Hambre en el mundo y Derechos Humanos
Sep. 21 , 2009
Gran parte de la comunidad internacional resalta con orgullo los avances tecnológicos de la modernidad, señalando además las bondades del sistema de libre mercado.
Sin embargo, existe un gran número de personas que en todo el mundo son marginadas por este sistema, y que sobreviven a duras penas o mueren como resultado de éste.
El Programa Mundial de Alimentos de la ONU ha anunciado recientemente que el número de personas que pasan hambre alcanzó a los 1.020 millones. De éstas, el 65% viven en países como India, China, Indonesia, Pakistan, Etiopía, etc.
En el caso de nuestro continente, las naciones más afectadas son Guatemala, Nicaragua, Haití y Bolivia, con un 20 y 30% de su población que pasa hambre.
Sin lugar a dudas, la crisis económica mundial y el encarecimiento de los alimentos son dos factores determinantes en esta situación, que debe llenar de vergüenza a los denominados países “civilizados”.
Se suma a lo anterior que el PMA tiene un grave déficit presupuestario, ya que sólo ha recibido el presente año US$ 2.600 millones de un total de US$ 6.700 millones necesarios para poder cumplir su misión. De no solucionarse este panorama, deberá restringirse la entrega de alimentos a más de 108 millones de personas, agravándose aún más la hambruna; lo cual se podría solucionar con la voluntad de los países más ricos y desarrollados, inyectando los dineros faltantes.
El hambre de más de 1. 000 millones de hombres, mujeres y niños no sólo es una afrenta para la conciencia de la humanidad, sino también, una violación a los Derechos Humanos.
En efecto, la comunidad internacional ha firmado diversos pactos y tratados que instituyen los Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Derechos que establecen, entre otras cosas, la necesidad de garantizar el bienestar económico, una real y progresiva justicia social a todas las personas. La propia Declaración Universal de los Derechos Humanos establece que toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, a él y a su familia, la salud, y en especial la alimentación.
La cruda cifra entregada por el Programa Mundial de Alimentos nos demuestra que en pleno siglo XXI para una parte importante de la población estos derechos son meras palabras. Que algo anda muy mal. Que el sistema de libre mercado no es tan bueno como algunos quieren hacernos creer.
La suerte de estos millones de seres humanos no puede sernos indiferente.
Mucho se ha hablado y escrito en los últimos meses sobre las muertes que ha causado y puede causar la gripe H1N1.
Pero poco se habla de que el hambre es la principal causa de muerte en el mundo. De que cada 5 segundos un niño de menos de 10 años muere de hambre. Que cada 4 minutos un ser humano queda ciego por una alimentación inadecuada e insuficiente.
Debemos tomar conciencia de que el hambre mundial no es el resultado de la flojera o el destino, sino de un sistema económico injusto, donde la codicia y el individualismo priman. Ejemplo de esta situación es justamente la crisis mundial que hoy nos afecta, producto de la especulación de los grandes bancos.
Por tanto, es posible revertir esta situación y avanzar hacia la construcción de sociedades más justas, más humanas, donde todos los seres humanos puedan vivir con dignidad. Sociedad donde los Estados – sin caer en un estatismo trasnochado – cumplan el rol de asegurar a toda la población los derechos a la vida, a la salud y a la alimentación, entre otros.
No es una tarea fácil, pero debe ser un compromiso ineludible para todos quienes señalamos sustentar valores y principios humanistas.





En lugar de trabajar para que el gobierno (o el mundo) subsidie la comida, deberíamos trabajar para que la comida (vegetales al menos) fuera SIN COSTO.
Dudo que el estado sea capaz de cumplir su rol de garante de los derechos. Lo que sí puede, es no interponerse en el camino de la gente que SÍ puede, aunque ello implique romper las leyes de "propiedad intelectual".
Posted by Vlad on September 21, 2009 at 02:15 PM CLT #