Juan Andrés Piña

Entrada Liberada

 

Meditaciones sobre la condición humana

Oct. 22 , 2011

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Publicado en La Tercera 22 de octubre, 2011.

Como una forma de celebrar el cincuentenario de su fundación, la Compañía de los Cuatro retorna con un espectáculo que también quiere ser homenaje a dos dramaturgos italianos contemporáneos, Darío Fo y Luigi Pirandello. De agitada existencia, este grupo teatral chileno nació en el contexto de los Teatros de Bolsillo, a finales de los años 50, cuya singularidad era una combinación de salas pequeñas, elencos reducidos y temporadas breves. Los constituían esencialmente personas provenientes de la universidad y que intentaron encontrar una síntesis entre la formación académica, la modernización escénica, la elevación ética y estética de los repertorios exhibiendo a autores extranjeros contemporáneos, con las condiciones del medio comercial y las posibilidades de conseguir apoyo financiero de entidades públicas y privadas. En esta línea, la Compañía de los Cuatro fue emblemática desde su primer gran éxito, Recordando con ira, hasta su exilio en Caracas después de 1973. Una síntesis de su trayectoria se presenta al final de esta puesta en escena, con fotografías y videos.

La estación de la vida reúne dos textos breves de los nobeles italianos, y cuyo espacio escénico común es un apartado terminal ferroviario. El de Fo se titula La guardavía, una especie de juguete cómico y satírico, donde una sacrificada mujer, trabajadora de ferrocarriles, defiende el abuso al que es sometida ella y su familia, convenciéndose de que siempre hay alguien que está peor. Su absurda sumisión a la estresante realidad laboral y existencial cumple con lo que Fo siempre postuló para su dramaturgia: no ser algo sagrado ni solemne, sino una empresa entretenida, divertida y rebelde.

La obra de Pirandello se titula El hombre de la flor en la boca y es una mirada reflexiva y hasta ontológica respecto de un individuo extravagante. Su conversación, que gira progresivamente en torno a las situaciones cotidianas y a los detalles de la vida doméstica, revela a alguien que ha comprendido la indesmentible presencia de la muerte, que puede llegar de manera imprevista. Ambos textos están unidos por el común hilo de la meditación escénica en torno a la condición humana, y cuya efectividad radica en la simpleza de su realismo. Como interesante añadido, este montaje cumple una tarea poco común entre nosotros: la colaboración entre dos generaciones.



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