Juan Andrés Piña

Entrada Liberada

 

Bolaño y la violencia soterrada. A propósito de Llamadas telefónicas

Dec. 04 , 2008

2 Comments

Al menos una constante atraviesa la narrativa del escritor chileno Roberto Bolaño (Santiago, 1953): la apretada relación entre la literatura y el horror, como si acercarse a la experiencia de la escritura  —lector o autor— conllevara necesariamente una cercanía con ciertas alarmantes formas de perversión. En uno de los cuentos de Llamadas telefónicas, se habla de una tal Anne Moore, quien “cuando tenía diez años vio por primera vez el rostro de carbón, el rostro manchado de tierra (así lo define ella, indistintamente) de la realidad”, una frase que da ciertas claves para acercarse a estos relatos.

Esa cercanía con la parte oscura del universo lo que Bolaño desarrolla de las más variadas maneras a través de sus libros, acumulando una historia sobre otra y otorgando distintos ángulos de mirada para su perturbador punto de vista. En el cuento “Enrique Martín” se esboza esta idea: “Son pocas las cosas que un hombre puede soportar. Soportar de verdad. Un poeta, en cambio, lo puede soportar todo. Con esa convicción crecimos. El primer enunciado es cierto, pero conduce a la ruina, a la locura, a la muerte”.

En otro cuento del mismo volumen (“Williams Burns”), el protagonista refiere de la siguiente manera un suceso donde intervinieron dos aparentemente apacibles y maduras señoras: “Yo he visto horrores, maldades que harían retroceder a tipos duros, pero aquella noche, al escucharlas, el corazón se me encogió hasta casi desaparecer... Tuve un presentimiento y me acerqué sigilosamente a una de las ventanas de la sala, una ventana pequeña y absurda como ojo de buey...”. El trozo puede ser revelador de la estética que domina esas páginas: igual que el personaje que aquí atisba por una estrecha mirilla, la narrativa de Bolaño es también el vislumbre de un mundo presidido por el pavor.

La novela que más rotundamente desarrolla este itinerario es Estrella distante (Anagrama, 1996), donde se cuenta la historia de Carlos Wieder, aviador de la Fuerza Aérea que en Concepción, después de septiembre de 1973, sobrevuela los cielos sureños dibujando sobre ellos pequeños y enigmáticos poemas. Antiguo miembro de talleres literarios y cuya cercanía con la poesía era reconocida por  militantes de izquierda que después cayeron presos, Wieder realiza otra “acción de arte” paralela a su escritura volátil: asesina a dos jóvenes hermanas que se retiraron a vivir a la ciudad de Nacimiento y cuyo fervor por la poesía también era famoso en el ambiente universitario. Después fotografía el descuartizamiento y hace una pequeña “exposición” en un departamento en Santiago, desde donde debe huir a Europa.

Admirador del nazismo y propugnador de una nueva concepción literaria que transforme el mundo, Wieder es un personaje que ya había aparecido en un libro anterior de Bolaño,  La literatura nazi en América (Seix Barral, 1996) y que en Estrella distante se desarrolla en plenitud. Sólo el título de La literatura nazi en América da pistas respecto de las pretenciones del autor: una colisión entre la palabra que denomina a la escritura y esa otra vinculada al Holocausto y la guerra.

Es un texto singular: remedando el tono de los manuales o diccionarios, se componen las biografías  —ficcionales, por cierto— de aquellos poetas o prosistas latinoamericanos que tuvieron una relación con la ideología del Tercer Reich y que en sus respectivos países llevaron adelante campañas para difundirla o imponerla. Se trata de relatos desde y sobre la literatura: su tejido está compuesto de citas, autores, trozos de obras conocidas o no, pasiones por libros o revistas, un complejo   —fascinante a ratos, incluso humorístico—tramado que desecha la idea de la literatura como una afición sublime o ideal, sino que la conecta con un elemento contrario y la  contamina con las experiencias de terror y de exterminio. Aquí, la literatura está ligada a pasillos secretos y a pensamientos totalitarios que aspiran a un nuevo orden del mundo.

Por ejemplo, respecto de uno de los “autores” incluidos se dice que “Pronto comprendió que sólo existían dos maneras de acceder a él [el brillante mundo social]: mediante la violencia abierta, que no venía al caso, pues era un hombre apacible y nervioso al que repugnaba hasta la vista de sangre, o mediante la literatura, que es una forma de violencia soterrada...”.

Sin llegar a esos extremos, Llamadas telefónicas reúne una docena de relatos breves donde lo que predominan son las historias de personajes que también han alcanzado algún grado de extravío o que se han acercado a ese lado oscuro que han mostrado sus libros anteriores. Y también aquí la literatura constituye uno de los factores imprescindibles en la construcción del mundo narrativo. En “Sensini”, dos escritores marginales radicados en España se conocen por la vía epistolar y uno anima al otro para que obtenga sus recursos de los múltiples concursos literarios de los ayuntamientos de provincia. A pesar de sus esfuerzos, los dos protagonistas nunca pueden encontrarse frente a frente. En “Enrique Martín” un escritor de poemas mediocres cree comunicarse con entes extraterrestres a los cuales quiere alcanzar, finalmente, suicidándose, y en “Henri Simón Leprince” a un fracasado autor francés le es ofrecida la posibilidad de colaborar con la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial, oficio que le hace comprender la auténtica  y repugnante condición de los grandes escritores que batallaron contra Alemania.

Fabulador, incesante contador de historias donde lo que predomina son las peripecias de sus personajes, Llamadas telefónicas confirma el imprescindible y singular lugar que Roberto Bolaño ocupa en la narrativa chilena actual, a través de una literatura diversa que termina señalándose a sí misma.



Comments:

Habría que explicitar, discutir, analizar la condición de "chileno" de Bolaño. El mismo incluso en alguna declaración a periodistas "desmintió" su condición y en España no lo identifican con Chile.

Posted by Rojas on December 05, 2008 at 10:55 AM CLST #

Puede ser lo de "chileno", aparte que vivió muchos años en México. Sin embargo, en sus libros de alguna u otra forma menciona a Chile, como una especie de unión que no podía ignorar. Recordemos el alter ego de Bolaño, Arturo Belano, un chileno que se fue a vivir a méxico y luego estuvo dando botes alrededor del mundo, al igual que Ulises Lima.

El mejor narrador latinoamericano de los últimos tiempos, es mejor que decirle chileno.

Posted by Mauricio Montecinos on December 05, 2008 at 12:26 PM CLST #

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