un buen ejemplo.

"Lo pragmáticamente posible no está fijado con independencia de nuestras imaginaciones, sino configurado por nuestras visiones" (Eric Olin Wright)

La educación es un bien de consumo

Jul. 21 , 2011

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Dicho por un economista educado en la cuna del neoliberalismo chileno,
doctorado en Harvard –es cierto- pero con una tesis sobre economía de la
educación de cuño neoliberal, no es para nada asombroso. Clarísimo, es
pasmoso que lo diga brutalmente, pues el rol de Presidente de la
República visto desde la perspectiva del neoliberalismo lo hace ver como
una especie de caballo de Troya...

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El conflicto de las Universidades: entre lo público y lo privado

Jul. 17 , 2011

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En medio de toda la escaramuza y entre tanta borrasca, aparece este libro, “El conflicto de las Universidades: entre lo público y lo privado”, editado por José Joaquín Brunner y Carlos Peña, ambos ampliamente conocidos por su (dis)posición a reflexionar sobre temas de educación y por su esfuerzo de plasmar en textos sus argumentos.

Saben de ello y saben lo que significa, sobretodo por la ausencia-necesidad que tiene nuestro país (pobrísimo de este tipo de iniciativas editoriales) de argumentos más alejados de la pasión. No es que no existan en todo caso, el libro lo demuestra.

La escritura de argumentos (o los argumentos escritos) comprende una actividad que tiene un sentido no sólo de claustro académico, sino también de ágora pública. No obstante, se trata de un ágora especial destinada, en este caso -creemos-fundamentalmente a policy makers, lobbystas, y a todos quienes se dedican a la política académica-educativa.

Lo anterior no debe mirarse como una falsa paradoja o como un déficit del libro. La actual crisis de la educación superior tiene como causa primera y última –no cabe ninguna duda- otra crisis más fundante: la crisis de pensamiento de las políticas educativas que en su minuto impulsó la dictadura y luego, un minuto más tarde, la Concertación. Brunner, en ese sentido, no es ajeno a esa crisis de pensamiento, que entiéndase bien, no es una crisis de racionalidad, sino de paradigmas.

El pensamiento neoliberal en educación ya resulta insoportable en nuestra conciencia ciudadana. Carlos Peña sabe de esto y lo ha (des)escrito.

Hoy, nuestro modelo de educación superior, está llegando a su fin. La conciencia que hoy tenemos del modelo es infinitamente más crítica que la que teníamos hace 5 años. Tal desmoronamiento, en tan breve plazo, se debe a diversos factores, pero fundamentalmente porque está naciendo una sociedad que no soporta ni el libremercadismo en educación, ni el abuso de los mercaderes de educación privada, ni menos las calamitosas desigualdades del sistema de educación superior.

¿Es hora de pactar una transición a otro modelo, sin ocultar por cierto la palabra “transición” y otorgándole toda la seriedad y profundidad que ella pueda tener?, ¿Es hora de sentarse a agendar los cambios, de tal manera de evitar, por un lado la violencia, y por otro, nuevas injusticias estructurales?

El libro editado por Brunner y Peña contiene 15 interesantes ensayos. Me focalizo en el de Pedro Morandé que se titula “Lo público y lo privado en el sistema universitario chileno: visión desde la cultura”.  Consideré tremendamente pretensioso el título –atractivo- así como me interesó saber la posición de Morandé al respecto.

Pedro Morandé, nos informa el libro en su parte final, es sociólogo de la PUC, doctor en sociología por la Universidad de Erlangen-Nürnberg. Varias veces prorrector de la PUC y hoy decano de la Facultad de Ciencias Sociales de esa casa de estudios. Miembro de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales y miembro de número de la Academia de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto de Chile.

Escribe un ensayito de 18 páginas sin bibliografía. No obstante nos entrega tres citas bibliográficas al pie de página: la primera, de Helmut Schelsky (sociólogo nazi converso después de la segunda guerra mundial); la segunda, de Hannah Arendt (filósofa judía germano-americana); la tercera, de Martín Heidegger (filósofo nazi, discutidamente converso).

Schelsky es reconocido por su sociología del sistema universitario, Arendt por su extraordinaria filosofía ético-política, y Heidegger por ser uno de los grandes pensadores “metafísicos” del siglo XX. Las dos primeras citas las usa para reforzar la idea de “solitud” del pensamiento; la de Heidegger en cambio, la usa para reforzar una crítica a la sociedad moderna funcionalizada, industrializada y tecnificada que rompe con la tradición clásica del pensar y del saber, para producir la emergencia de un saber reducido a información utilitaria, pragmática y económicamente relevante.

Siguiendo ese argumento, Morandé realiza una crítica conservadora al modelo de universidad actual por considerar que ha reducido el saber a información, y ésta en factor de negocio competitivo en el mercado del conocimiento: “… lo que se privatiza no es el saber como tal, sino los resultados asociados a las expectativas comerciales que origina un saber considerado información. Por ello, desaparece el sabio, quien trataba su saber como un bien público, y aparece el investigador-empresario, quien, sea que trabaje solo con sus colegas universitarios o se asocie dierctamente con consorcios empresariales, generará la necesaria intransparencia para apropiar privadamente la información obtenida”.

Hasta ahí el Morandé crítico del “sistema-universitario-actual”. El resto es una perorata tremenda, una blasfemia a su propia crítica.  Su texto es algo así como “mi crítica es esta, pero el estado de cosas es de otra manera hoy, luego, mejor me acomodo al estado de cosas hoy”.

La verdad esperaba leer al Morandé de antaño. El conservador de fuste, con argumentos esencialistas de fuste. Ese Morandé de antaño, no tendría reparos en criticar el actual modelo (por razones distintas a las de un comunista) neoliberal. El conservadurismo verdadero jamás se entregará a los brazos del neoliberalismo en educación, seguramente por considerarlo propio de bárbaros. Pero lo mismo el verdadero liberalismo. Jamás un verdadero liberal pensará que la solución al problema de la educación pasa por la inyección de competitividad o realismo de mercado. Jamás. Por esa razón el modelo neoliberal chileno es único: debiese unir en una misma crítica a conservadores, liberales, progresistas y radicales. Pero no lo hace. Criticar el modelo produce miedo -creo- hasta en un veterano como Morandé: no llega al final con su crítica -hasta las últimas consecuencias- dejándola tirada al borde de su camino para concensuar él con el modelo. Léalo Ud. mismo.

¿Por qué?, ¿qué leemos finalmente en el ensayo de Morandé? No sé realmente. Para nada el relato de un oportunista. No digo eso. Morandé es un caballero. No es oportunismo. Tal vez sean los años los que a uno le quitan la audacia, pues para ser conservador o esencialista se necesita audacia. Tal vez leí mal: es lo más probable, pues hace rato que ando con la hermenéutica de mala puntería. Mejor paso a los otros ensayos. Tal vez encuentre en ellos menos conformismo (el que creo ver). Más autocrítica (la que creo no encontrar).

Veamos... comienzo a leer otro de los ensayos "Las humanidades, lo público y la universidad" de Pablo Oyarzún. Veamos qué pasa.

¿El realismo de Maquiavelo en la violencia política?

Jun. 20 , 2011

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Un texto extraordinario de Philippe Braud, antiguo director del Departamento de Ciencia Política de la Sorbonne, me llegó por accidente el año 2003. Un gran amigo lo traía en su recién llegada maleta de Paris, y de verdad, me lo regaló, cual albricia; me dijo, "te servirá más a ti que a mi". A la sazón ya llevaba más de 5 años investigando el fenómeno de la violencia. En fin, se trata de Violences politiques, libro obligatorio para quien quiere entender el fenómeno de la violencia y su relación con la institucionalidad política, el mundo político, o la política a secas.

Así de claro. No existe posibilidad en la historia del pensamiento y la filosofía política. Quien se tope con el fenómeno de la violencia y su uso legítimo (o no) de parte de un Estado o Gobierno, llegará inexorablemente a Maquiavelo.

A César Borgia se le tenía por cruel: sin embargo su crueldad reformó toda la Romaña, la unió y la sumió en la paz y en la fidelidad”, decía Maquiavelo para justificar una violencia política que al parecer moralmente parecía necesaria, pues ¿acaso no es mostrarse más compasivo actuar de ese modo que permitir que se propaguen los desordenes, “de los cuales  nacen el crimen y la rapiña”? se preguntaba Maquiavelo, retóricamente por cierto.

Nadie puede negar –mutatis mutandi- que hoy estamos enfrentados al mismo asunto, y al mismo tipo de justificaciones dadas por Maquiavelo.

Así pues, en ese breve pero expresivo comentario de El Príncipe de Maquiavelo,  precisamente ahí, está todo el QUID de la violencia política del Estado contra la sociedad civil.

Como se puede ver, es un quid en apariencia de tipo realista, de realismo político, de cinismo político, pero en el fondo, nos dice Philippe Braud, es uno del tipo moral, de realismo moral si se quiere: se trata de evitar el sufrimiento a más largo plazo de la misma sociedad civil. O dicho de otra manera, “un fin deseable justifica unos medios que pueden ser incluso lamentables”.

No obstante, advierte Braud “… lo que se olvida de evocar aquí es que los cálculos iniciales se ven a menudo alterados o desbordados por el encadenamiento de las reacciones que provocan. Los primeros actos de violencia ponen en marcha complejas dinámicas que se manifiestan no sólo en el nacimiento eventual de contraviolencias, que nutren un proceso cada vez más difícil de controlar, sino también en la aparición de mecanismos psicológicos susceptibles de modificar considerablemente las representaciones del entorno social y político.

Ciertamente, las democracias son menos proclives al uso tanto de la violencia, como al uso del argumento cínico-realista de la eficacia de su uso. El avance del Estado de Derecho, obliga al uso de la fuerza sólo como “último recurso”.

En las democracias, las movilizaciones de protesta se caracterizan “por una clara tendencia a la moderación en sus formas de violencia”, afirma Braud. Incluso “en muchas manifestaciones se advierte la práctica de actividades lúdicas que pretenden dar una imagen ingenua de los participantes y constituye una táctica de seducción  dirigida al público”.

El punto es que recurrir a la violencia es contraproducente. La violencia, en la actualidad de las democracias, produce un gran rechazo en la opinión pública. Lo mismo vale para las fuerzas de orden público. El exceso de brutalidad en las tácticas de dispersión, el encarnizamiento, desacredita gravemente a los responsables políticos de un Estado o gobierno democrático.

En fin, “la dimensión de la violencia se incrementa en los conflictos sociales cuando fallan las estructuras de diálogo”, concluye Braud, entre el sentido común y la constatación histórica.

Todo indica que el lunes 20 de junio, seremos testigos del uso de este recurso, la violencia política de un Estado democrático, para desalojar a los estudiantes que continúan en tomas y paros en sus liceos. El argumento es el mismo de tipo realista cínico de Maquiavelo. La constatación es la misma en cuanto a la ausencia de diálogo. Y la complejidad será exactamente la misma descrita por Baud, pues no sabemos en nada si este será el fin de un movimiento, que antes de ser resuelto con diálogo, al parecer, pretende ser apagado con bencina… y de alto octanaje.

A la escuela y al liceo se va a aprender. No cabe duda.  Pero a veces, estas situaciones de conflicto son las más propicias para producir aprendizajes, que sin ellas, no podrían emerger. ¿Qué aprenderán los jóvenes estudiantes de la política, y del mundo adulto al fin, si una acción policial será la que finalmente lo "resuelva" todo?.

Pues, como lo recuerda Braud, "la violencia simbólica puede derivarse directamente de los resultados materiales de la economía de mercado",  y agregaba -acto seguido- esta extraordinaria pregunta sobre "¿cómo conciliar las antiguas solidaridades colectivas con el espíritu individualista empresarial?"

También es nuestra pregunta para Maquiavelo y su realismo político.

La violencia en las movilizaciones estudiantiles

Jun. 17 , 2011

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Manifestaciones estudiantiles en la gran Alameda.

Más de 70 mil almas marchando libremente.

Fue una caminata por una educación justa (y ya no simplemente “más justa”).

Pero ocurrió lo que sabíamos iba a ocurrir: enfrentamientos violentos contra las fuerzas del orden. Saqueos. Grafiteo en cuanta muralla inmaculada existe. Molotov. Peñascazos. Destrozos a la propiedad pública y privada. Semáforos. Señalética. Paraderos del transantiago. Y todo cuanto pudo romperse se rompió. Por el otro lado, lanzaguas, bombas lacrimógenas, palos, zorrillos, grupos de choque, caballerizas, escudos, cascos, bototos y todo cuanto se puede imaginar tiene a cuestas la fuerza policial.

Y el tercer actor, la infaltable mediatización de la violencia: flashes, cámaras e internet en vivo siguiendo el desmán, la desviación, la delincuencia, la violencia, la inseguridad, el miedo. Se llevan gran parte de la cobertura periodística la minoría violenta, salvaje e incivilizada (el lumpen) y no la mayoría que hizo lo que tenía que hacer: manifestarse (algunos muy creativamente) sobre la necesidad imperiosa de una educación justa.

¿Es sólo que los editores de medios envían a los pobres periodistas y gráficos a buscar eso?; ¿eso que vende rating y procura ganancias?; ¿o es más retorcida la cosa; y es que los editores de los medios, ideologizados por mantras de corte derechista, buscan precisamente aquello que fortalece su cuenta político-partidaria? Un poco descabellado.

Sin embargo, como se sabe por abundante literatura, la idea del orden, el manejo del miedo, y la promesa de seguridad es una cuestión de "derechas". Así pues, tan descabellado no es; además, fue el marxismo en el siglo XX quien más justificó la violencia. Algo sabemos de esa dialéctica de la muerte en Chile.

En fin, tal vez exista un poco de todo aquello. Pero hace ya algunas semanas que la clase política chilena, líderes de opinión y actores relevantes de la sociedad civil vienen hablando de violencia.

Para algunos, el punto de inflexión fue el 21 de mayo, cuando, en evidente "auto-contradicción performativa", el Presidente de la República con rictus facial, gesto corporal y entonación fonética, grita, dedo en alto, y usa -infelizmente- la expresión “¡violentistas!” contra alguno que otro manifestante en el Congreso (ciudadanos de a pie, con muletas, estudiantes, honorables diputados). De ahí en más, se viene instalando el tema de la “violencia”, como retórica discursiva política.

Se descalifica todo acto de violencia, claro está. Pero no se puede pretender doblegar el discurso del otro sellando en su frente la mácula de la violencia. Se dice ante los micrófonos y cámaras “está bien que se manifiesten, pero son unos violentos, así no”.

Puede resultar ser una mácula injusta, en un océano de justicia.

Los fenómenos violentos responden –y a la perfección- a la industria del espectáculo, tanto telegénico como fotogénico. La violencia vende, reditúa y multiplica el business en un ambiente de hipersensibilidad social ante la violencia -pero atención- ficcionada o real.

Como ya lo señaló Jean-Jacques Roché(1993), a medida que la visibilidad de la violencia se incrementa, aumenta la sensación de inseguridad. Jean-Claude Chesnais (1981) pensaba que esa visibilidad era la causante de un sentimiento difuso de miedo colectivo. Y el gran Yves Michaud escribió que “el acontecimiento violento se identifica con su cobertura, y adopta las formas que hacen posible esa cobertura”.

Ahora bien, hoy es el discurso de la “victimización” el que produce el rechazo a cualquier tipo de violencia; pues ya no existe ninguna gramática discursiva (marxismo, anarquismo, fascismo, nacionalismo) que la pueda justificar. Sin embargo, no hay ninguna paradoja en rechazar la violencia y desear verla en una producción de noticias o en una producción cinematográfica. 

La hipervictimización va de la mano de la hipervisibilidad mediática de la violencia, mucho más seguido de lo que creemos.

Dado lo anterior, además de rechazar la violencia, no podemos caer en la retórica de la hipervictimización a través de la hipervisibilidad mediática de la violencia para desacreditar el discurso y la manifestación pública, en este caso de los estudiantes, universitarios, rectores, profesores y sociedad civil. Lo repetimos: es una mácula injusta, en un océano de justicia.

Si dejemos cultivar el espectáculo de la violencia, asociándola a las manifestaciones de los estudiantes universitarios, puede que no comprendamos qué es lo que de verdad nos quieren decir las nuevas generaciones de jóvenes que, dicho sea de paso, nunca vivieron bajo el imperio del miedo, como muchos de sus padres o abuelos.

Son jóvenes post-dictadura y post-concertación (dio risa, dicho sea de paso, ver a viejos sindicalistas y concertacionistas marchando y usufructuando micrófono).


Romper la escuela o el liceo es también violencia escolar

Jun. 10 , 2011

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Nadie lo puede negar.

Ver a estudiantes rompiendo sus propias escuelas y liceos nos hace pensar, en primera instancia, casi sin reflexión, de la literal estupidez que les puede estar afectando.

Provoca pasmo y rechazo el triste espectáculo de ver cómo estudiantes encapuchados destrozan y rompen “sus” propios muebles, “sus” propias salas, y “sus” propios instrumentos educativo-pedagógicos para forjar “sus” propios conocimientos, saberes y aprendizajes.  

Esto no es bullying, pero el fenómeno de romper la propia escuela está también incluido dentro de la multiplicidad de fenómenos de aquello que los especialistas denominamos “violencia escolar”.

Romper la escuela no es sólo lo que vimos hace un par de días: adolescentes enfrentados contra las fuerzas del orden; es también usar las murallas de los baños, las duchas, la sala de clase, los bancos o mesas, el casino, las murallas del colegio, etc. etc. etc. para escribir groserías, insultos o sandeces, escraches o funas, firmas hip-hoperas o flaites, leyendas y señas de clubes deportivos o barras bravas, y otro largo etc. Es romper el mobiliario. Es romper los laboratorios. Es romper puertas y ventanas. Es romper instrumentos deportivos. Es romper los computadores. Es deteriorar y pauperizarlo todo.

No es bullying, pero es violencia escolar.

Quien mejor lo ha expresado es el sociólogo François Dubet. La violencia escolar no puede ser reducida simplemente a lo que conocemos como violencia entre pares, entre individuos y menos a la violencia social o a la delincuencia juvenil. En muchas ocasiones –se lo hemos repetido de innumerables formas a las autoridades- la violencia escolar es una respuesta al mismo sistema escolar.

¿Cómo? ¿La violencia escolar puede ser una respuesta a otra violencia, más sistémica, más simbólica y más indirecta? ¿Es que algo tan abstracto como “el sistema escolar” puede ser percibido como agresivo, y produzca o desencadene de parte de los estudiantes respuestas violentas, en este caso, contra la misma escuela o liceo?

Así no más es. Dubet la llama violencia “anti-escuela” que no es otra cosa que, por una parte, la respuesta de los estudiantes a cierto tipo de autoridad pedagógica, y por otra, el debilitamiento hasta la pérdida de su propia autoestima y juicio escolar. Esto sucede cuando el sistema escolar es en verdad una pura e indudable “hipocresía”, un puro y eterno “simulacro”. ¿Por qué? Porque sin paradoja, aunque la escuela no es la causa directa de la pobreza, ella misma determina severamente las oportunidades de éxito o fracaso de los estudiantes y reproduce a fuego la estructura social de los de arriba y de los de abajo.

La escuela chilena es ampliamente desintegradora. No es la causa de la desigualdad, pero determina y perpetúa que esa desigualdad permanezca, se sedimente y produzca un malestar en los estudiantes que es ampliamente resentido.

Los estudiantes saben de sobra que el sistema escolar no los favorece. Ahí está el punto. Y responden violentamente. No es una violencia sin sentido.

Los estudiantes más pobres o más vulnerables saben –y muy bien- que si están condenados por no haber nacido en una cuna de oro y que esa condición de partida no puede ser intervenida por ellos, entonces TODO se juega en la escuela y en el liceo.

Pero, si la escuela o el liceo ¿son un puro simulacro?, ¿promesas falsas o hipócritas? Ahí, justo ahí, los estudiantes dejan de sentir a la escuela o el liceo como “sus” espacios de aprendizaje, como “su” mundo escolar. Todo les es ajeno y lo rompen. Con violencia. No es que los afecte una estupidez casi genética.

Necesitamos que rápidamente los adultos (autoridades, tecnócratas, expertos, representantes de la sociedad civil) con los estudiantes se sienten en una mesa a solucionar el entuerto todo. No lo hemos hecho bien. Ni con Bachelet, ni con Piñera. Parece que la política ha quedado chica desde hace tiempo, ante el gigante de la mala calidad de la educación.

De otro modo seguiremos viendo las escuelas rotas por la violencia escolar. Y seguiremos irreflexivos y puramente contemplativos.

Yordan

May. 26 , 2011

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Un escolar ha muerto a causa de una serie de victimizaciones ocurridas
en el liceo. Fue un niño escolar que sufrió un asalto, amenazas de
muerte, persecuciones  y hostigamiento límite. Todo con una intensidad
insoportable que le llevó a quitarse la vida. Los padres hicieron todo
lo que pudieron. Denunciaron a Carabineros del hecho. Lo cambiaron de
colegio, hasta de ciudad. Igual sus "compañeros" lo persiguieron...

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La Calle es de los Estudiantes

May. 12 , 2011

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“Profesor ¿irá con nosotros a marchar hoy? Yo no marcho señorita, los milicos marchan. Pero profesor ¿usted no comparte nuestra lucha? La última vez que escuché la palabra “lucha” fue cuando leí el panfleto de Hitler. Pero profesor ¿va a ir o no? Sí señorita, pero yo ni marcho ni lucho, esas palabrejas no van conmigo.”

¡Qué diálogo me tocó escuchar esta mañana antes de partir al centro de Santiago!

Creo que tiene razón el profesor.

El imaginario socio cultural es completamente distinto. Ya no estamos en los setenta. Donde las palabras esas, funcionaban y operaban casi instantáneamente. Verdaderos mantra. La “Batalla de Chile” muestra un país así, “mántrico”, liberado y sordo, pero de lo más importante, del diálogo razonado y argumentativo. En fin. Nos fuimos los tres caminando. Ninguno de los argumentos de la estudiante eran verdaderamente argumentos para nosostros. Eran sólo lugares comunes.  Por eso, recordé esas escenas del documental de Guzmán, cuando se escuchaba la palabreja “compañero” una y otra vez, una y otra vez.  Ahora el mantra era en boca de esta estudiante una serie de oraciones, proposiciones, conectadas, unas y otras, repetidas de arriba abajo o de abajo arriba, como lego “mántrico”: educación-mercado-derecha-Piñera-pobreza.

Pero ella, la estudiante, nos fue contando la historia de su vida de estudiante. Qué hacía y no hacía para seguir “con vida” en la universidad. Nos contó la historia de su hermano, de su madre y su padre. Vidas cotidianas de esfuerzo, de sacrificio y de adquisición de una conciencia social mezclada con resentimiento –no hacia el país- sino hacia las elites que no dejan ni han dejado de obstaculizar lo que ella llamaba “la posibilidad de vivir bien y tranquila”. Ella no quería sino lo justo para vivir, quería además hacer algo por alguien, en el sur, ser profesora rural, trabajar por los demás, única formula de ella para darle sentido a su trabajo futuro. Pero las élites era la fijación de  su malestar. La pobreza no era su tema, era la ausencia de justicia.

Y creo que ella también tiene razón.

El profesor y yo comprendimos que su argumento estaba ahí, en su historia, no en una exposición discursiva y claramente distinguible de otra. Estaba ahí, en la calle. En la caminata que hicimos, en el diálogo que se abrió, en saber que estos estudiantes tienen otras formas de hablar, distintas a las de antaño, pero que no han tenido una formación para la ciudadanía, ni cívica, como hubiésemos querido desde el retorno a la democracia, pero que sin embargo, están ahí, en las calles, con otro tipo de palabras, argumentos y discursos.

Finalmente tenía más razón ella que el profesor.

La calle es de ellos… y la hacen día a día.

Violencia escolar ¿nuestro enemigo oculto?

Apr. 28 , 2011

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Se dieron a conocer los resultados del denominado “Censo de Bullying” entregando aparejado una serie de tesis interpretativas que han llamado mucho la atención por su radicalidad.

A lo menos son 4 los elementos destacados por el Ministro de Educación que llaman a la reflexión. Primero, que los colegios confesionales son menos violentos que los laicos. Segundo, que los colegios del norte del país son más violentos que los del sur por la droga. Tercero, que a menor SIMCE mayor violencia. Y cuarto, finalmente, que las escuelas públicas son más violentas que las escuelas privadas.

Uf!

Tanta interpretación no se había escuchado hace tiempo. ¿Conclusión? La escuela pública, laica, universal a la chilensis es decir, que atiende a los más pobres, la escuela de mala calidad en todos los resultados según nos venían diciendo los pregoneros del SIMCE, ahora es también la más violenta. Esto no se había concluido así de brutalmente nunca y produce una tristeza, mezclada con indignación, enorme.

Apuesto que la escuela pública es también la que tiene menos espacios verdes. La que tiene la mayor cantidad de obesos y sedentarios. En la que se practica en menor cantidad natación. La que tiene menos libros, menos computadores, donde los padres están más ausentes.

También debe ser la más pauperizada laboralmente, la peor administrada, la con mayores índices de stress laboral, la con mayor presencia de embarazo adolescente.

En fin, la peor con los peores, pero puesta a competir en ligas que jamás podrá ganar, si consideramos, en efecto, que se debe competir en esas ligas.

¿Más cámaras, más inspectores, más seguimiento individual? Si seguimos las interpretaciones que se están dando, la clave sería “instalar” más curas, mojas y pastores en las escuelas. Más padrenuestros y avemarías.

¡Por Dios!

Las investigaciones científicas en todo el mundo (también en Chile) nos muestran que la violencia escolar se explica más por factores socio-comunitarios que por factores individuales (el estudiante con conductas agresivas, el profesor con conductas mediocres o sin autoridad, el director con comportamientos negligentes). A esos factores socio-comunitarios se les llama genéricamente “clima escolar” y está asociado con el sentimiento de orgullo que tienen los estudiantes por su colegio, con el sentimiento de justicia y equidad que perciben, con el sentimiento de sentirse verdaderamente objetos de atención en su formación humana más que en su instrucción de materias y contenidos, de sentirse competentes satisfaciendo desafíos escolares interesantes y motivantes.

En efecto, hace un par de semanas se dieron a conocer dos antecedentes que deben llamarnos a la reflexión. ¿Por qué Chile ha subido sus puntajes en PISA? Los antecedentes los dio Ernesto Treviño y su equipo de la UDP. Los profesores que dan un trato justo tienen más cantidad de alumnos que les va bien que los que no son justos. La justicia percibida es la que comparativamente tiene más diferencia en la cantidad de alumnos que les va bien (80,1%) respecto a los que le va mal (58,1%). Una diferencia de 22 puntos(!). Los buenos puntajes PISA están asociados a la práctica que el profesor procura cotidianamente con un buen clima escolar.

Y el otro, es el verdadero enemigo oculto de nuestro sistema escolar: somos TOP 1 en ser el país con el sistema escolar más segregado y segregante del planeta OCDE.

Uf!

¿Tenemos las escuelas más violentas del mundo?

Apr. 25 , 2011

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Parece que por los resultados de la última encuesta nacional de violencia escolar, mal llamado "censo de bullying", sí.

Pero la verdad es que la violencia escolar es un fenómeno mucho más delicado y difícil de comprender que por los simples resultados de este censo. Hay varias razones.

En primer lugar se trata de un fenómeno que si no es visto en toda su complejidad, podemos caer rápidamente en simplificaciones atroces que sólo demonizarán -al agresor, al profesor, al director- y que poco o nada aportan a la comprensión. Por ejemplo, el bullying es una, sólo una, de las muchas formas y figuras que podemos encontrar en el fenómeno global de la violencia escolar. ¿Pero qué sucede? hemos rápidamente usado la palabra como sinónimo de violencia escolar atrofiando a priori nuestra posibilidad de comprensión. El bullying está al lado de los insultos, las burlas, las agresiones físicas, etc. Es la peor de todas las formas de violencia escolar, pues tiene una correlación directa con el suicidio infantil y adolescente. Es la más difícil de medir pues por definición está oculta a la mirada vigilante de los adultos padres y profesores. Pero no la podemos confundir con un problema más global y radical. Hacerlo nos trae sólo malas conclusiones.

En segundo lugar, es un fenómeno delicado, pues errores metodológicos pueden rápidamente transformarse en estigmatizaciones odiosas que en nada contribuyen; todo lo contrario, pueden ser también formas violentas (simbólicas) para refrerirnos a las escuelas más pobres, más vulnerables y finalmente públicas. En efecto, se han publicado los rankings de los colegios más y menos violentos, lo que es un despropósito y una mácula más a colegios que ni siquiera sabemos en qué contextos funcionan o cómo la comunidad educativa trabaja en ellos. Simplemente decimos resultados de encuestas y luego teorizamos o especulamos casi en el aire. Por ejemplo, se ha dicho que las escuelas del norte del país son más violentas que las del sur por ¡el influjo de la droga! sin tener ningún antecedente metodológicamente relevante para decirlo.

Por último la violencia escolar es un fenómeno delicado pues nos puede hacer perder la brújula y el balance equilibrado de nuestro sistema escolar. Chile tiene, si miramos globalmente nuestra escuela, un sistema tremendamente violento por la injusticia social que promueve. Es una escuela segregadora ¡desde la cuna!  Y por los resultados OCDE sabemos que es la más segregadora del mundo. Top 1.

¿Qué sociedad estamos construyendo? ¿Qué democracia? ¿Lo estamos haciendo bien desde la escuela?

Lamentablemente las medidas que se han tomado son completamente insuficientes y si no comprendemos bien el fenómeno, como es evidente, seguiremos dando palos de ciego.

¿Tenemos las escuelas más violentas del mundo?

Brasil: Otra masacre escolar

Apr. 09 , 2011

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Cada vez que nos encontramos frente a una “masacre escolar” (término
utilizado en el estudio de la violencia escolar para referirse a hechos
como los ocurridos recientemente en Brasil) existe la posibilidad de
caer en lo que denomina “visión epidémica”. El argumento es de Éric
Debarbieux, experto francés en violencia escolar, argumento muy
convincente que debe llevarnos a una reflexión más profunda sobre el
fenómeno tanto de la “masacre” como de la violencia escolar...

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La Neurotización del Simce

Apr. 07 , 2011

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Hay también
razones para no estar contentos con el SIMCE. Es decir, con un sistema
que se viene transformando, de un tiempo a esta parte, en una especie de
“tótem metafísico” para casi la mayoría de las escuelas del país. El
SIMCE es sagrado. Todo gira en torno a él. Eje gravitacional de lo que
la escuela hace y deja de hacer ¿Cómo administrar el tiempo escolar?
¿Qué actividades favorecer? ¿Cuál es la mejor estrategia de aprendizaje?
¿Qué contenidos resaltar del curriculum y cuáles no?...

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