Casa de Muñecas: Una crispada vida familiar
Nov. 19 , 2011
Publicado en La Tercera 19 de noviembre, 2011.
Las innumerables versiones de Casa de muñecas desde su estreno en 1879 sólo deben ser comparables a la cantidad de polémicas, apologías y rechazos que se han producido en torno a ella a lo largo de más de un siglo. Obra clave dentro del realismo sicológico en la historia del teatro universal, su propuesta social incluso hoy nos parece arriesgada, tanto tiempo después: el abandono del hogar de Nora, hastiada de su nula participación en el ámbito de las decisiones familiares y de la injusta legalidad que oprime sus ansias de realización personal.
Este montaje de La Memoria tiene algún parentesco con el que presentó en Santiago el director argentino Daniel Veronese en 2010, bajo el título de El desarrollo de la civilización venidera: revelar la agresión verbal y física y la gradual violencia autoritaria que rige los vínculos de la pareja protagónica. En ambos casos, la intención es exhibir la brutalidad del universo opresivo, más allá incluso de lo que podemos leer en el original, y extraer de él toda su carga contemporánea. En esta puesta en escena se enfatiza que también existe una sexualidad destemplada, tanto en el abuso que el marido ejerce sobre su esposa como en el íntimo anhelo físico que ella no puede satisfacer. Se trata de una mirada áspera y a veces feroz de la pulsión carnal, que se aleja de la tradicional interpretación más apacible de los montajes convencionales, una especie de extraño hiperrealismo. Aquí dominan la crispación, la rabia oculta, la pasión desbordada y la fragmentación de las conductas, con lo cual se exterioriza de manera significativa el auténtico submundo que preside este hogar aparentemente feliz.
Usando mínimamente los recursos escenográficos, lumínicos y sonoros, esta versión se basa esencialmente en el notable desempeño actoral. Como lo ha desarrollado en los últimos años el grupo y su director, la expresividad corporal alcanza aquí el punto de la exasperación para encarnar la dolorosa y oscura intimidad de sus personajes. De esta forma se reinterpreta el relato central, otorgándole una dimensión física que potencia el concepto originario de Casa de muñecas. Se profundiza así un trabajo donde la elocuencia del cuerpo es explorada hasta el límite de sus posibilidades y cuya vigencia escénica no parece haberse apagado. Aunque algunos de sus elementos pueden resultar discutibles en esta propuesta, su solidez y coherencia la convierten en una lectura legítima, perturbadora y a ratos fascinante, una perspectiva escénica que devuelve al espectador de hoy la mejor dramaturgia del ayer.





Espero no sea así, pués ayer fui a ver ambos trabajos, de excelencia inusual, y no logro entender a las lineas editoriales de este país que deciden que recomendar ver y que no.
Posted by Julio acevedo on December 10, 2011 at 06:48 PM CLST #